ENTREVISTA A ANTONIO DEL BARRIO ESTREMERA

Con motivo de la publicación de Mimbres de Amor

Antonio del Barrio Estremera nació en Segovia en 1956 y llegó a la escritura poética tras la jubilación. Su segundo poemario, Mimbres de Amor (Editorial Poesía eres tú, 2026), propone algo poco habitual en la poesía española actual: diseccionar el amor en veintiséis componentes esenciales y convertir cada uno en un poema. El resultado es una arquitectura afectiva construida sobre la metáfora del mimbre artesanal que le da título al libro.

 

 

  1. En la presentación del libro escribes que lleva décadas guardado en “el cajón de los recuerdos” y que recuperas esa pasión al jubilarte. Pero Mimbres de Amor no parece un libro escrito de golpe: tiene una arquitectura muy deliberada, con veintiséis poemas perfectamente ordenados de menor a mayor complejidad emocional. ¿Cuándo aparece esa estructura? ¿El sistema de los “mimbres” estaba claro desde el principio o fue emergiendo mientras escribías?

 

Primeramente, quiero aclarar que “ese cajón” imaginario que llevaba cuarenta años cerrado, contenía mis ilusiones, mis emociones y mis ansias de escribir sin haber sido materializadas en algo concreto.

 

A partir de ahí, el contenido ficticio que guardé se iba adaptando sin saberlo al paso del tiempo, y con ello implícitamente a las experiencias de la vida, de manera que cuando lo destapo, encuentro la semilla que dejé cuarenta años antes, ya germinada y crecida, con tallos hermosos en algunos casos y ramas rotas por las heridas del camino en otros. Es decir que, sin abrirlo, el contenido de la caja también creció y maduró al ritmo de los vaivenes de la vida, de mi vida.

 

Las experiencias vitales, las propias y las ajenas me han hecho concebir el AMOR como algo complejo y complicado que no depende de una inspiración inicial ni de un golpe emocional del corazón, eso es así al principio cuando te enamoras, pero el paso del tiempo te va dictando su sentencia : o lo cuidas a diario, o ese idealismo sentimental del comienzo, se convierte en rutina y pierde su frescura hasta marchitarse, como ocurre valga el símil, con un rosal en el jardín, puede estar precioso en su primera primavera, pero si no se le riega cada día se secará.

 

Siempre desde la niñez, y como parte de mi formación, me dijeron y escuché muchas veces que “las grandes obras” se hacían con buenos “mimbres” y ello caló en mi vida, hasta el punto de recurrir mentalmente a esa concepción de lo bien hecho. Quizá porque el mimbre es resistente y conjuga muy bien con la elaboración de múltiples enseres derivados de él, de prolongado uso, si se trenzan con maña y oficio.

 

Si por sentido común y por observación de la realidad estamos acostumbrados a ver que para hacer una casa, el arquitecto diseña previamente todos los pasos que debe ejecutar, a través de los planos y una memoria escrita, sin dejarse un detalle, porque de lo contrario acabar la casa sería imposible por olvido o desconocimiento del método, nos damos perfecta cuenta de que el AMOR es lo mismo, un edificio que queremos que dure toda la vida y por ese motivo debemos diseñarlo a priori, con sus

planos y su procedimiento escrito.

A partir de ahí, estaba claro si quería edificar un AMOR duradero, debería inicialmente, diseñar al milímetro sus procesos y elegir los mejores materiales, y opté por elegir los resistentes “mimbres” y la construcción acabada seria “la cesta de mimbre” que yo llamaría AMOR.

 

En cualquier caso, desde la niñez y la propia adolescencia siempre tuve claro que las relaciones humanas, se construían sobre la base del respeto al otro y que había que “perfumar” siempre la interrelación con muchas gotas de sensibilidad, nunca con prepotencia, soberbia o desprecio a tus semejantes.

 

 

  1. El título lo explica todo antes de abrir el libro: el amor es una cesta, y una cesta solo existe cuando todos sus mimbres están trenzados. Es una imagen artesanal, manual, paciente. ¿De dónde viene esa metáfora? ¿Hubo un momento concreto —una conversación, una imagen, una experiencia— en el que supiste que el mimbre era la palabra exacta para lo que querías decir?

 

Como comento en la pregunta anterior, desde la niñez, me enseñaron a entender que “las cosas bien hechas” se elaboraban con buenos “mimbres” y ese ha sido uno de los pilares de mi existencia, hasta utilizar ese concepto del “trabajo” bien trenzado, en cada paso y en cada proyecto de mi vida. Ya a nivel profesional, en mi vida laboral, siempre planificaba previamente todo el trabajo a realizar en un periodo determinado (había que hacer el “Planning”).

 

Por otra parte, la semántica de esa palabra nos dice que el “mimbre” es una varita flexible y resistente, y aporta esas virtudes a aquello que se elabora con él. Como ejemplo los cuencos o las bolsas de mimbre que antaño en cada casa, en cada familia pasaban de mano en mano, de generación en generación sin apenas desmembrarse, cumpliendo su función de una forma magnifica, salvo cuando por falta de cuidado se deterioraban.

 

De forma que cuando yo me planteo escribir mi libro, estaba cantada ya en mi mente cuál sería la metáfora que debía utilizar. Un mimbre solo no hace la cesta, pero muchos mimbres unidos y bien amarrados, si le dan sentido y duración.

 

Un sentimiento por si solo, no formaliza algo duradero como el amor, pero si unimos al sentimiento otros muchos matices y los juntamos de buena forma (bien trenzados) lo más probable es que salga un amor consistente y fuerte, acostumbrado a enderezarse a pesar de los huracanes (al igual que el cesto de mimbre que recogió a lo largo de su vida muchos cosas y fue cuidado con esmero).

 

 

  1. El primer poema, ¿Qué es el amor?, hace algo estructuralmente audaz: enumera los veintiséis componentes del libro antes de que el lector los haya leído. “El respeto, el cariño, / el afecto y la ternura / el deseo, la pasión / la lucha, el sentimiento / la entrega y la comprensión.” Es como mostrar el mapa antes de emprender el viaje. ¿Por qué esa decisión? ¿No temías que el lector sintiese que ya sabía lo que el libro iba a decirle?

 

Cuando yo tomo la decisión de hacer el poemario, tengo muy claro lo que quiero hacer, y mi deseo era estructurar un libro que:

Tratase uno de los problemas más complejos y cotidianos en las relaciones humanas, en todas, el mal de amor, y ese dolor no entiende de estamentos ni de clases ni de intelectualidad ni de poesía popular ni de poesía purista.

 

Además, que fuera útil a quien necesitase curar sus sentimientos o proyectarlos en otra persona, y esa utilidad pasaba (al igual que sucede en un vademécum de medicina) por dejar muy claro desde el inicio, cuales son las partes que sirven de “antídoto” para triunfar en el amor, o sanar sus heridas. No podía obligar al lector a meterse en el “bosque” de los poemas hasta que hallase algo que “aliviara” su alma, su dolor, tenía que hacerle ilusionarse desde el comienzo, diciéndole no te preocupes, lo que te sucede lo contempla este poemario en tal página, de ahí que salvo en determinados casos muy concretos, no tensionara el poema, porque hacerlo supondría de una manera solapada “subir” su angustia.

 

Si hubiera querido darle tensión a cada composición, habría dado otro título al poemario y estaría dirigido a un colectivo que no hubiese sido tocado aún por los daños de Cupido, y por ello no necesitase el libro como “manual del amor”. Hay que tener en cuenta que este libro nace básicamente para “enfermos del amor” y para aquellos “que no quieren enfermar de él”, y a un alma maltrecha, no le puedes complicar la búsqueda de su solución, tienes que darle con claridad el camino del diagnóstico desde el comienzo, para no hacerle sufrir demás.

 

Y, por último, hacer que ese “manual del corazón” fuera asequible a todo el mundo, en el sentido de que el lector no tuviera que hacer grandes esfuerzos mentales para entender lo que estaba escrito en él y así quizá a partir de leer “poesía fácil de comprender” se hagan más aficionados a ella.

 

 

  1. Tu verso trabaja con el octosílabo y la rima asonante de la tradición popular española —el romance, la copla— pero la mayoría de la poesía que se publica hoy en España trabaja en verso libre sin rima. Hay una apuesta muy consciente en tu escritura por una musicalidad que el mercado contemporáneo tiende a evitar. ¿Qué te da esa forma que el verso libre no te daría? ¿Hay algo en el octosílabo que haga que el amor se diga de manera distinta?

 

Tengo que decir, que por mi edad soy de las personas que fui educado, en aquella escuela de los años sesenta del siglo pasado que proyectaba en sus textos literarios “la rima asonante y el octosílabo” de una forma preferente.

 

Aunque la corriente del verso libre, surge en España a principios del siglo XX (J.R.Jimenez fue su principal exponente), y se consolida en la generación del 27, en la modalidad conocida como versículo, a través de grandes poetas (Alberti, Alexandre, Cernuda, Lorca, ) pero lo cierto es que en mi educación literaria tuvo mas peso “la rima” que el versículo, y a partir de ahí me impregné de la métrica “asonante” que me llegaba bien a los sentidos, y la “laboriosidad” de encontrarla era un reto para mí hasta hallar la mejor tonalidad y el más bello sonido. Las letras, letras son, y al amor le llegan todas las que riman y las que no, pero quizá, o al menos a mí me lo parece, dotarle a la lectura de un ritmo acompasado le pone al amor, o a cualquier tema, una “musicalidad” que posiblemente predispone, al lector en general, a entrar en el mundo poético con más estímulo.

 

En cualquier caso, diré que no soy persona que se pliegue a las modas solamente por ser la tendencia dominante, he de encontrar en lo que conlleva algo que me seduzca de lo contrario me ubico feliz en mis costumbres

 

 

  1. En Fidelidad y lealtad usas una anáfora sostenida que convierte el poema en algo parecido a un contrato leído en voz alta: “Fidelidad… es hacer un pacto mutuo”; “Fidelidad… es mezclar en argamasa / la honestidad y la palabra.” Y en Comunicación, la repetición de verbos —”Hablar, hablar, hablar a mi pareja, / escuchar, escuchar, escuchar”— imita el acto mismo que describe. ¿Eres consciente de ese trabajo formal cuando escribes, o aparece después, al revisar?

 

Normalmente cuando el verso sale de mi mente, de mi intuición ya soy consciente de que eso es lo que busco para dar el sentido que yo quiero al poema, si bien hay un proceso de revisión necesario en todo trabajo, que lleva implícito a veces cambiar alguna palabra que no “encaja” del todo en el verso, para buscar otra que le dé más vistosidad.

 

En cualquier caso, en los ejemplos de la pregunta, la reiteración busca darle mayor contundencia al mensaje con la repetición para qué se “impregne” en el lector más intensamente.

 

 

  1. El poema Soledad por la ausencia es el más largo del libro y el único que baja la temperatura hacia un registro elegíaco sostenido: “¡Mi alma quedó cortada, / y le sigo siendo fiel!” Es también el único mimbre del amor que no puede repararse ni cultivarse, porque quien se fue lo hizo para siempre. ¿Por qué era importante que ese poema existiera en un libro que, en todos los demás, habla de construir y fortalecer? ¿Qué cambia en el sistema cuando se introduce la muerte?

 

Desde que concibo el libro y su estructura tengo claro que quiero hablar del amor en positivo, pero es cierto que los sentimientos que se derivan de él no siempre representan y promueven alegría, hay ocasiones en que esa “felicidad reposada” surge de lo trágico de la vida y tiene más valor si cabe, porque el proceso de superación acaba triunfando sobre el dolor, sin haberse roto el amor por quien se fue físicamente a las entrañas de la tierra, pero sensorialmente sigue con nosotros. Luego si sigue presente en nuestra alma, era un aspecto del amor que yo no podía “obviar” porque fuera dramático, al contrario, la lección que se extrae de ello es que el amor bien construido deja “huella”, aunque sea en la amargura.

 

El sistema no es que cambie, sino que se ve fortalecido al sacar “de los llantos de dolor” el sabor puro del sentimiento de amor, instalado en el corazón para siempre

 

 

  1. Dedicas el libro explícitamente a “todas aquellas personas que han tenido fracasos en el amor” para ayudarles a entender qué mimbre faltó y dejar de culparse. Es una función terapéutica muy concreta para un libro de poesía. La crítica literaria tiende a desconfiar de la poesía que se declara útil. ¿Te importa esa desconfianza? ¿Crees que la utilidad emocional y la calidad poética son compatibles o estás haciendo una apuesta que asume ese riesgo?

 

Entiendo que en la vida hay que hacer llegar a todas las personas todo aquello que les puede ayudar y favorecer en su desarrollo, tanto físico como emocional, partiendo de eso, me parece injusto que, si alguien puede aportar su apoyo a quien lo necesita y para ello tiene que buscar como medio la poesía, no vaya a hacerlo porque la “crítica literaria”, no lo va a perdonar. El socorro al ser humano que lo necesita, o mejor a un ser vivo, debe estar por encima de la crítica o del procedimiento, no se puede dejar marginado a nadie, porque en los protocolos no esté escrito, o sea mal visto.

 

Claro que me importa la “critica” y considero que es necesaria para qué quien se dedica a este noble oficio de escribir no se duerma en “su victoria” y saque de su “ego” la capacidad de superarse a sí mismo. Pero yo como recién llegado a este ámbito sí les pediría a los “analistas” que “valoraran” que, si lo que se hace ayuda a quien lo necesita y además fomenta el arte y la cultura, otorguen un plus a favor, nunca en contra.

 

Pienso que la utilidad emocional y la calidad poética son compatibles, como ejemplo podemos recurrir a toda la poesía mística del Siglo de Oro (Santa Teresa, San Juan de la Cruz, Fray Luis de León) que estaba hecha precisamente para eso, para sanar el alma del ser humano, y han quedado como joyas literarias reconocidas por cualquier “crítica”, y como ese ejemplo se podría recurrir a otros sin ir a la Edad Media.

 

Por otro lado, si queremos que el “género poético”, tenga adeptos y lectores hemos de hacerlo llegar a todo el mundo, no puede seguir siendo la poesía un genero precioso solo para minorías y si el vehículo para ello es darle un valor pedagógico pues bienvenido sea.

 

Hay ciertos ámbitos de la sociedad, en los que se necesita abrirse a todos y no solo a un círculo cerrado de unos pocos “iniciados”, uno de ellos es la Lírica, y si para conseguirlo hay que cambiar algunas cosas, pues hacerlo, y si eso conlleva volver a las “métricas” de antaño, pues volver, respetando todas las tendencias, pero sin sentirse oprimido por ninguna y siendo justos en el mérito de cada cual.

 

Es evidente que en el mundo de la literatura hay campo para todos, para los que ejecutan el verso de forma libre, y para los que el “octosílabo” y la rima asonante son su “herramienta”, lo importante es que nadie se imponga sobre nadie y todos tengamos el valor de llevar a cabo nuestras preferencias sin temer las modas, aunque haya que “navegar” en sentido contrario a las tendencias del tiempo presente.

 

Lo digo desde la humildad y la prudencia, desde “mi territorio” que no es otro que el de una persona de edad que ha llegado al mundo de las letras no hace mucho, con ganas de aprender de todos aquellos que atesoran mucha más experiencia que yo y que por ello están en condiciones de darme lecciones y yo de recibirlas de buen grado y con agradecimiento.

 

 

  1. Cada poema va acompañado de un boceto tuyo sobre un cuadro histórico —de Klimt, de Renoir, de Goya, de Chagall— uno por mimbre. Es una decisión que convierte el libro en algo híbrido: ni poemario puro ni libro de arte. ¿Cómo funciona esa relación entre el verso y la imagen para ti? ¿El boceto nace después del poema, antes, o simultáneamente? ¿Hay algún cuadro que te costó especialmente encontrar?

 

Considero que la pintura y la escritura pueden ir perfectamente juntas y se complementan, e incluso son un valor añadido a cualquier obra, siempre que se haga con buen gusto, grandes genios tanto en la poesía como en otras variantes literarias así lo entendieron. Alberti también fue pintor, y a menudo ilustraba sus libros, García Lorca, siendo dibujante y pintor integró la pintura en su poesía, Goethe incluyó reflexiones estéticas y paisajísticas en sus textos y A. Saint-Exupéry ilustró su obra maestra “El principito”, por poner algunos ejemplos de maestros literarios a los que la crítica les ha dado su beneplácito.

 

Para mí la imagen es un complemento de la rima, porque siempre busco aquellas obras pictóricas que tengan una relación directa con el poema. El boceto y el poema prácticamente surgen de forma simultánea, cuando mi mente piensa en una idea para el verso, al instante medita sobre que imagen le va mejor a esa composición.

 

Me costó encontrar cuadros para ubicarlos, en una temática como el “Amor”, no hay muchas obras que directamente se puedan vincular con un determinado poema, es más en “Mimbres de Amor”, había muchos cuadros dedicados al “beso” de distintos maestros (G. Klimt, E. Munch, F. Hayez) y no era fácil poner a cada uno en su perfil poético, igual pasaba con “los amantes”, (Picasso, P. Gauguin, R. Magritte, M. Chagall). Al final algún matiz en profundidad me dio pie para darles el vínculo más adecuado.

 

 

  1. En el panorama de la poesía española actual existe una corriente muy visible —Defreds, Elvira Sastre, otros— que usa el verso como herramienta de reconocimiento emocional para el lector joven. Tu libro hace algo parecido, pero para un lector de otra generación: adulto, con experiencia amorosa compleja, que ya no busca que le expliquen qué es el enamoramiento sino por qué fallaron las cosas. ¿Sientes que escribes para un lector que la poesía contemporánea está ignorando? ¿Qué necesita ese lector que otros libros no le están dando?

 

Se tiene la idea de que la gente de edad ya ha vivido lo suficiente y tienen la madurez como para no necesitar consejos ni estímulos (su vida ya está hecha o casi hecha) y eso es un tremendo error. La madurez y la edad también tienen inseguridades y a veces más que la juventud, porque por haber vivido más años, han tenido seguramente más tropiezos y más heridas, (muchas de ellas sin cerrar) en su trayectoria vital, y por ello el lector de ese perfil necesita que haya alguien que le cure las heridas o le ayude a entender el porqué de ellas, para cerrar capítulos de su vida con serenidad y Mimbres de Amor creo que cumple bien esa función.

 

Evidentemente pienso que mi libro también puede llegarle bien a la gente joven, porque cuando tienes veinte años y te enamoras, muchas veces no sabes el terreno que pisas y te entra la angustia del desconocimiento y la inseguridad y das palos de ciego que a veces dan al traste con la relación, en esos instantes desde la perspectiva de ser joven pides internamente que alguien con madurez y experiencia en esos lares te venga a socorrer y a decir qué debes hacer, cómo debes comportarte para conquistar aquel corazón que ha clavado sus flechas en el tuyo, y ahí “Mimbres de amor” tiene mucho que decir.

 

Quizá la poesía contemporánea se fija en otros perfiles mas comerciales pero lo cierto es que el “bálsamo” debe venir de todos para todos. Entiendo que cuando el lector necesita algo que le cure el alma, implícitamente está reclamando un manual pedagógico para su dolencia, y ahí Mimbres de Amor creo que se lo da, seguramente otros autores cumplen una función similar no me cabe ninguna duda.

 

 

  1. Hay un verso al final de Convivencia que cierra el libro como cierra una cesta su último mimbre: “será grande el amor / que se hizo paso a paso / ¡Cuando el cielo estaba raso / o cuando se ocultaba el sol!” Es un final resolutivo, sin ambigüedad. El libro promete y cumple. Para alguien que nunca ha leído poesía y que cree que no es para él, que piensa que los poemarios son complicados o distantes, ¿qué le dirías para convencerle de que abra Mimbres de Amor? ¿Qué puede encontrar aquí que ningún otro formato —una novela, una canción, una conversación— le daría de la misma manera?

 

Precisamente si el libro adolece de recovecos complicados y se adentra en poemas comprensibles y asequibles, es para que la poesía le llegue a todo elmundo, y ayude a aficionarse a ella. A todas esas personas que piensan que la Lírica es para un grupo cerrado, yo les diría que lean “Mimbres de Amor”, porque les ayudará a sanar las heridas si las tuvieren y les abrirá horizontes si se encuentran en un dilema amoroso, y todo ello de una forma sencilla y comprensible aun leyendo poemas.

 

Supongo que habrá formatos que también le ofrezcan ayuda similar, pero lo que sí puedo asegurar que no han de complicarse la vida buscando otras alternativas, porque mi libro esta ahí, no hay que inventarlo y les ayudará.

 

Quiero acabar agradeciendo a la Editorial Poesía Eres tú, y a todos los que formáis su “equipo”, el gran apoyo que me habéis brindado, de una manera tan profesional, poniendo a mi alcance plataformas y medios que ni en el mejor de mis sueños pude concebir. Para alguien que empieza a una edad tardía como yo, eso es un “Plus” que la vida me da gracias a vosotros.

 

Un millón de gracias y un abrazo a todos los lectores.

 

 

 

Gracias por tu tiempo, Antonio. Que el libro encuentre a sus lectores.