Lo que veo mientras duermo (Ediciones Amaniel, 2026), primera novela de Roberto Pepió Martínez, sitúa su propuesta en un territorio exigente: el del thriller psicológico con pretensiones literarias, un género que exige al mismo tiempo rigor de trama y densidad de sentido. Pepió logra ese equilibrio mediante una apuesta que interroga la naturaleza misma de la percepción fiable bajo presión institucional.

I. La premisa: percepción y responsabilidad

La novela abre con dos escenas simultáneas: Beatriz, estudiante de medicina, estudiando para un examen a las 21:23; y Álex Marrero, en estado de parálisis del sueño, viviendo un crimen. Que ambas escenas sean reales —aunque en planos distintos de la realidad— es la apuesta central del libro. Pepió no esconde esta dualidad sino que la convierte en pregunta sostenida: ¿dónde termina la alucinación y comienza la evidencia?

II. El género como instrumento crítico

La novela rechaza la separación entre thriller y literatura seria. En lugar de ofrecer el crimen como puro mecanismo de suspensión narrativa, Pepió lo utiliza como lente para examinar cómo el aparato institucional —en este caso la policía— puede volverse cómplice de lo que investiga. El thriller deviene vehículo para el análisis de poder: quién sabe qué, quién puede actuar sobre ese conocimiento, quién elige no actuar.

III. Estructura narrativa y temporalidad

La organización del tiempo narrativo es uno de los logros técnicos más evidentes del libro. Las escenas paralelas no se sincronizan por accidente sino que convergen en la hora de las 3:02 de la madrugada, cuando Álex Marrero, empapado en sudor, formula la pregunta que estructura toda la novela: «¿Y si no estoy soñando? ¿Y si lo que veo está pasando de verdad?». Ese momento funciona como eje gravitacional al que retorna la trama desde distintos ángulos.

IV. El narrador y la percepción no fiable

Pepió explota la parálisis del sueño no como recurso fantástico sino como problema epistemológico. La incapacidad de Álex para distinguir percepción real de alucinación traslada al lector la misma incertidumbre: no hay instancia externa que garantice qué es verdad. El narrador no miente; simplemente no puede saber. Esta distinción es decisiva y separa la novela de los thrillers que juegan a engañar al lector con información ocultada.

V. Ambigüedad ética como centro

La pregunta que Álex se formula a las 3:02 es también la pregunta ética central de la novela: ¿qué responsabilidad tiene quien cree saber algo pero no puede probarlo? Pepió no resuelve la pregunta. Es la decisión más valiente del libro. El lector llega al final sin certidumbre plenamente ganada, lo que resulta más auténtico que cualquier revelación tranquilizadora. En sistemas donde el poder está distribuido y la corrupción es sistémica, no hay perspectiva desde la que toda claridad sea posible.

VI. Los personajes y las relaciones de poder

La presencia de Rolán, inspector mayor que «ya lo ha visto casi todo» y cuya complicidad nunca es plenamente demostrada, encarna la dimensión política de la novela. Pol Casals, inspector joven en su primer caso de envergadura, llega a la escena con la placa que «pesa menos de lo que esperaba». La asimetría entre ambos no es solo de experiencia: es una asimetría de saber, de silencio deliberado, de quietud que el lector aprende a leer como algo más que resignación. «Rolán sostuvo la mirada sin parpadear. No había compasión en su expresión. Tampoco sorpresa. Solo una quietud absoluta.»

VII. La prosa

La prosa de Pepió es precisa sin ser fría. «La noche no llega de golpe. Se instala. El ruido baja y la casa empieza a sonar distinta. El aire pesa.» Cuatro frases breves que construyen una atmósfera completa. Los diálogos no explican sino que insinúan; las tensiones entre personajes se revelan en lo no dicho tanto como en lo dicho. La escritura evita tanto el efectismo como la opacidad deliberada.

VIII. Contexto en la tradición española

En la tradición española del thriller psicológico y la novela negra, Lo que veo mientras duermo establece voz propia. Pepió no es imitador de referencias foráneas sino escritor que ha asimilado la tradición del género en lengua española e inglesa y produce desde esa síntesis una propuesta contemporánea. La novela ocupa un espacio específico en el catálogo actual: no es thriller comercial ni prosa experimental autorreferencial. Es thriller de pretensiones literarias que respeta ambos términos del guion.

IX. Valoración

Algunos pasajes muestran la tensión propia de una primera novela: hay momentos donde Pepió necesita comunicar información compleja sobre dinámicas policiales previas y algunas de esas explicaciones interrumpen ligeramente el ritmo que el resto del libro mantiene con tanta eficacia. Son detalles menores en el contexto de una obra de ambición clara. Para lectores que buscan thriller psicológico con densidad literaria, sin renuncia a la intriga de trama, la propuesta es rigurosa y bien construida.


Crítica realizada por Ana María Olivares