foto_poemario Diego Ávila: La poesía y la narrativa son dos herramientas de una misma forma artística. - foto poemario 227x300 - Diego Ávila: La poesía y la narrativa son dos herramientas de una misma forma artística.

El escritor Diego Ávila es autor de No profanar el sueño de los versos, su primera obra de poesía con la Editorial Poesía eres tú. También ha publicado los libros VIVIR PARA MATAR. NUEVE BIOGRAFÍAS DE ASESINOS EN SERIE (VOSA Ediciones, 2001) y MUJERES ASESINAS (Libro Hobby Club, 2005). El primero de ellos se tradujo al serbio en 2008 con el título de ZIVETI ZA UBISTVO. Su primera novela, POR NO VERTE, saldrá publicada en 2009.

P.- No profanar el sueño de los versos ¿Que has querido decir con este título, la poesía está quizás durmiendo esperando un despertar universal?

R.- La elección del título no responde a una disgregación tan profunda. De hecho, es un homenaje a una película española, “No profanar el sueño de los muertos” (1974), de Jordi Grau, todo un clásico del cine B y que le iba como anillo al dedo al concepto de poesía zombie.

P.- De Vivir para matar a No profanar el sueño de los versos, o lo que es lo mismo, pasar de escribir la biografía de nueve asesinos en serie a escribir poesía. Eso demuestra que eres un escritor polifacético. ¿Te consideras así?

R.- Bueno, como en casi todo escritor más o menos novel, el orden de los títulos aparecidos no se corresponde con el orden diacrónico de escritura. Mis dos primeros libros fueron encargos, y yo ya escribía poesía en mi adolescencia (cuyos cuadernos afortunadamente quemé un día). Luego comencé con relatos cortos que aún permanecen inéditos, y entre eso y la novela que verá la luz el año próximo confeccioné las biografías de los monstruos que ocupan mis dos primeros títulos publicados. Pero ciñéndome a la pregunta, cuando me siento ante la hoja en blanco pocas veces sé qué va a salir: un poema, un relato, una idea a desarrollar… Bien es cierto que la poesía te da más libertad a la hora de expresar mucho en poco espacio, y hay pensamientos, sentimientos más o menos vagos e incluso inconexos que se adaptan mejor a ella. El relato o la novela exigen más concreción. No sé si eso me convierte en polifacético o simplemente en alguien que necesita volcar -o reutilizar, según el caso- las sensaciones con las que vive.

P.- En tu libro encontramos poemas que hacen referencia a los payasos de la tele, a Fofó, a los Juegos Reunidos Geyper, a los Clicks de Famobil… muchas referencias a la infancia de una generación. ¿Está quizás marcada esta generación por su infancia y sale  ahora a la luz a través de las diferentes formas artísticas?

R.- Esta pregunta necesita responderse en una doble vertiente. Por un lado, yo nací en el 69. Cuando a Franco lo devoraron sus heces en forma de melena yo tenía 6 añitos. Luego vino la mentira de la transición, que seguimos pagando en forma de muertos anónimos enterrados en zanjas y cuyos familiares no tienen derecho a reclamarlos como parte de su historia. A todos los que salimos del cascarón en el tardofranquismo nos han robado nuestra niñez en un ejercicio de amnesia colectiva y han abusado de aquellos símbolos. A Parchís les pagaban con bicicletas BH, mientras hicieron ricos a los de la discográfica; Ana Anguita, del dúo Enrique y Ana, decidió un día retirarse y permanecer anónima el resto de su vida. Hasta los de Verano Azul no saben a día de hoy cuánto dinero les sisaron por aquello de ser niños artistas. Y luego tenemos la otra parte, la posmoderna: todo aquello que nos robaron podemos condensarlo en los juguetes con los que jugábamos, las series televisivas -somos la primera generación criada delante de un televisor en España, no olvidemos este hecho- han devenido totémicas y los mismos que nos robaron nuestra niñez ahora nos la venden en diversos formatos, principalmente el audiovisual, porque ahora tenemos pasta y la cabra siempre tirará al monte. Porque coleccionar ahora es cool, y así matamos dos pájaros de un tiro. Es normal que de esta diatriba salgan manifestaciones artísticas que se posicionen a un lado o a otro. Yo estoy al otro.

P.- No profanar el sueño de los versos está plagado de manifestaciones artísticas con poemas muy diferentes en su temática y que invitan al lector a una reflexión. ¿Era esa tu intención o simplemente tenías la necesidad de expresar  arte?

R.- Básicamente hay cuatro o cinco líneas maestras que vertebran el poemario: metapoesía, niñez, Dios, relaciones personales, sexo… Lo que no quería hacer era estructurar el libro por capítulos. Porque yo no lo escribí por capítulos. Más bien invité al futuro lector a un viaje por los diferentes estados de ánimo en los que me embutí al escribir los distintos poemas: mi relación sadomaso con la poesía, aquéllos que me abrieron el camino, la invención de Dios… Me pareció más honesto, más personal. Ése fue el motivo de que los poemas aparezcan en ese (des)orden y no en otro.

P.- Hay un par de poemas que hacen referencia a Panero. ¿Cómo ha influido Panero en tu poesía?

R.- Es un lujo tener a un poeta como Panero vivo. No ya por lo que tiene de maldito, ni lo que tiene de presunto enfermo mental -yo lo veo muy lúcido, la verdad-. Es por las cargas de profundidad que atesoran sus poemas, cargados de versos rotos, de citas, de latinajos. A menudo son un laberinto que tienes que sortear para llegar a la poesía desnuda, ésa que sólo cabe en un verso de Panero. De todas formas, las dos apariciones de Panero en el poemario tienen procedencias distintas: una, el homenaje, fue anecdótica, yo iba a firmar a la feria del libro madrileña y lo anunciaron por megafonía, fui hacia la caseta indicada y pasó lo que se lee en el poema; la otra, el plagio, surgió de coger cinco o seis versos al vuelo de distintas obras suyas y con ellos perpetrar un poema apócrifo, hacer casi un poema Frankenstein.

P.- ¿Es la poesía una forma artística diferente de la literatura o no podemos decir que el poeta no es escritor?

R.- La poesía y la narrativa son dos herramientas de una misma forma artística. Antaño la poesía, como la música, estaba encorsetada en métricas y rimas que lastraban las más de las veces el pensamiento transgresor que debe habitar en cada poema. También la novela ha ido sufriendo con el tiempo un desgaste de todo lo artificioso hasta ir quedando en el pellejo descarnado, en el hueso desnudo. Ahora para escribir sólo necesitas creértelo, y batirte con los cientos de molinos de viento que en forma de gigantes  van a intentar merendarse tu alma en el proceso. Pero hoy día el poeta y el escritor sólo difieren en la sensibilidad que retratan -la narrativa – o que subliman -la poesía-. Por ponerte dos ejemplos casi antagónicos, Antonio Gala y Aldo Nove escriben prosa y poesía indistintamente.

P.- Muchos escritores de poesía se inspiran en los libros que leen para escribir. ¿Cuáles son los autores que más han influido en tu poesía?

R.- Aparte de todos los clásicos españoles y extranjeros, cuya enumeración casi podría hacer el lector de esta entrevista (y no iría muy descaminado), te citaré a dos a los que me permito el lujo de reivindicar: Billy Childish, que hizo que me sentara a escribir poesía tras años de olvido, y Claudio Bertoni, que me enseñó los tesoros que encierran los pensamientos furtivos.


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