Juan Planas: Escribir es ya, de por sí, una actividad solitaria. - juanplanas 300x241 - Juan Planas: Escribir es ya, de por sí, una actividad solitaria.Juan Planas no es un poeta al uso. Al menos, no lo son sus poemas. En ellos hay párrafos que parecen sacados de una obra de teatro, pero que acumulan un sentimiento literario y vital que rara vez se ve en la poesía contemporánea. Sus versos son profundos, meditados, algo barrocos. Su mundo, sin duda, muy personal.

Todos esos ingredientes le han hecho merecedor del Premio de la Asociación de Editores de Poesía 2009. Lo recibió en Madrid, donde estuvimos charlando con él para concertar esta entrevista que ahora publicamos.

Su libro “Tratado de las cosas sin nombre” ha obtenido el Premio de la Asociación de Editores de Poesía 2009. ¿Cómo sienta el reconocimiento de ser el autor de uno de los libros del año en la poesía española?

Cualquier tipo de reconocimiento siempre sienta bien. Y más cuando lo recibes sin haberte presentado a concurso ni conocer, siquiera, su existencia. Sucede, además, que los amigos que uno tiene se alegran con este tipo de cosas y eso siempre resulta reconfortante, más allá del valor que pueda tener, o no, el Premio en sí.

-Leyendo su libro se tiene cierta sensación de insularidad en su poesía. Y me explico: trata su poesía de un mundo muy peculiar, muy propio y en cierto modo muy aislado,…; ¿al escribir usted desde una isla, cree que tiene esto algo que ver? ¿Se produce una relación entre escritor y territorio, el lugar en el que se escribe acaba infiltrándose en el poema?¿O es posible abstraerse tanto que el lugar desde el que se escriba no importe?

Escribir es ya, de por sí, una actividad solitaria. ¿Doblemente solitaria y aislada en mi caso, por vivir en una isla? Pues puede ser, pero no estoy muy seguro de que el aislamiento -o la soledad- admitan demasiados grados diferenciales. Soy bastante escéptico, pues, sobre la influencia del territorio sobre mi obra… Por otra parte, en estos últimos diez años, el territorio en el que más relaciones literarias mantengo es Internet. Quizá la Isla ya sólo sea una metáfora. Una vieja y magnífica metáfora, eso sí.

– Dice en su libro: “No hay otra voz que este rumor de adentro, jugando a la ficción de nombrar el mundo”. Además, le oímos decir en la recepción del premio que uno escribe sólo sobre uno mismo y que él es su propia musa: ¿No hay, pues, poesía sobre el exterior? ¿Hay lugar para una poesía sobre el otro o incluso para la poesía social? ¿O sólo existe la poesía sobre uno mismo?

Bajo la luz de los focos y con una alcachofa en la mano uno es capaz, me temo, de decir bastantes estupideces. O quizá sólo sean imprecisiones. Frases sueltas que buscan un guión irremisiblemente perdido. Pero, sea como fuere, resulta imposible -y, desde luego, suicida- pretender que puedan existir un mundo interior y otro exterior de forma separada o, incluso, contrapuesta dialécticamente. No, ambos son el mismo mundo aunque, a veces, intenten aparentar que no lo son e incluso, en algunas ocasiones, realmente lo consigan. Es un oxímoron, claro.

– Dijo en la presentación que este libro cierra su ciclo, que ha hablado sobre cierto mundo y que ese mundo se ha agotado: ¿Unos meses después, lo sigue percibiendo así? ¿Es “Tratado de las cosas sin nombre” el cierre de un ciclo? Si es así, ¿puede contarnos cómo y por qué comenzó ese ciclo?

Quizá fuera yo el que, esa noche, se sentía realmente agotado. Pasa a veces. Con todo, sí creo que “Tratado de las cosas sin nombre”, pone fin a muchos de mis interrogantes –o a su enunciación formal, al menos- a la vez que me abre otras vías alternativas de búsqueda de conocimiento que ahora deberé explorar. Eso es la poesía. O así la entiendo yo. Lo de los ciclos podemos obviarlo.

– Éste es un libro que muestra la contradicción que hay muchas veces en la poesía: es un libro claramente intimista, pero a la vez, como usted dijo en la recepción del premio, busca el lugar común que pueda haber con los sentimientos del lector: ¿es posible esa comunicación entre el sentimiento del poeta y el del lector o es una quimera que persiguen los poetas, pero que nunca se logra?

La comunicación no es, ni puede ser, un objetivo del poeta, porque es una cualidad propia del lenguaje, algo inherente a ese misterio que se celebra con cada palabra. Siéndote sincero, la verdad es que me asombra muy mucho que mis cosas puedan interesar a alguien. Pero sí, soy testigo mudo de que ese milagro sucede de vez en cuando… y hay que valorarlo como se merece. Mucho.

– El día de la presentación me comentaste que estabas ya un poco aburrido del tipo de escritura que hacías hasta ahora: ¿sabes ya hacia dónde va a ir tu escritura? ¿Entra en sus planes un cambio de formato (novela, ensayo,…)?

¿Seguro que dije eso? No lo recuerdo (risas). Pero no. Me pueden aburrir los actos sociales o, incluso, y sobre todo, el hecho de tener que hablar sobre mi poesía… pero todo lo que escribo tiene su razón de ser y, en ella, también incluyo –porque son inseparables- su forma y su contenido. Puede que mi próximo libro no tenga nada que ver con este y, de hecho, así lo espero. No me gustaría, al final, tener que acabar reconociendo que uno siempre acaba reescribiendo el mismo libro. ¡Me resultaría terrible llegar a esa conclusión! Espero que no ocurra. O lo deseo, al menos.

– También dijiste que el escritor ha de ser el más humilde de los creadores, pero hay mucho ego entre los escritores y parece algo casi necesario, ya que para contar algo hay que tener el orgullo previo de creer que se tiene algo que contar y que es interesante eso que se pretende contar. ¿Es posible compaginar  ambas cosas: el ego para creer que tenemos algo que decir y la humildad necesaria para saber que nunca lo haremos de una manera perfecta?

No lo sé. Soy un poeta que suele contar, en sus poemas, muy pocas cosas. Prefiero sugerirlas y que sea el lector el que las filtre y afile, el que las mutile, las deseche o se las haga suyas y hasta les dé sentido, si quiere. De todas formas, la primera premisa que cualquier escritor debiera de hacer suya es la de estar abocado, necesariamente, al fracaso. Y finalmente, al silencio, claro.

– Finalmente, tenemos la costumbre de preguntar a los autores cuáles han sido sus influencias poéticas. ¿Cuáles son los autores que más han influido en Juan Planas?

Podría aburrirte con un catálogo infinito, pero intentaré ser breve. T. S. Eliot y Juan Ramón, los místicos, con Teresa y Juan a la cabeza, Quevedo, Gracián, Pound, Villon, Milton, Dante, Kafka, Camus, Dostoievski, Rilke o incluso Rimbaud… y también un buen número de filósofos como los presocráticos, Georges Bataille, Nietzsche, Unamuno o Cioran ocupan un lugar destacado en mi vida como lector. Pero hace siglos que apenas sí leo… Supongo que hay un tiempo para la lectura y otro para la escritura, y yo debo estar en ese segundo tiempo. ¡Qué se le va a hacer!



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