I. Presentación

Sevilla en primavera. Crónicas desde mi salón llega al catálogo de Editorial Poesía eres tú en 2026 como un texto que desafía las clasificaciones genéricas con la misma obstinación con que su autor, Enrique Graciani Constante, desafía la categoría de anciano. El libro arranca con una declaración de principios que resume el tono de todo cuanto sigue: «Soy un hombre mayor, muy mayor que se niega a ser un anciano». Lo que Graciani Constante propone en estas páginas es la escritura como juego, la imaginación como aliada existencial y Sevilla —sus procesiones, sus ferias, su olor a azahar— como el escenario en que ese juego encuentra su forma más acabada.

II. Género y posición literaria

El libro es difícilmente reductible a un género único. El subtítulo lo presenta como crónicas, y la tradición costumbrista española está presente: el registro de una ciudad en sus momentos más representativos, la atención al detalle local y al gesto colectivo. Pero Graciani Constante trabaja también con el verso libre y el versículo, con estrofas irregulares que alternan con pasajes en prosa, creando un híbrido que recuerda en su energía al cuadro de costumbres decimonónico aunque su tonalidad sea contemporánea y profundamente personal. La voz nunca es la del cronista neutral: es la de un hombre que siente, recuerda y se sitúa físicamente —en el salón, en la butaca— en el centro de su propia observación.

III. Estructura

El volumen se organiza en dos grandes bloques temáticos: La Pasión según Sevilla. Crónicas desde mi sillón, dedicado a la Semana Santa, y La Feria de Sevilla. Crónicas desde mi butaca, que retrata la Feria de Abril. El prólogo y el epílogo encuadran el conjunto y le confieren una arquitectura circular: la obra comienza y termina en el mismo gesto reflexivo, en la conciencia del autor sobre su propia escritura. Dentro de cada bloque, los textos se suceden como piezas independientes que, sin embargo, comparten el mismo mirador: el ojo del hombre que contempla desde el interior mientras la ciudad late en la calle.

IV. La voz lírica

Lo que distingue a Sevilla en primavera de una crónica convencional es el tratamiento de la voz. Graciani Constante escribe en primera persona, pero esa primera persona oscila entre la memoria autobiográfica, la interpelación directa a un interlocutor nombrado («Amigo Pepe, todos los del día / no puedes ver, siempre has elegido / disfrutar los lejanos en tu tiempo») y la voz colectiva que convierte la experiencia sevillana en una experiencia compartida. Esta modulación de la instancia enunciativa dota al texto de una textura afectiva que, aun siendo intensa, no colapsa en el sentimentalismo. El autor sabe cuándo nombrar y cuándo callar.

V. El espacio como protagonista

Sevilla no es en este libro un telón de fondo: es una co-protagonista. La ciudad se construye sensorialmente —el azahar, el incienso, el sonido de los tambores, el rastreo de los pies costaleros— y se convierte en un cuerpo con vida propia que el autor reconoce y nombra con precisión. «Calle El Silencio, primeras horas / viernes madruga. En el suelo, / en los árboles, en aire: azahar. / Puro azahar nocturno que toda / la oscuridad inunda, envuelve» es un ejemplo de cómo Graciani Constante convierte el espacio urbano en experiencia sensorial total. La ciudad no es solo vista: es olida, escuchada, sentida en el pecho como algo propio.

VI. Tiempo y memoria

Una de las tensiones más productivas del libro es la que se establece entre el tiempo presente de la contemplación —el autor en su salón, viendo la televisión, tomando nota— y el tiempo de la memoria que convoca a través de la escritura. El pasado sevillano de Graciani Constante se filtra constantemente: la feria que vio de niño, el padre médico que cenaba «pescaito» en la freiduría de Trajano, la Semana Santa de la infancia cuando los costaleros del puerto cargaban los pasos. Esta doble temporalidad da al libro un espesor que las crónicas puramente descriptivas no tienen: el presente siempre convoca al pasado, y el pasado ilumina y transforma el presente.

VII. Recursos formales

La prosa y el verso se alternan sin anuncio previo, lo que crea un ritmo de lectura peculiar que exige del lector una atención abierta. Los fragmentos en verso libre —especialmente los dedicados a la Semana Santa— tienen una cadencia que recuerda a la poesía oral, al pregón litúrgico, sin que el autor pretenda emular ninguno de esos registros de manera directa. El uso sistemático de las comillas para marcar el habla popular sevillana —«bulla», «madruga», «costaleros», «pescaito»— crea una distancia analítica que simultáneamente es un abrazo afectivo. La anáfora es otro recurso central: «La Bulla, siempre, en todo, presente» se repite como un estribillo que mimetiza el carácter omnipresente e irreductible de esa masa humana que Graciani Constante describe sin ironía ni sentimentalismo.

VIII. Valoración crítica

Sevilla en primavera no es un libro sin imperfecciones. La irregularidad métrica de los fragmentos versificados no es siempre voluntaria, y en algunos momentos la rima fácil aparece como recurso de emergencia más que como elección estética. El propio autor lo reconoce cuando habla de «ripios», y esa autoconciencia es, en sí misma, una virtud: Graciani Constante sabe lo que hace y lo dice. Lo que el libro gana en autenticidad lo compensa sobradamente con lo que podría objetarse en pulimento formal. La mirada que propone —la del hombre mayor que contempla desde su butaca— es una mirada que en la literatura española contemporánea rara vez ocupa el centro narrativo: la vejez activa, curiosa, lúdica, que no resigna su derecho a observar y a escribir sobre lo que observa.

IX. Recomendación

Sevilla en primavera. Crónicas desde mi salón es una obra de madurez en el sentido literal del término: un libro que solo puede escribirse desde la acumulación de experiencias y desde la conciencia de que el tiempo que queda es el tiempo de decir lo esencial. Los lectores que conocen Sevilla encontrarán en estas páginas el reconocimiento placentero de lo familiar; los que no la conocen encontrarán el relato preciso de una ciudad que vive en sus ritos como pocas ciudades del mundo. Para ambos, el libro ofrece algo más difícil de encontrar: la voz de alguien que mira con los ojos muy abiertos y escribe con precisión sobre lo que ve.


Citas del texto

«Soy un hombre mayor, muy mayor que se niega a ser un anciano.» (Prólogo) | «el juego es también esencial en la segunda infancia para que las personas mayores crezcan en edad, mantengan su saber y conserven su gobierno bajo la mirada atenta de sus hijos.» (Prólogo) | «La Ciudad, de olores adornada / y por la primavera perfumada, / enseña todas sus mejores galas» («Sevilla en La Pasión») | «Calle El Silencio, primeras horas / viernes madruga. En el suelo, / en los árboles, en aire: azahar. / Puro azahar nocturno que toda / la oscuridad inunda, envuelve.» («La Madrugada») | «La emoción, suma de los olores, / del etéreo murmullo de la gente, / del rastreo de los pies costaleros» («La Madrugada») | «EL SILENCIO / saliendo en su calle: El Silencio.» («La Madrugada») | «La Bulla, siempre, en todo, presente.» («La Bulla») | «Cada sevillano pone su parte. / Por eso la cuida y la defiende, / le cede contento todo su arte.» («La Feria de Sevilla») | «No sabe lo mismo el pescaito / viendo en la tele el alumbrado.» («La Feria de Sevilla») | «Que estas crónicas desde mi salón / espero sirvan para remover, / en algunos, vivencias ya vividas.» (Epílogo)

Crítica realizada por Ana María Olivares