La muchacha de papel couché
La muchacha desnuda sobre un fondo azul de mar,
cuelga clavada en noviembre, en la sucia pared del taller
ajena a motores, pastillas de frenos y viejos recambios.Sus ojos se pierden más allá de un azul cercano
cubierta de huellas de dedos grasientos,
pinturas encáusticas sobre papel couché
marcando el eco de un perdido pasado.Un sexo sesgado que quiere ser invisible,
unos tímidos senos exhibiendo la plenitud de sus formas.
En su desnudez ella es la esencia del ser,
despojada de artificios, de las prendas del mundo.
El azul del mar la envuelve en promesas
sellando sus labios secretos palabras que jamás dirán.La sucia pared se convierte en refugio,
en espejo gastado y ajeno de pasiones ocultas
amores baldíos, sueños marchitos
y ansias perdidas en este noviembre
arrastrando las hojas de cualquier calendario.
El arte es crudo. Un grito enmudece,
una sutil rebelión bajo el peso del olvido
frente a esa muchacha y el azul distante
de un mar lejano y ajeno
reposando en su condena silenciosa.En las paredes el aire es espeso
flotando historias en cada rincón.
La muchacha permanece
eternamente cautiva
perdiendo el brillo de su piel satinada.
Las miradas que siempre la observan
revelan el color de un alma desnuda.Testimonio efímero
en un rincón olvidado
donde el tiempo se detiene.
Continúan las vidas con sus contrastes,
claroscuros, luces y penumbras
y la muchacha desnuda
eterna sobre su papel couché
permanece como símbolo que perdura.
José Castellà Blanch
De El brillo de los cristales rotos
Editorial Poesía eres tú, 2026
José Castellà Blanch (Tortosa, 1947) publicó su primer poemario en 2019, tras la jubilación que le devolvió el tiempo necesario para la escritura. El brillo de los cristales rotos (Editorial Poesía eres tú, 2026) es su quinto libro: una exploración de la memoria como proceso de pérdida, el deseo que sobrevive al cuerpo y la infancia que el tiempo se llevó. Este poema pertenece a la sección “El cuerpo y el deseo” y es uno de los más representativos de la voz del autor: visual, cargado de tensión contenida, fiel al territorio mediterráneo donde transcurre su vida. Te invitamos a leer el libro completo.
“La muchacha de papel couché” es un poema sobre la permanencia de las imágenes y la fugacidad de los cuerpos que las miran. La fotografía clavada en la pared sucia de un taller —imagen cotidiana, casi banal— se convierte en el centro de una reflexión sobre el tiempo, el deseo y la mirada. Lo que Castellà Blanch hace aquí es notable: parte de un objeto concreto y humilde (papel couché, motores, pastillas de frenos) para llegar a una abstracción de alto voltaje (“El arte es crudo. Un grito enmudece”). La tensión entre lo prosaico y lo lírico es la marca de fábrica de un poeta que no separa el mundo ordinario de la experiencia estética. La muchacha del papel couché permanece; los cuerpos que la miran, no. En ese contraste está todo el libro.
Crítica realizada por Ana María Olivares