pb-foto-i Paco Bello: Cuesta una vida aprender a observar, entender lo que somos. - pb foto i 224x300 - Paco Bello: Cuesta una vida aprender a observar, entender lo que somos.

Paco Bello nos presenta su segunda obra “Buenos días, Don Pletórico”. Con ella Paco nos confirma algo que ya intuíamos en su “El olor del bosque ha roto mi computadora” y es que dentro de su música se esconde un gran poeta del que sospechamos tendrá una larga trayectoria dentro del campo de las letras.

 

P.- “Buenos días, Don Pletórico” resume bien el contenido de este libro, cargado de poemas con un optimismo vital, unos poemas mas desnudos de metáforas (que en su anterior obra “El olor del bosque ha roto mi computadora”), que van directos al público que los lee. ¿Ha sido esa la intención de tu libro?

 

R.- Sí, creo que me ha salido un libro muy dinámico y preciso, pero tampoco sabría decirte por qué razón. El poemario surgió de un tirón, escrito durante el último año. Aparecieron muchas ideas en mi cabeza y enseguida supe cómo darle forma al contenido (ése es otro misterio irresoluble, el hecho de que en momentos concretos lo abstracto se deje ver), y al final todo consistió en ponerse delante del ordenador y dejarse llevar. Por una vez la cosa resultó así de sencilla.

 

P.- En todas las artes hay un trabajo interno previo a la realización de la obra, se trata de un trabajo más invisible e íntimo previo a la inspiración y a la realización de la obra. ¿Es quizás ese trabajo más intenso en la poesía que en otras ramas del arte?

 

R.- Ése es un trabajo que realiza la parte subconsciente, y afortunadamente no se sabe a ciencia cierta cómo funciona su complicado mecanismo.

Yo vivo mi día a día con toda la alegría y sosiego que soy capaz de desplegar.

Y procuro mantener vivo el músculo de la escritura, pero no suelo escribir a diario, precisamente por la intensidad requerida (supongo que en casi todas las ramas del arte ocurre más o menos igual, no lo sé, escribir una canción también es muy exigente, reclama una doble concentración, te tienen que quedar bonitas tanto la melodía como la letra y además congeniar, porque han de convivir, convertirse en uno, es una labor ardua, delicada y a ratos muy reconfortante).

 

P.- En tus poemas encontramos un paseo por la cotidianeidad, por los lineales sucesos a los que nos enfrentamos todos los días, pero quizás en los que nadie se fija. En tu libro tus poemas inciden en esas pequeñas turbulencias de nuestros itinerarios habituales que pasan desapercibidos. ¿Crees que es necesario para nuestra sociedad parar y aprender a mirar?

 

R.- La prisa nos engulle y acto seguido nos escupe. Mirar serenamente (la serenidad estabiliza los dos platillos de la balanza) es un acto que requiere tiempo y voluntad. Cuesta una vida aprender a observar, entender lo que somos. Nos incomoda intuir que siempre hay una jungla salvaje creciendo en nuestro interior, que somos tanto carne de microscopio como de telescopio. Que somos grandes y pequeños a la vez, porque somos únicos e insignificantes. La culpa es del universo, se podría decir, a modo de resumen. Y para jugar a envalentonarnos contra lo inmensurable preferimos abarcar mucho aunque eso implique apretar poco.

Tratar de estar al día con las modas nos impide preguntarnos si no seríamos más felices evitando reflejarnos en el espejo de los demás. Pero así son las cosas, y si no queremos perder el tren hay que hacerse un hueco en la estación y llevar el reloj siempre en hora.

 

P.- Normalmente con tu música te encuentras sólo con tu guitarra en un escenario y el resultado salta a la vista (o mejor al oído). ¿Es quizás esa soledad tu forma de entender el arte y que te lleva irremediablemente a la poesía?

 

R.- La soledad y la creatividad van irremediablemente unidas. A veces la sensación es deliciosa, aprender a saber estar solo resulta una experiencia muy necesaria, independientemente de que vaya ligada a la búsqueda creativa o no.

En otras ocasiones, en cambio, cuesta aceptar que la soledad es nuestra dueña, nuestro íntimo reducto, la primera y la última puerta que va de la superficie al fondo, y en ese fondo no todos conseguimos hacer pie, quizá por culpa del oleaje que nosotros mismos provocamos. El miedo, siempre el miedo. Ya se sabe.

 

P.- www.pacobello.es es tu espacio personal, donde anuncias tus próximas actividades, das una muestra de tu amplio trabajo. Quizás ya no podemos negar que Internet es un espacio necesario para la promoción de los artistas, aunque muchos artistas ven en Internet una amenaza a su trayectoria. ¿Crees que está nueva forma de comunicación es una amenaza o una ayuda necesaria para el arte?

 

R.- Internet hay que saber usarlo. Y precisamente eso es lo más difícil. Es un arma escurridiza que se dispara con facilidad y en cualquier dirección. Vivimos una época demasiado ávida de información y de urgentes novedades. Hoy te compras algo que ayer ya fue superado por lo de mañana. No estamos hechos para asimilar tanto cambio de dirección del viento. Por eso dudamos en todo. Y nos llenamos de preocupaciones a menudo absurdas y estériles. Es fácil perder la perspectiva.

Un poco de calma a la hora de pensar nos haría menos irascibles y más suaves por dentro.

 

P.- Un artista cuando lo es de verdad, no puede dejar de producir obras ya que es una necesidad interna de un tipo de personalidad. Tu trabajo así lo demuestra. ¿Cuáles son tus próximos proyectos?

 

R.- Tengo en mente acabar un libro de relatos cortos (ya llevo escrito la mitad más o menos) y también le estoy dando vueltas a un recopilatorio de letras que resuma toda mi carrera musical, con anotaciones mías al margen (desglosando la canción o simplemente adjuntando comentarios sobre cómo se compuso el tema, etcétera).

Y procuraré seguir escribiendo poesía cada vez que me descubra en mitad del bosque, sin saber volver a casa porque las migas de pan han vuelto a desaparecer.


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