ENTREVISTA A J. CARLOS MELLADO FERNÁNDEZ

Con motivo de la publicación de Tempestades

 

 

  1. Carlos Mellado Fernández publica con Editorial Poesía eres tú su primer poemario, Tempestades (2026), cincuenta poemas organizados en tres secciones —DESANGRE, ABISMO, RESISTENCIAS— que trazan el recorrido de una generación desde la herida íntima hasta la conciencia colectiva. Una voz que llega con arquitectura cuando la mayoría de los debuts llegan con instantes.

 

 

  1. Tempestades tiene estructura de proceso, no de colección. ¿Las tres secciones existían desde el principio o el libro fue encontrando su propia forma mientras lo escribías?

 

El libro nunca tuvo un orden claro, fui escribiendo poemas y una vez que decidí darlo por cerrado, me di cuenta de que había una estructura que podía construirse alrededor del libro.

 

 

  1. En “Una rosa y un poeta” repites cinco veces “Hay una rosa que…” antes de llegar al verso final: “su idioma es mi sangre, / y no paro de sangrar”. ¿Sabías desde el principio cómo iba a terminar ese poema, o la anáfora te llevó hasta ese último verso?

 

Fue la anáfora lo que me llevó hasta ese verso. Al principio la utilicé simplemente como recurso rítmico, casi como un latido que se repite. Pero a medida que el poema avanzaba, esa repetición empezó a volverse más obsesiva, más intensa. La rosa dejó de ser imagen y pasó a ser herida. El último verso no lo planifiqué: apareció como consecuencia natural de esa insistencia, como si el propio poema necesitara sangrar.

 

 

  1. “Único” cierra la Sección I revelando, mediante el acrónimo vertical M-A-M-Á, que el primer amor del libro es tu madre. Es el poema más arriesgado estructuralmente. ¿En qué momento supiste que tenía que estar ahí, como bisagra entre DESANGRE y ABISMO?

 

Si respondo con honestidad, no lo sé. Creo que viene un poco reflejado porque, al fin y al cabo, tu madre es el tipo de amor más puro que existe, siempre te va a aconsejar pensando en tu bien. Y como no quería que DESANGRE solo fue mal de amores, ese poema me sirvió como bisagra para explicar que el único amor que no se va a ir, es el amor de una madre. Y cuando no tienes ni si quiera ese tipo de amor, es cuando empiezas a mirar fijamente al ABISMO.

 

 

  1. El libro mezcla términos como apeiron o ataráxia con expresiones como “se le caía la baba” o “hablar por chat”. ¿Ese cruce de registros fue una decisión consciente o es simplemente como piensas y hablas?

 

Es mi forma de hablar, por mucho que yo sea un poeta, soy poeta de pueblo más que de otra cosa. No me he criado en las grandes urbes y metrópolis. Tengo un vocabulario muy distinto al que puede tener un poeta de la gran ciudad.

 

 

  1. En “Everest” escribes: “el silencio masticándome despacio por dentro”. Es una imagen sinestésica donde el silencio se come. ¿De dónde sale una imagen así? ¿La construyes o te llega ya formada?

 

Es una imagen que nace mientras escribo. No suelo sentarme a construir una metáfora de forma fría; más bien dejo que el estado emocional encuentre su forma. En ese poema el silencio no era ausencia de sonido, era presión. Era algo que pesaba, que apretaba por dentro. Por eso termina “masticándome”: porque hay silencios que no callan, sino que devoran. Cuando alguien ha estado en ese estado mental, entiende perfectamente esa sensación.

 

 

  1. La Sección II, ABISMO, aborda la crisis psicológica con una honestidad poco frecuente en poesía de amplia circulación. “Me susurra que me mate frente al cristal” (“Monstruo”) no es metáfora. ¿Había algo que necesitaras decir exactamente así, sin velo?

 

Como bien dices, es poco frecuente esa honestidad sobre el grave problema psicológico que hoy en día permanece entre los jóvenes. Yo he formado parte de él y me he mirado en el espejo escuchando esa misma frase varias veces. Muchas veces nosotros mismos somos nuestro peor enemigo, pero nos cuesta aceptar la verdad y preferimos cargar la culpa en algo o alguien, A veces tendríamos que dejar que nos ayudaran más.

 

 

  1. RESISTENCIAS tiene solo nueve poemas frente a los veinte y veintiún de las secciones anteriores. ¿Por qué la resistencia ocupa menos espacio que la herida?

 

La resistencia ocupa menos espacio porque resistir no es un discurso largo, es un acto. Cuando alguien está herido necesita explicarse, desahogarse, entenderse. Pero cuando alguien resiste, actúa. No hay tanto margen para la reflexión como para la firmeza. Quise que esa sección fuera más breve precisamente por eso: la resistencia no habla demasiado, se mantiene en pie.

 

 

  1. El libro termina con “Generación Z” y la imagen de alguien que “quitará el polvo de los libros / para leer nuevas páginas de un capítulo / que nosotros nunca abrimos”. Es un final sin redención. ¿Te costó no cerrar con algo más consolador?

 

No me costó cerrarlo así. No quería un final complaciente ni esperanzador por obligación. Creo que la esperanza no siempre es luminosa; a veces es una tensión, una posibilidad futura más que una certeza presente. Hoy veo un panorama difícil, incluso desalentador. Pero confío en que alguien, en algún momento, haga lo que nosotros no supimos o no pudimos hacer. El libro termina sin redención inmediata, pero no sin posibilidad.

 

 

  1. Hay saturación de poesía confesional que promete identificación y sanación. Tempestades no promete nada de eso. ¿Qué crees que puede hacer la poesía que no sea consolar?

 

La poesía no es necesario que consuele, tiene que ser pura. Pero no poesía pura como entendía Juan Ramón Jiménez. Para mí una poesía pura es aquella que es capaz de decir las verdades más incómodas posibles y aun así seguir siendo poesía. Que la gente al leerla comparta el sentimiento del autor o se vean reflejado en los versos que leen.

 

 

  1. Para alguien que nunca ha comprado un libro de poesía y cree que no es para él. ¿Qué tiene Tempestades que podría cambiar eso?

 

Tempestades no intenta parecerse a lo que muchos imaginan cuando piensan en poesía. No busca adornar la realidad ni suavizarla. Es directa, a veces incómoda, pero honesta. Creo que alguien que nunca ha leído poesía podría encontrar aquí algo reconocible: emociones sin disfraz, pensamientos que quizá también ha tenido y no sabía cómo nombrar. Si logra verse reflejado en un solo poema, ya habrá valido la pena.

 

 

Gracias por tu tiempo, Carlos. Que el libro encuentre a sus lectores.