ENTREVISTA A CÉSAR TOMÉ

Con motivo de la publicación de Moneda del sentir

 

Después de dieciséis años de silencio editorial, César Tomé (Lerma, Burgos, 1956) regresa con Moneda del sentir, un poemario publicado por Ediciones Rilke que estructura el deseo maduro mediante una metáfora arquitectónica: el libro entero funciona como una moneda de tres caras (Anverso, Canto, Reverso). Conversamos con él sobre este ambicioso proyecto poético.

 

 

  1. Dieciséis años sin publicar es mucho tiempo. ¿Qué te llevó a romper ese silencio ahora? ¿Hubo un momento específico en que supiste que este libro debía existir?

 

Me llevó, simplemente, el hecho de que tenía en las manos dos poemarios inéditos. Uno de ellos, éste. Y como no entiendo la creación poética sin la crítica férrea de los lectores, tenía que ser ya: publicar o morir. Su unidad temática me hizo elegirlo.

  1. El título Moneda del sentir no es metáfora ocasional: todo el libro se estructura como una moneda real (Anverso, Canto, Reverso). ¿Cuándo descubriste que esta era la arquitectura correcta para lo que querías decir?

 

Lo descubrí cuando ya estaba casi escrito el libro. Pues tenía dos poemas (Anverso y Reverso) que, por su tema, se diferenciaban del resto. Sólo fue cuestión de que la musa y esa búsqueda que siempre abrazamos, me ofrecieran la arquitectura apropiada, pues además de la forma del poema, también me preocupa la estructura del poemario.

Debo añadir que tuve que retirar un poema porque vi en él, o eso me pareció, un pensamiento y una emoción demasiado resonantes.

 

  1. La estructura es arriesgada: 32 poemas numerados sin títulos individuales que giran sobre el mismo asunto. ¿Cómo evitaste que esa insistencia temática se convirtiera en monotonía? ¿Qué te interesaba de volver obsesivamente sobre el deseo desde ángulos distintos?

 

Lo evité, supongo, siendo yo mismo y entendiendo el tema como algo más amplio. Como el árbol que multiplica sus ramas para que su valoración sobre el cielo sea más sincera y acertada.

Además no es nuevo para mí, ya evité anteriormente la monotonía que puede causar un mismo sentimiento en el conjunto de un poemario. Pues cuando publiqué mi segundo libro, “Lunas dolientes”, cuyo tema es el amor, yo venida ya de tratarlo en mi primer libro, “Bajo este techo claro”, y la crítica comentó que, a pesar de ello, salía airoso de la tarea. Es decir, tengo mi rodaje hecho.

 

  1. Escribes casi exclusivamente en verso libre de tendencia alejandrina, evitando formas cerradas como el soneto. ¿Por qué era importante esa libertad métrica para este libro específico? ¿Qué te hubiera impedido decir la métrica tradicional?

 

Debo decir que tengo algún soneto escrito, pero donde mejor me muevo, o eso creo, es en la versificación irregular. La primera idea era escribir cada poema como un conjunto de versos sueltos. Unidos por un mismo concepto pero visto desde diferentes puntos. Como pinceladas que se dan en un lienzo con el propósito de lograr algo subjetivo y bello. Luego tomó otro rumbo hasta ser cuerpo.

La métrica tradicional hubiera reducido el momento poético más original de mis emociones.

 

  1. Hay un verso que me parece central: “mis dedos como lápices de llama sin horario, mi mano como iris dormido entre las suyas”. Tu poesía materializa constantemente lo abstracto en sensaciones físicas. ¿Es desconfianza hacia el lenguaje abstracto o necesidad de verificar todo en el cuerpo?

 

Es confianza en el lenguaje creativo del cuerpo. Mi poesía no entiende la vida, su meditar y su sentir, sin la temperatura y el arrobo de la persona amada. Si ella no existe, la sueño.

 

  1. El libro alterna registro culto (“máculas”, “inmarcesible”) con expresiones coloquiales (“bum de la mañana”, “demos postre a la suerte”). ¿Esa oscilación fue decisión consciente o refleja simplemente cómo piensas? ¿Qué aporta esa mezcla?

Es una decisión consciente pero también es mi pensar. Son mis maneras, pues escribo versos desde los once años. Y se quiera o no, eso ha modelado mi proceder fuera y dentro del silencio y la soledad que busco para crear.

Su mezcla da forma a mis sentimientos, aporta caminos que exigen fuego en invierno, timidez en primavera, inventiva en verano, olor en otoño. Me hace verme poeta.

 

  1. Escribes: “No permito la venda que ejerce de mentora”. El tono del libro es combativo, no hay autocompasión ni victimismo. ¿Por qué era importante mantener esa firmeza incluso cuando hablas de soledad o fracaso?

Muy sencillo. Si no hay firmeza, hay hundimiento, y eso mi corazón no quiere. También se refiere a la mentira como imposición, y ante ello mi más feroz y lírica lucha. Además, de lo que nos rodea, sea una cosa u otra, sólo somos responsables de una parte. La culpa debe ser compartible, porque así es posible la felicidad.

 

  1. El libro menciona “el metaverso” y “la Red” pero no está saturado de referencias contemporáneas. ¿Cómo equilibraste hablar desde 2026 sin que el libro quedara fechado por exceso de actualidad?

Precisamente teniendo en cuenta eso: mencionar pero sin exceso, atrapar pero no aburrir. El mundo va muy deprisa en ese sentido, y no era bueno correr sin tener presente una meta alcanzable.

 

  1. Tu libro exige concentración, No es poesía para consumo rápido en redes sociales.

¿Escribiste pensando en un lector específico? ¿Te preocupa la accesibilidad o privilegias otros valores?

 

Mi máxima es ésta: “Nunca escribo para mí, / aunque diga yo. / Escribo siempre por ti, / aunque diga nadie. A partir de aquí, la libertad y la dicha de uno mismo. Consumir mucho y deprisa, te agota, te reduce, te envenena los sueños, te enfría…

 

  1. Para alguien que duda si la poesía todavía tiene algo que decirle, que piensa que es género del pasado. ¿Qué puede hacer tu libro por ese lector? ¿Por qué debería darle una oportunidad a la poesía?

 

Debido a las redes sociales, la poesía nunca será género del pasado. La facilidad que otorgan para comunicarnos beneficia a este arte. Otra cosa es que lo que ofrezcan las redes sea buena poesía. Pero habiendo camino podemos llegar al corazón de más lectores.

Quien duda de la poesía, duda del arte en general. Y para quien lee versos por primera vez, le pido que lo haga con detenimiento, con emoción y en voz alta. Pues la lírica no es información, y mucho menos la mía. No quema, alumbra.

 

 

 

Gracias por tu tiempo, César. Que el libro encuentre a sus lectores.