Sara Castelar Lorca: “Estoy convencida de que el lenguaje poético es un estado natural en el poeta a la hora de enfrentarse a sí mismo en el texto” - Sara castelar - Sara Castelar Lorca: “Estoy convencida de que el lenguaje poético es un estado natural en el poeta a la hora de enfrentarse a sí mismo en el texto”Sara Castelar Lorca, poeta granadina nacida en Hannover, Alemania, en 1975, reside actualmente en Sevilla. Sus trabajos han sido recogidos en variadas revistas y Antologías de Poesía y Literatura.Su obra ha recibido reconocimientos en diversos certámenes literarios, nacionales e internacionales, destacando entre ellos el X Certamen Internacional de ‘Ciudad de Ronda’, 2009, y el Certamen Poético ‘Pilar Paz Pasamar’, 2009, entre otros. Sara es, además, codirectora de la revista de poesía ‘Espantapája@’, que se distribuye en Chile y en España simultáneamente, y colaboradora de varias revistas poéticas.

Ha publicado el libro  ‘El Pulso’,  con EH Editores en la Colección Hojas de Bohemia y “Verso a tierra” con la Diputación de Málaga, que se presentará en diciembre de este año.

Sara es una apasionada y una estudiosa de la poesía y eso se nota en sus respuestas, profundas y meditadas.

– Su trayectoria parece un perfecto manual de cómo ir avanzando en el mundo poético: primero colaboraciones en revistas, luego antologías y finalmente, un libro ¿Cuesta llegar a una editorial directamente o es que merece la pena foguearse antes en otros batallas como las revistas o las antologías?

Bueno, las colaboraciones tanto en revistas como en antologías van surgiendo sin ser buscadas, en la mayoría de los casos,  esto suele suceder cuando el trabajo llega a tener un pequeño alcance mediático, a través de la red o través de grupos o instituciones y por esa vía suelen llegar las propuestas. Este tipo de cosas suele darse de forma muy distinta al tema de la publicación de libros, que en mi caso personal, me he planteado tan sólo cuando he creído que mi trabajo había alcanzado cierto nivel de satisfacción personal, con lo cual me podía sentir más o menos cómoda publicando, pero supongo que  comenzar con proyectos inferiores a lo que supone la publicación de un libro en solitario es muy positivo, sobre todo porque siempre he pensado que la publicación es un paso que debe meditarse mucho y estar muy convencido de que ese libro ya ha madurado hasta el punto de satisfacernos plenamente y nos sentimos preparados para asumir ese paso más en el proceso de creación.

– ¿Internet para los poetas es un enemigo o una gran ayuda?

Yo creo que Internet es para los poetas lo mismo que para cualquier persona o colectivo, puede ser positivo o negativo dependiendo del uso que hagamos de él. Como vía de comunicación y de aprendizaje es increíblemente positivo, no sólo por el hecho de interactuar con personas afines a nosotros que pueden aportarnos enseñanzas y experiencia, también por los conocimientos a los que nos da acceso y que de otro modo sería muy difícil llegar a ellos. Por esa parte encuentro que es una herramienta de trabajo extremadamente útil, sin hacer de menos el alcance que puede proporcionar a la difusión de ese trabajo, infinitamente mayor que por cualquier otro medio.  Esto no implica que tenga también sus aspectos negativos, uno de ellos podría ser esa devaluación implícita que parece existir de los poetas que se dan a conocer fundamentalmente a través de Internet, pero en todo caso, a estas alturas, es posible que ya estemos superando esas etiquetas.

– Su obra poética está muy cerca de la de autores como Gamoneda o Juan Ramón, muy pegada al símbolo como medio de aproximación al conocimiento. Se trata de una tendencia poética no muy mayoritaria en el panorama poético actual, dominado, en general, por poetas que buscan un lenguaje más coloquial para transmitir sus ideas y sentimientos. ¿Teme a veces que esa poética simbólica le aleje del gran público o uno debe avanzar por su lenguaje independientemente de que le lean muchos o pocos?

Supongo que todos experimentamos un proceso de evolución personal en el que vamos definiendo el lenguaje que más se aproxima a lo que queremos expresar, en el proceso aprendemos de esos autores que nos tocan de forma especial y cuyo lenguaje nos arroja luz , para mí son referentes  Antonio Gamoneda, José Ángel Valente o Juan Ramón, también otros muchos poetas que a mi modo de ver emplean un lenguaje poético elevadísimo y se mueven en estratos muy distintos al lenguaje informativo, que yo asocio más a la prosa. No temo que esta elección me lleve a minorías o mayorías, escribo porque para mí es un proceso vital y para ello necesito moverme en esos parámetros de la imagen, del lenguaje desprendido de los significados asignados, no sabría hacerlo de otra forma. Creo que sólo a partir de una apertura del significado implícito de las palabras podemos acercarnos a ese lenguaje ideal, por llamarlo de alguna forma, el que yo ineludiblemente asocio a la expresión poética, y es a través de esos símbolos que me siento cerca de ese territorio de lo no visible, lo que llamaría Juan Ramón “lo absoluto”. Estoy convencida de que el lenguaje poético es un estado natural en el poeta a la hora de enfrentarse a sí mismo en el texto, de ponerse frente a sus propias emociones, y digo emociones, porque yo entiendo que el elemento informativo en el poema no es tan importante como la percepción, por tanto, la forma en que se dice, la visión crítica o reflexiva acerca del tema que desarrolla el poema  y el placer que ello nos arroja,  prevalece frente a la información,  abriendo el significado de una forma tan completa que puede haber uno por cada lector, digamos que se produce una comunicación implícita en un código casi puramente emocional y estético, y eso me resulta fascinante. Es que no entiendo que pudiese yo discurrir en el poema de otra forma, por lo tanto, lo único que realmente me produciría un temor sería que la poesía no suceda, que me abandone, precisamente ese lenguaje.

–          ¿Es “siniestra la religión del lenguaje”? ¿Qué sacrificios requiere esa religión al poeta?

Creo que todos somos en cierta medida esclavos de nuestras emociones, incluso de las circunstancias que nos llevan a ellas, por ello buscamos ese refugio en lo que creemos superior, o cercano a lo ideal, sin principios ni fines;  en el caso del que escribe poesía, el lenguaje es ese elemento necesario para sentirse completo, para liberar la emoción y tener una conciencia más plena de sí mismo, en definitiva, darle un sentido a todo lo que pesa. Creo que es algo muy parecido al acto religioso, y eso también me ha llevado siempre a pensar que debe ser por ello que poetas de hondo calado siempre han encontrado en la poesía mística un referente excepcional, un ejemplo sería José Ángel Valente con San Juan de la Cruz ,  Miguel De Molinos o Santa Teresa, y  aunque Valente no se acerca a dogmas religiosos, el discurso comparte la misma esencia y se desarrolla en el contexto de la soledad del individuo frente a aquello en lo que cree, a su sentir más íntimo. La cualidad siniestra se me antoja así por la ambivalencia en que discurren las emociones y por consiguiente el lenguaje, desde lo positivo, que abarcaría todos esos estados que nos dan felicidad, o lo negativo, donde entrarían temas tan recurrentes en poesía como el dolor, la muerte, la soledad o la frustración. No creo que moverse en esos parámetros presente grandes sacrificios  para un poeta, si no que requiere tan sólo el hecho de ser consecuente con eso en lo que cree y por tanto se asume de una forma voluntaria y libre.

– ¿Qué le ha supuesto publicar “El pulso” a nivel personal?  

A nivel personal ha supuesto una satisfacción muy grande y también una experiencia nueva que me ha traído muchos buenos momentos, sobre todo de amistad y compañerismo, algo que considero fundamental en todos los aspectos. En lo que se refiere al trabajo he tenido la sensación de completar algo, como una suerte de consumación del oficio, que quizás, lejos de aportarme seguridad, más bien me ha llevado a ver que el camino es muy largo aún y que esto no es más que un comienzo desde el que hay que seguir buscando y avanzando. También fue estupendo ver cómo la editorial creyó en mí desde el principio y me animó a que el libro fuera una realidad, supongo que en definitiva, este libro es la consecución de una meta, aunque me  asuste la responsabilidad con el lector que ello implica.

 

– He leído en una entrevista que considera que con ese libro cierra una etapa: ¿Hacia dónde se dirige ahora su poesía? ¿Con qué está experimentando?

Sí, cierra una etapa por varias razones, la primera es porque, como expliqué antes, sentí que la edición del libro me llevaba a una meta que nunca antes había alcanzado, como un paso más en el camino, y por otra parte también cierra esa primera fase de aprendizaje primario de la técnica, tanto en el plano métrico, como en el de la estética y los recursos, que para mí es fundamental para conocer el oficio y sobre todo para respetarlo, con independencia de que después experimentemos en otros parámetros. En ese sentido pienso que aún me queda muchísimo por aprender y ejercitar, pero sí sentí que esas primeras nociones ya estaban bastante asumidas dentro de mis limitaciones, por supuesto. Y una tercera razón sería la temática de la serie “El pulso”, que trata de arrojar una visión personalizada del acto creativo, que en mi opinión  no llega a ser una poética, pero sí tantea ese terreno muy de cerca y eso me llevó a tener conciencia de muchas cosas acerca de la poesía que hasta entonces yo entendía de forma distinta.

No sé si podría llamar experimentación a lo que hago actualmente, pero ahora me siento muy libre escribiendo y siento casi un dejarse llevar en el texto, pero si tuviese que diferenciar algo en estos momentos con respecto a mis textos anteriores, creo que sería la síntesis, el verso ahora se me hace más escueto, más breve  y además continúo persiguiendo los silencios, algo que admiré siempre y que a mi entender yo no he logrado en El Pulso, donde encuentro que el ritmo devora muchas veces esos espacios y los somete a lo sonoro. Pero soy consciente de la  dificultad que esto implica y también de que posiblemente nunca lo logre. Y como siempre sigo indagando en el técnica, en los recursos, en el lenguaje poético que nunca dejará de parecerme un reto, una meta.

Realmente no sé a dónde se dirige mi poesía, supongo que a donde ella quiere, como diría José Hierro, pero sea o no el lugar correcto yo espero sentirme siempre igual de feliz esperando que suceda cuando la busco o la necesito de forma vital.

– Conocemos historias de autores consagrados que tienen dificultades para publicar si no es mediante premios de editoriales o ayudas públicas, aun así, no dejan de aparecer poetas nuevos dispuestos a probar suerte en este mundo. Como poeta joven, ¿Aún se aspira a vivir de ello o la actividad poética es ya “sólo” un hobby profesional? ¿Por qué cree que tiene la poesía ese tirón minoritario tan importante?

Es que yo creo que la poesía es también una forma de entender el mundo, una forma incluso de relacionarse y estar en él, por ello los poetas siguen su instinto y surgen porque están destinados a eso. Es cierto que publicar hoy en día es difícil, para autores ya metidos en el mercado, de alguna forma, y también para los que no, pero como decía García Lorca, y estoy absolutamente de acuerdo con él;  la poesía no quiere adeptos, quiere amantes,  y éstos no pueden obviar su tendencia natural a la creación , a arrojar voz, no se trata ya de ser leído o no, a veces resulta pura necesidad, o por lo menos en mi caso, es así.

Yo no creo que la poesía sea minoritaria, creo que la poesía tiene el público que le corresponde, como todas las cosas, nunca he creído en las necesidades creadas ni que haya que adaptar la poesía ni las formas de expresión para crear un mercado mayor,  porque eso a la larga sería una forma de desvirtuar su esencia, en todo caso, creo que la solución a ese fenómeno de la minorías, pasaría, si es que hay que hablar de soluciones,  por una educación de calidad desde la infancia, un acercamiento serio a la poesía desde los centros de estudio, en definitiva una educación que desarrolle la percepción en ámbitos no tan coloquiales ni planos. De hecho este proceso ya lo observamos en la enseñanza de la música con unos resultados muy positivos, y creo que en poesía se podría hacer algo similar, pero esperar un interés mayoritario en la poesía sin una orientación bien llevada desde la infancia lo veo una utopía, porque el lector de poesía tiene ciertos intereses, por norma general, que no se corresponden mucho con la tendencia a lo fácil y rápido que vivimos actualmente en casi todos los ámbitos de la sociedad.

– Una antología en la que participó se llamaba “para qué más poetas”, en línea con la pregunta anterior: ¿Para qué sirven hoy los poetas? ¿Qué puede aportar la poesía al mundo actual?

Bueno, yo creo que esta pregunta es muy válida para desarrollar una poética, para exponer por medio de la poesía planteamientos donde ésta se asume y se entiende como la esencia o la profundidad de todo cuanto nos rodea, pero lejos del poema esta pregunta no me parece necesaria, porque no creo que sea necesario explicar la existencia del oficio, los poetas existen porque la poesía existe, convive con su medio, está viva y presente en cada cosa. No me gusta esa necesidad de justificar en lo “práctico” el oficio del poeta, pero supongo que actualmente todo está dentro de esos parámetros.

El título de esta antología, editada por Eppur Ediciones,  está extraído de unos versos de Hölderlin, muy acertadamente a mi parecer, ya que cualquier respuesta que se requiera parte de la obra de cada uno de los autores, de su creación y de su conexión directa con la palabra y las emociones, que es básicamente lo que Hölderlin dice a través del desarrollo de su obra, de su poesía reflexiva y profunda en torno al hecho poético, y que yo pienso es la mejor forma de acercarse a una respuesta.

No creo que la poesía pueda aportar nada al mundo, la poesía coexiste con el mundo, su naturaleza no pretende ser por medio de los poetas ni del poema, la poesía es, nosotros tan sólo tratamos de alcanzarla a través de las únicas herramientas que tenemos, en este caso, la palabra. Yo me preguntaría qué puede aportar el mundo a la poesía, eso sí sería un debate que me gustaría tener tanto con poetas como con  personas ajenas al mundo de los versos.

 

– ¿Cómo crees que ha de servir el mundo a la poesía desde tu óptica de lo que es la poesía?

 Creo que esto estaría relacionado con lo que comentaba antes del acercamiento a las formas de expresión poética desde la infancia, yo creo que si tuviésemos asumidos otros códigos de comunicación, donde la imaginación y la libertad de los significados estuviesen presentes en lo cotidiano, el mundo estaría aportando cosas de forma constante a la poesía, a través de los poemas o los poetas, y la hondura de los textos poéticos sería un referente para el desenvolvimiento de la persona en su medio y en el mundo. La poesía se transporta en la sociedad, se manifiesta a través de las personas que la escriben, en la mayoría de los casos, por ello una sociedad cercana a las distintas perspectivas del lenguaje, a ese mundo intangible menos obvio, sería muy enriquecedora para la creación poética, porque la comunicación sería mucho más sencilla, más próxima en todos los sentidos.

No creo que los poetas prescindan de su medio, en cualquier tendencia que elijan se nutren de su entorno y se complementan con él, es cierto que la poesía requiere de la soledad pero es una soledad donde se potencia la comunicación a través de la emoción, de la percepción más allá de lo empírico, y ésta no sería posible sin una implicación con el medio, con el mundo que nos rodea; no se prescinde de la información, si no que avanza un paso más en ella, nos remite al plano crítico de esa información, a la emoción que de ella se desprende, en otras palabras, nos plantea a través del lenguaje, que lo cotidiano puede ser un hecho extraordinario, sin dejar de denunciar o exponer, en realidad, hechos u emociones cercanos a todos.

 

– Como editora de una revista de poesía y persona activa en la vida poética española: ¿Cómo ve el panorama actual de la poesía en nuestro país? ¿Cree que las editoriales están haciendo bien su trabajo? ¿Cómo ve la calidad media de la poesía contemporánea?

Yo creo que en la actualidad hay demanda de poesía, o por lo menos hay un acercamiento de muchas personas a los actos poéticos, digamos que existe esa demanda de expresarse a través del texto y de relacionarse con personas que tienen las mismas necesidades, este tipo de poesía más coloquial, más cercana al lenguaje informativo, está consiguiendo muchos seguidores y supongo que las editoriales y las publicaciones también aprovechan el tirón de ese público. Yo creo que si las personas lo demandan está muy bien que se promocione y que se incentive, pero claro, no me parece bien que por ello se relegue a un plano secundario otro tipo de poesía, debería existir un equilibrio por parte de las editoriales y de las publicaciones literarias para que los poetas que trabajan otros lenguajes no queden como poetas residuales y en estos momentos, en el panorama actual no creo que ese equilibrio exista, ni siquiera creo que estemos cerca de tenerlo. Pero estos razonamientos no esconden un mensaje tremendista, hay muchos poetas de calidad actualmente, poetas que posiblemente no vean sus textos en las primeras filas de las librerías, o por lo menos no con tanta frecuencia como otros, pero algún día se producirán cambios en las tendencias actuales, eso es inevitable en todos los ámbitos y estoy convencida de que esa poesía tendrá el lugar que le corresponde y se podrá acceder a su calidad de forma más sencilla, aunque sea el tiempo el que se tenga que encargar de validarlos de algún modo. Pero en todo caso yo creo que hay muchas personas dedicadas al estudio de la poesía y al trabajo del verso,  de estos tiempos también partirán voces esenciales, porque en el trabajo, creo yo, se fundamenta cualquier evolución y la poesía requiere de él igual que cualquier materia, un ejemplo claro de ello serían autores vivos y en activo como son Antonio Gamoneda, Benjamín León, Chantall Maillard, Juan Carlos Mestre, entre otros conocidos y menos conocidos, que son un exponente de  la poesía asentada en un lenguaje poético muy desarrollado y estéticamente extraordinario, ellos son ejemplo de esa poesía de calidad incuestionable que también tenemos la suerte de tener en la actualidad.

 

– ¿Hay una “guerra” abierta entre poetas de la experiencia y sociales por un lado y de la estética por otro o la poesía sigue siendo lugar de encuentro para todos, cada cuál con sus ideas?

 No creo que exista una guerra, de hecho las diferencias, ya desde su denominación, me parecen innecesarias, porque toda poesía es social, el poeta no está desprendido de su tiempo y de su espacio; la diferencia radica en la forma, en cómo se dice y no en lo que se dice, pero la variedad en los registros nunca ha sido negativa y no creo que lo sea ahora, claro que hay un espacio para todos, lo que creo que no existe es un equilibrio en la difusión y promoción de ese trabajo, lo que a la larga podría  llevar a una marginación del lenguaje poético que no beneficiaría a la poesía en ningún sentido, pero son cuestiones más bien de marketing , de mercado, que de poesía en sí.

 

– Finalmente, solemos preguntar a nuestros entrevistados que señalen los principales autores que han influido a la hora de configurar su poesía. ¿Cuáles son los suyos?

Hay muchos autores que han influido en mi forma de entender la poesía, como ya dije  José Ángel Valente es fundamental, y a través de él llegué a otros tan significativos e importantes como  Lezama Lima, Paul Celan o  San Juan de la Cruz, los cuales tengo como lectura de cabecera siempre. Otros más actuales, serían Antonio Gamoneda, Chantall Maillard  y Juan Carlos Mestre, Benjamín León, que como dije anteriormente, construyen una poesía asentada en el lenguaje poético, todos ellos con una voz personal y maravillosa. En realidad son muchos, pero no quisiera olvidar a Cernuda, Ajmátova, Whitman, Darwish, Rilke, Byron, Mistral, Elytis, Pessoa, Aleixandre, Neruda o Lorca, todos ellos han sido importantes y me han abierto las puertas a nuevos ritmos, técnicas y estéticas, muy diferentes entre ellas y por tanto muy enriquecedoras, a todos ellos admiro y respeto profundamente aunque no descarto seguir descubriendo a otros muchos que también dejarán su huella en mí, inevitablemente.


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