Entrevista relizada por Alberto Gómez para la revista poesía eres tú.

Salustiano Masó: "Yo siempre he sentido el impulso de escribir" - fotoentregadepremio 226x300 - Salustiano Masó: “Yo siempre he sentido el impulso de escribir”Por sorprendente que parezca, en el Siglo XXI la tecnología sigue fallando. Uno enciende su grabadora digital, graba tres cuartos de hora de conversación y cuando va a grabar el archivo, el proceso falla y la grabación se pierde. Entonces, hay que volver a empezar con la entrevista, pero con la fortuna de saber ya más del poeta a entrevistar, de modo que las preguntas se vuelven más concisas y las respuestas más meditadas.

En cualquier caso, Salustiano Masó, ganador del primer concurso de Poesía de la Editorial Poesía Eres Tú, tiene mucho que decir. Nos ha confesado que está escribiendo unas memorias, y a ellas les remitimos si quieren saber más de un autor que ha publicado 22 libros y tres antologías; que fue premiado en plena guerra civil por un jurado en el que estaba el mismísimo Miguel Hernández; que fue acogido en la mesa de Gerardo Diego; que trató a Pepe Hierro y a Valente y que tiene, en fin, una vida larga y fructífera que dar a conocer.

Después de tantos poemas y tantos libros ¿cuál es la motivación de Salustiano a día de hoy para ponerse delante del papel y escribir una poesía? ¿Con la edad, cambia esa motivación? es decir ¿la razón para escribir una poesía es la misma ahora que hace 30 años, por ejemplo?

La motivación ha ido variando en función de los movimientos sociales y también de mis propias tendencias personales.

Respecto a las primeras, cuando yo empecé a escribir poesía estaba aún en auge lo que se dio en llamar la poesía social, y hay al menos cinco o seis libros míos – los primeros- que sí entroncan con ese movimiento.

Con la llegada de los setenta y de los novísimos se abre una perspectiva nueva en la poesía y entonces mi propia perspectiva cambia también y mi poesía se va abriendo hacia otros enfoques.

Después ya mis libros han seguido un camino más personal, más propio.

Por otro lado, respecto a las tendencias personales, cuando comencé a escribir estaba viviendo una época más espiritual, estuve en movimientos naturistas, panteístas, teosóficos… Yo vivía muy apartado de la sociedad y todas esas meditaciones a solas se veían reflejadas en mi poesía.

Por otro lado, hay que tener en cuenta que yo soy uno de los que llamaron niños de la guerra, y que como tal llevé una vida muy azarosa. A trancas y barrancas fui leyendo libros y escribiendo. Por ejemplo, cuando terminé la mili trabajé en El Retiro, moliendo grano para los animales. El capataz, que era buena gente, me permitía moles con una mano mientras con la otra sostenía el libro que estaba leyendo. En aquella época yo sólo escribía prosa y no fue hasta más tarde que me acerqué a la poesía. En cierto momento cultivé la amistad de Buero Vallejo, de Eduardo Zúñiga, que me orientaron y se interesaron por mis escritos, y de ahí surgieron los libros que publique en Adonais a finales de los cincuenta, y que combinan la experiencia vivida hasta entonces con temas espirituales.
De todas formas como yo empecé a escribir tarde, siempre he estado un poco fuera de todas las generaciones – por nacimiento pertenecía a una, pero por momento de publicación se me encuadraba en otra- y he ido casi siempre por libre.

¿Cuándo uno ha escrito tantos poemas se conocen ciertos trucos o ardides? ¿La experiencia sirve, es útil a la hora de crear un nuevo poema, o uno se encuentra con los mismos problemas una y otra vez?

En mi caso lo más importante ha sido la traducción, aunque cuando yo comencé a escribir poemas ni mi planteaba ser traductor (aunque leía ya algo en francés e inglés, e incluso a Schiller en alemán sólo por coger la musicalidad). Fue ahí cuando empecé a plantearme el problema de la traducción, aunque entonces desde el punto de vista del lector. Con el paso del tiempo he traducido mucho, sobre todo prosa pero también algo de poesía, como a Robert Browning, a Frost, y a uno de los que más me gustó, el canadiense Irving Layton.

Ha sido en la traducción donde yo he obtenido, de hecho, más reconocimiento (tengo dos premios nacionales y uno mundial), y ha sido la traducción también la que más me ha enseñado a jugar con el lenguaje y efectivamente ese conocimiento se plasma luego en la poesía.

Usted comenzó a escribir poesía en una época en que aún la poesía gozaba de prestigio social, los autores eran aún reconocidos socialmente,… quizás por el recuerdo a la cercana Generación del 27 ¿Cómo ve usted la poesía ahora? ¿Cree que se ha ido convirtiendo en algo cada vez más minoritario?

Lo que ocurre es que el papel de los poetas en la actualidad lo han ido ocupando los cantantes, sobretodo los cantautores tipo Sabina. A mí es un tipo de música que no me gusta mucho Me gusta sólo la música clásica. Pero veo cómo se manejan con el lenguaje.

Respecto al reconocimiento yo he tenido más éxito leyendo mis poemas que luego por parte de la crítica, por ejemplo.

Yo en el tardofranquismo ya era conocido. Fui ganando premios que me permitieron publicar, y eso me dio a conocer, si bien eso mismo devaluó mi carrera por el hecho de que el hecho de ir publicando a base de premios estaba mal visto, aunque yo siempre he considerado que los que venían mal los premios eran los que no los ganaban. Incluso, por aquel entonces, me nombró Gerardo Diego en un par de “terceras” del ABC. Aparecieron dos poemas míos en la antología que hizo Leopoldo de Luis. Y era bien recibido en el Gijón en la mesa de Gerardo Diego, aunque yo sólo me pasaba de vez en cuando porque nunca he cumplido con el tópico de poeta bohemio, pues prefería irme al campo, a la Dehesa de la Villa (al cerro de los locos).

Aunque el libro por el que ha obtenido el premio de la Editorial Poesía eres Tú se llama “Metafísica recreativa”, aparecen en él muchos momentos de la vida diaria del autor: paseos, vasos de vino, noches en vela,… ¿A pesar del título, hay necesidad de sacar poesía de la vida diaria, de transfigurar esos momentos de vida cotidiana en poesía?

Bueno, en primer lugar tengo que explicar de donde procede lo de “Metafísica recreativa”. Cuando yo era niño había una asignatura que se llamaba “Física recreativa”, y que consistía en aprender física jugando, es decir, a base de pequeños experimentos. En este sentido “Metafísica recreativa” hace referencia a ese aprendizaje a través del juego, en este caso de la metafísica.

Respecto a lo de incluir la vida cotidiana, la metafísica juega siempre con valores abstractos, pero la poesía tiene que avanzar con conceptos concretos, y esos uno los tiene que sacar de su propia vida. La metafísica es una cuestión que está presente en el día a día y sólo a través de ese día a día se llega a ella.

Hay un poema en el libro titulado “Contra toda razón” y que prácticamente viene a señalar que para el poeta es imposible dejar de escribir tal y como señalaba Lope en un poema que usted usa como cita.

Sí, básicamente yo siempre he sentido ese impulso de escribir. Incluso llegó un momento en que quizá tendría que haber parado, pero no pude. Yo salgo al campo, a pasear, y llevo conmigo una pequeña libreta y un boli, por ejemplo, y casi sin querer comienzo a practicar lo que se llama escritura automática, hasta tal punto que he llegado a llenar una caja con esas libretas, y aunque sé que mucho de lo que hay en ellas escrito no es salvable, representan la necesidad que tengo de escribir en todo momento.

Y ese afán por escribir, ¿es algo innato o es fruto del trabajo o de ver escribir a otros y querer imitarlos?

Ese es un tema que a mí me ha obsesionado mucho. Cervantes decía

Yo que tanto me afano y me desvelo
Por parecer que tengo de poeta
la gracia que no quiso darme el cielo

Pero hay que tener en cuenta que Cervantes se planteaba la poesía pensando sobretodo en el verso. Sin embargo, yo he de decir que “El Quijote” aunque escrito en prosa (independientemente de que dentro de él haya poesías y muy buenas) es una gran obra poética.

En todo caso, puede que haya algo de innato. En mi caso se trataría no tanto de la poesía como de la escritura. Yo ya desde pequeño escribía cosas. Tenía un pequeño teatro de marionetas y me inventaba diálogos para ellos. Una de las cosas de las que más orgulloso estoy es que de niño escribí un cuento durante la guerra, que llevaba por título un verso de la internacional “El fin de la opresión”, que presenté a un concurso y fue premiado, siendo especialmente emotivo para mí, porque uno de los miembros del jurado era Miguel Hernández. Aún guardo una copia del periódico en que se anunció el premio, y en el que se mencionaba que el poeta era miembro del jurado.

También le hizo mucha ilusión a mi madre, que guardó el cuento en casa pese al riesgo que corría si lo encontraban los falangistas cuando se vinieron a llevar a mi padre.

En cualquier caso no fue hasta cerca de los treinta cuando yo me acerco a la poesía. Hasta entonces sólo había escrito prosa, pero entonces me obcequé en la poesía y apenas volví ya a la prosa. Por eso digo, que lo que puede haber de innato en mi caso es el afán de escribir, en general, no tanto poesía.

Por último, solemos preguntar a nuestros entrevistados qué autores tienen ellos como referente.

De los clásicos tendría que nombrar a Quevedo y sobretodo a San Juan de la Cruz; después a Rubén Darío; también Machado, que es fundamental para mí; del 27 a García Lorca y sobretodo a Cernuda; también a Miguel Hernández, Juan Ramón Jiménez; de los hispanoamericanos a César Vallejo, Octavio Paz y Neruda; y de mis contemporáneos tendría que destacar a Claudio Rodríguez.


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