Hoy vuelves de nuevo:
estruendoso e inevitable.
A quedos pasos de pies desnudos,
convertido en gestos y besos;
en aliento imprescindible,
anhelo de confusa emoción,
y breve ilusión…
instante de llanto y dolor.
Y para no morirte, brindo y bebo.

Hoy vuelves de nuevo:
hermoso y abrazable.
Rescatando versos mudos
que mi trazo libera;
caligrafía de gozo en el retorno
de orquídeas y claveles ilesos,
bombones de licores irreconocibles
con armonía y gallardía.
Y para no morirte, brindo y bebo.

Hoy vuelves de nuevo.
gozoso y amable.
Crecido, erguido…
y me dueles dormido.
Aunque los dos somos sueño,
tú ya no estás despierto.
Y para no morirte, brindo y bebo.

En Caminantes (Poemas del duelo y la memoria), Isabel Martín Grande explora cómo el recuerdo devuelve, una y otra vez, a quien hemos perdido. La autora, psicóloga clínica antes que poeta, hace de la escritura un modo de sostener el vínculo cuando ya no hay cuerpo al que abrazar. «El brindis del retorno» pertenece a la sección final del libro, la de la despedida, y muestra ese regreso intermitente del ausente en la memoria: una visita que es a la vez gozo y herida. Es uno de esos poemas que invitan a entrar en el conjunto y a quedarse, porque condensa el pulso entero de la obra.

El poema se organiza en tres movimientos encabezados por la misma fórmula —«Hoy vuelves de nuevo»— y rematados por un estribillo que crece en sentido a cada repetición: «Y para no morirte, brindo y bebo». El brindis, gesto de celebración, se convierte aquí en ritual privado contra el olvido: beber es recordar, y recordar es impedir la segunda muerte, la del olvido. La progresión de los adjetivos —de «estruendoso e inevitable» a «gozoso y amable»— traza el ablandamiento del duelo, mientras el verso «y me dueles dormido» nombra con exactitud la paradoja del recuerdo feliz que sigue hiriendo. Al cerrar, el poema deja en el lector la certeza de que celebrar a quien se fue es también una forma de seguir queriéndolo.

 

Crítica realizada por Ana María Olivares