David Taranco Lorente: "yo diría que mi escritura parte más bien de la antimeditación". - solapa Large 742x1024 - David Taranco Lorente: “yo diría que mi escritura parte más bien de la antimeditación”.David TARANCO LORENTE. Licenciado en Letras Modernas, Traducción e Interpretación. Es un escritor afincado en Tokio.  Ejerce como periodista, traductor y profesor de español. Su libro de poesía Cegado por el ruido es un trabajo reflexivo que ahonda en reflexiones profundas con una extraordinaria belleza en el lenguaje.

P.- Al leer tu libro, no se puede afirmar que tu poesía tenga un origen en la poesía japonesa pero sí hay unos matices que parecen contagiarse de la profundidad de la filosofía oriental. ¿Ha influido tu estancia en Japón en tu poesía?

R.- ¿Qué es la filosofía oriental? Mucha gente la asocia con conceptos como la meditación, por ejemplo. Meditar es concentrar la atención o el pensamiento en un objeto o en un estado para conseguir algo. Pues bien, yo diría que mi escritura parte más bien de la “antimeditación”. Es decir, una eliminación consciente de todo pensamiento para intentar que los estímulos del exterior: voces, ruidos, colores, palabras, rostros, provoquen reacciones que, en mi caso, se plasman en la forma de breves escritos. Y ese proceso es algo que, aunque tímidamente y de forma inconsciente, creo, conservan los japoneses cuando contemplan la luna llena o las flores del cerezo, cuando admiran una pieza de cerámica o cuando disfrutan el sonido de una campanilla al viento durante las noches de verano. De forma un poco timorata y atrevida, puede decirse que este es uno de los vínculos que podríamos trazar entre mis poemas y Japón.

P.- El título del libro Cegado por el ruido describe muy bien el mensaje que quieres trasmitir a lo largo del poemario. Pero, ¿es ruido solamente el sonido o hay ruido en nuestra vida cotidiana que nos interfiere en la concentración de las cosas que nos importan?

R.- El ruido es un elemento simbólico dentro del poemario para representar todo aquello que entorpece la comunicación entre las personas o nos impide alcanzar lo que queremos. Puede adoptar la forma de las obligaciones de la vida diaria, las imposiciones que uno se hace muchas veces de forma ridícula, el miedo, la ansiedad, etc. Cuando digo “uno”, puede ser tanto “yo” como “tú” dentro del poemario.

P.- La segunda parte de tu poemario su titula Quince poemas para ella, en los que tratas uno de los principales temas de la poesía. Me ha sorprendido mucho la manera de hacerlo, muy innovadora, en la que te fijas en los pequeños detalles casi imperceptibles a los ojos de los demás, pero muy importantes para la persona que se siente enamorada. ¿Es quizás el amor una forma mejor de ver el mundo?

R.-  Sí, es cierto que el amor te permite fijarte en pequeños detalles que normalmente pasan desapercibidos. Pero es un arma de doble filo. Por un lado puedes disfrutar más del estado de euforia que acompaña al enamoramiento, pero, al mismo tiempo, si la otra persona no responde de la misma manera, se establece una disparidad emocional que puede conducir a la enajenación mental.

P.- El reflejo de uno mismo en el ser amado es tal vez uno de los mejores espejos. ¿Es quizás necesario para conocernos a nosotros mismos, para conocer al ser humano?

R.- Es evidente que cuando el amor dirige tus actos, puedes vencer miedos o sobrepasar las barreras que dicta la cordura. Pero esos actos, indefectiblemente, van dirigidos a la persona a la que amas, por eso tú mismo eres el primero en apreciar las consecuencias, ya sean buenas o malas. Entonces, si uno logra mantener la calma y es capaz de juzgar con ecuanimidad, es una buena oportunidad para conocerse mejor a sí mismo.

P.- ¿De los autores que has leído cuáles piensas que han influido más en tu poesía y qué libros recomendarías como lecturas imprescindibles?

R.- Recuerdo con nostalgia unos poemas de Oliverio Girondo; después anduve mucho tiempo con los libros de Pierre Reverdy debajo del brazo, abriéndolos por una página al azar para decidir qué iba a hacer durante los cinco minutos siguientes, y últimamente he estado leyendo con ganas la obra de Bolaño. En todo caso, hay que leer y leer para no embrutecer el cerebro y para empezar a pensar.


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