TU SILENCIO
Autor: Nancy Ordóñez
Editorial Poesía eres tú, Madrid, 2026
55 poemas organizados en 4 partes
TÍTULO Y AUTOR
Nancy Ordóñez presenta con Tu silencio un poemario que fusiona testimonio político colombiano con lírica personal sin subordinar una dimensión a la otra. La autora, colombiana residente en España, construye voz poética desde identidad transnacional que le permite dialogar con tradiciones múltiples: poesía social española de posguerra, testimonialismo latinoamericano de Cardenal o Alegría, y lírica contemporánea de redes digitales. Esta posición liminal —ni completamente europea ni exclusivamente latinoamericana— le otorga perspectiva singular para escribir sobre violencia estructural sin caer en exotización ni en universalismo abstracto.
La formación de Ordóñez se percibe en referencias culturales que atraviesan el poemario: Dante, Amalia Rodrigues, García Márquez, Freire, Nietzsche, Beauvoir, Gramsci, los Parra, Borges. No son citas ornamentales sino genealogía operativa: pensadores y artistas que sostienen. La autora escribe desde experiencia de violencia colombiana (masacres del Chocó, protestas de 2021) pero también desde pandemia global, crisis climática, colonización digital de subjetividad. Pertenece a generación que heredó guerras no elegidas y debe inventar lenguajes para nombrar dolor sin narrativas redentoras previas. Tu silencio es respuesta a esa necesidad: poesía que rechaza consolación fácil pero ofrece arquitectura para sostener fragmentación.
RESUMEN CONCEPTUAL
El eje conceptual que estructura Tu silencio es transformación de silencio impuesto en voz propia mediante escritura poética. El título señala problema: silencio como violencia externa que anula capacidad de hablar. El poemario entero es proceso —no resultado— de conquistar voz. Ordóñez no promete sanación completa; documenta camino desde mutismo hacia palabra precaria pero efectiva.
El universo emocional recorre cuatro territorios claramente demarcados. Parte 1 “Entre las sombras del silencio” (11 poemas) sumerge en fragmentación identitaria: yo poético que no se reconoce en espejo, dolor indefinido que busca nombre. Parte 2 “Los Ojos Silenciados” (23 poemas, la más extensa) ancla dolor privado en violencia histórica: pandemia, masacres del Chocó colombiano, crisis climática, adicción. Parte 3 “Voces que rompen el silencio” (7 poemas) cambia registro: de testimonio a convocatoria, construye genealogías de resistencia femenina (mujer guerrera, niña chocoana, Amalia Rodrigues, autora misma). Parte 4 “En Las Aguas De La Vida” (14 poemas) explora renacimiento frágil sin triunfalismo.
La trayectoria es inmersión → testimonio → resistencia → renacimiento. No es arco redentor sino movimiento desde incapacidad de hablar hacia voz que se constituye precariamente. Los 55 poemas alternan formas: predomina verso libre con métrica irregular, aparecen versículos para momentos testimoniales extensos, poemas breves de 5-9 versos que funcionan como aforismos, y prosa poética final que cierra libro reconociendo que narrativa (García Márquez) también salva. La heterogeneidad formal replica multiplicidad temática sin perder coherencia tonal.
ANÁLISIS DE ELEMENTOS POÉTICOS
Arquitectura del poemario
La estructura de cuatro partes con títulos programáticos establece progresión emocional rigurosa que permite multiplicidad temática sin dispersión. Cada parte cumple función específica en economía del libro. Parte 1 funciona como inmersión: poemas breves, imágenes crípticas (“negativo de placa en blanco”, “espejo quebradizo”), preguntas sin respuesta. El lector entra desorientado, replica experiencia de voz poética que no encuentra lenguaje para nombrar dolor.
Parte 2 ejecuta movimiento crucial: contextualiza dolor privado en violencia estructural. “Presente” opera como bisagra: “Soy de este tiempo, el de las mentiras y tristezas / donde las palabras rapaces sepultan las ideas / y los cuerpos sangrientos visten los paisajes / sobre los leños cenicientos”. Declara que “este mi tiempo… / el de los ojos silenciados” no es condición metafísica sino momento histórico específico. Los poemas siguientes documentan: “Covid” sobre pandemia, “La primera línea” homenaje a personal sanitario, “Serpiente azul” testimonio de violencia del Chocó, “Solos” sobre crisis climática. La acumulación transforma percepción del libro: ya no es diario íntimo sino archivo de época.
Parte 3 es la más breve pero estratégica. Después de 34 poemas de diagnóstico, “Mujer…” interpela: “Mírate al espejo / colócate el casco, y tu coraza brillante, / desenfunda tu espada y atraviesa los vientos / antes que el nuevo dolor se siembre en tu alma”. Cambia de segunda persona testimonial a imperativo convocatorio. El libro deja de representar dolor ajeno; llama al lector (especialmente lectora) a acción. Esta ruptura del pacto de lectura es decisión arriesgada coherente con concepto: no basta documentar violencia; hay que convocar resistencia.
Parte 4 cierra con renacimiento sin euforia. “Gratitud” celebra pero contenidamente: “Ahora / te miro vida / sin leyes ni vacíos / pintando corazones de rojo / mientras / yo sigo bebiendo tu elixir de agua / gritando al mundo mi existencia”. El grito no es triunfal; es afirmación mínima. El cierre con “A Gabo” (prosa sobre salvación mediante lectura de García Márquez) introduce ambigüedad productiva: ¿literatura salva o anestesia? El verbo “sucumbir” (“me fundo en —el relato de un náufrago— y sucumbo entre sus mágicas palabras”) connota rendición tanto como entrega. Es final honesto: no resuelve tensiones de manera artificial.
Análisis métrico-formal
Ordóñez domina verso libre con sensibilidad rítmica notable. Aunque no sigue patrones métricos fijos, distribuye acentos y pausas con criterio que evita prosaísmo. “Latente” construye flujo mediante encabalgamientos suaves: “Y yo, volcán dormido / en tus cálidas aguas / con tu arrullo latiendo / al fundirme en tu playa”. Los versos oscilan entre 7 y 11 sílabas, generando cadencia que replica oleaje marino mencionado en contenido. La forma mimetiza contenido: volcán sumergido en agua se expresa mediante verso que fluye sin rigidez métrica pero con ritmo interno reconocible.
El uso de versículo en poemas de carga testimonial demuestra criterio formal sofisticado. “Serpiente azul” despliega: “como cualquier río del chocó desde el dos mil dos / con cantos de cuerpos por día, mutilados en dolor / navegando sin memoria en sus sarcófagos de agua”. La unidad extensa permite acumulación de evidencias sin perder textura poética. Ordóñez evita que versículo devenga prosa cortada arbitrariamente mediante imágenes densas (“sarcófagos de agua”, “hadas de piel azul”) que anclan poeticidad. La elección formal es coherente: para testimoniar violencia masiva se necesita espacio discursivo que el verso breve no permite, pero sin renunciar a condensación lírica.
Los poemas breves de corte aforístico exhiben dominio de economía verbal. “Poema” condensa universo emocional en tres versos: “En estas frías noches de mi alma / el claro de luna está en su laguna / y su lamento de silencio en este poema”. Cada palabra pesa. “Frías noches de mi alma” establece paisaje interior, “claro de luna está en su laguna” crea imagen visual de reflejo (luna/laguna), “lamento de silencio” es oxímoron que condensa tema del libro (silencio que duele, que lamenta), “en este poema” es giro metacrítico (el poema habla de sí mismo como continente de lamento). En nueve palabras, Ordóñez construye reflexión sobre poesía como espacio donde silencio puede transformarse en forma audible.
La innovación formal más arriesgada es cierre con prosa poética. Después de 54 poemas en verso, “A Gabo” rompe expectativa: “Hoy heme aquí en soledad con un vacío que me invade, sin un camino claro / confusa y en trance, aun sin fuerza, entre las olas de este inmenso mar”. Es gesto metacrítico que reconoce que salvación vino de leer narrativa de García Márquez. La poesía admite que otras formas literarias también sostienen. Esta humildad formal —rechazar purismo de género— actualiza tradición: poesía contemporánea dialoga con narrativa, ensayo, canción sin considerar esas fusiones contaminación.
Estilo y lenguaje
El registro lingüístico oscila estratégicamente entre culto con referencias eruditas y directo próximo a coloquial. Ordóñez construye voz híbrida que no sacrifica complejidad ni renuncia a comunicabilidad. “Y ahora” enumera: “entre Alighieri y Zeus / nos quedamos en la nada / nada de un claro de luna regalado al mundo / ni tampoco un piano al vuelo por Liszt / y mucho menos de Schubert, ni de Ravel, ni de Aranjuez / ni tampoco del grabado de Da Vinci”. Referencias a Dante Alighieri, Zeus, compositores clásicos europeos y Leonardo da Vinci establecen formación cultural. Pero inmediatamente: “solo este repicar de agua / que aún corre por el estrecho camino / hacia este abismo frío”. El contraste entre promesa cultural (Liszt, Da Vinci) y realidad básica (repicar de agua) funciona porque lenguaje culto no es pedantería sino coordenada cultural que se niega.
El campo semántico dominante es híbrido: vocabulario corporal (piel, huesos, ojos, sangre, venas, esternón, retina), acuático (río, mar, agua, lágrima, lluvia), ígneo (fuego, volcán, ceniza, llama), visual (espejo, reflejo, sombra, negativo) y sonoro (silencio, canto, fado, grito, marimba). Esta multiplicidad replica multiplicidad temática pero se sostiene mediante recurrencia: espejo aparece en “Somos”, “Rescate”, “Contemplación”, “Mujer…”, “Cárcel” con funciones distintas pero reconocible como símbolo vertebrador.
Los recursos retóricos principales son anáfora con función rítmica y obsesiva, metáfora sensorial que materializa emociones en experiencias físicas, personificación de fuerzas abstractas, y diálogo implícito yo-tú con interlocutor múltiple. “Aquel” construye letanía mediante anáfora: “Al que silencia nuestros ojos / cuando los gritos nos invaden. / Al que trasmuta nuestros cuerpos / y los funde con las almas”. La repetición de “Al que” genera ritmo de acusación sostenida, pensamiento que no puede escapar de su objeto.
El tono predominante es contención sin frialdad: dolor expresado sin autocompasión, denuncia sin histeria, celebración sin euforia. “Serpiente azul” testimonia horror del Chocó: “con cantos de cuerpos por día, mutilados en dolor / navegando sin memoria en sus sarcófagos de agua”. La imagen es brutal pero presentada sin exclamaciones, sin adjetivación excesiva. Esta contención tonal genera credibilidad: no es grito desesperado sino constatación sostenida.
La originalidad del lenguaje reside en fusión sin jerarquías entre intimidad y política, lirismo y testimonio, referencias cultas y experiencia corporal inmediata. “La Comedia Femenil” lista pensadores heterogéneos: “sobrevivo con los ecos de Freire Y Nietzsche / y los cantos de Nicanor, Neruda y Beauvoir / me susurran Gramsci, Miguel Hernández y Machado”. En dos versos transita de Paulo Freire (pedagogo brasileño) a Friedrich Nietzsche (filósofo alemán), de Nicanor Parra (poeta chileno) a Simone de Beauvoir (feminista francesa), de Antonio Gramsci (marxista italiano) a poetas españoles. La genealogía es cosmopolita sin privilegiar Europa, construye tradición personal que no respeta fronteras nacionales ni disciplinares. Esta voz mestiza —geográfica, cultural, generacionalmente— es inconfundible.
Universo simbólico
Los espacios líricos que habita Tu silencio son cuerpo fragmentado, espejo como superficie de (des)conocimiento, agua en transformaciones múltiples, y geografía específica (Chocó colombiano, Lisboa del fado, España de Amalia Rodrigues). No son escenarios decorativos sino territorios donde se libra batalla por voz propia.
El cuerpo aparece sistemáticamente: “te adentras en mis huesos / al reverso de mis ojos”, “Esta piel de barrotes no quiere aflojarse / encarnada en mis huesos”, “Las venas se estrechan / y el esternón se aprieta”. Ordóñez rechaza abstracción; cada emoción tiene correlato corporal. El dolor no se describe conceptualmente; se localiza en órganos específicos. Esta encarnación genera potencia: lector no solo entiende sufrimiento; lo siente físicamente mediante metáfora.
El espejo funciona como símbolo polivalente central. “Somos” presenta: “en reflejo cubierto de rojo / serpiente azul por el cuerpo / en latente movimiento / negativo de placa en blanco / la nada, un instante de ahora / cegados sin rescate / al espejo quebradizo”. El espejo es identidad fragmentada, superficie que no devuelve imagen coherente sino negativo fotográfico. “Rescate” insiste: “Otra vez la gruta en el espejo / el humo se expande, me ahoga / fuego y dolor en esta llaga / cubriendo mi reflejo / y yo… / ya no me encuentro”. El espejo es espacio de pérdida, no de reconocimiento. Más adelante solicita: “en tu espejo de mar / lava mi alma”. Aquí deviene superficie purificadora. En “Contemplación”: “Mi ser y el firmamento son el espejo”. El yo no se mira en espejo; él mismo es espejo donde cosmos se refleja. La polisemia del símbolo es productiva: no se agota en significado único.
El agua atraviesa libro con metamorfosis múltiples coherentes con arco narrativo. Parte 1 y 2: agua como ahogo (“Se llevaron mi retina llena de agua”), río mortífero (“como cualquier río del chocó desde el dos mil dos / con cantos de cuerpos por día, mutilados en dolor / navegando sin memoria en sus sarcófagos de agua”), lágrima contenida. Parte 4: agua como vida renovada (“yo sigo bebiendo tu elixir de agua / gritando al mundo mi existencia”), mar purificador (“a la orilla de tu mar de plata / bajo tu bóveda color humo / mientras los ballenatos nacen / en las caricias de tus cálidos ríos”). La transformación del símbolo replica transformación emocional del libro sin explicitar conexión: forma confía en inteligencia del lector.
La geografía específica ancla libro en historia concreta sin folklorismo. El Chocó colombiano no es paisaje pintoresco sino territorio de violencia paramilitar. “Niña chocoana” dice: “Como el sonido de la caracola en tu oído / el río llega a las bocas de esta tierra / besando tus pies descalzos / en las arenas de tu río Atrato”. El Atrato es río real donde ocurrieron masacres documentadas. “Serpiente azul” especifica: “desde el dos mil dos” (recrudecimiento de guerra durante gobierno Uribe). Ordóñez no explica contexto; asume lector informado o dispuesto a investigar. Es decisión arriesgada coherente: testimonio no didactiza.
INTERPRETACIÓN Y JUICIO CRÍTICO
Interpretación fundamentada
El simbolismo central es silencio como violencia activa que debe transformarse en voz mediante construcción poética deliberada. Ordóñez no entiende silencio como ausencia pasiva sino como imposición: “Al que silencia nuestros ojos / cuando los gritos nos invaden”. Hay gritos interiores pero poder externo los anula. La fenomenología del silencio incluye dimensiones psicológica (“tu eco invasivo / siempre llenando de frío / el infinito hueco de mi soledad”), política (“Es este mi tiempo… / el de los ojos silenciados”) y cultural (fado portugués como canto de resistencia contra franquismo).
La metáfora central sostiene que silencio no se rompe mediante grito espontáneo sino a través de arquitectura poética. Parte 3 titulada “Voces que rompen el silencio” no presenta poemas de denuncia explosiva sino ejercicios de reconstitución identitaria: mujer como guerrera, niña chocoana conectada a ancestros, Amalia Rodrigues como símbolo de voz indomable. La ruptura del silencio es proceso técnico (escribir poemas), no catarsis espontánea. Esta tesis poética es sofisticada: reconoce que emociones no bastan; se necesita forma que las contenga y transmita.
El mensaje subyacente es que dolor personal es siempre producto de estructura violenta. Ordóñez rechaza separar intimidad de política. “Presente” declara: “Soy de este tiempo, el de las mentiras y tristezas / donde las palabras rapaces sepultan las ideas / y los cuerpos sangrientos visten los paisajes”. El “yo” no es mónada aislada; está situado en “este tiempo” específico. Cuando escribe sobre desamor (“Me hubiese gustado tenerte cerca… / con tus sueños abiertos al cielo”), inmediatamente contextualiza en época donde “el omnipresente algoritmo / sin amor, ni dolor, su piel sigue lisa, no se eriza”. La incapacidad de amar es también producto de colonización digital de subjetividad.
La coherencia interna es notable: cada decisión formal responde a concepto central. Los poemas breves de Parte 1 replican ahogo (“con mis consonantes / ausentes de vocales / y afuera… / solo lluvia”). La sintaxis fragmentada mimetiza incapacidad de articular discurso completo. Los versículos de Parte 2 permiten desarrollo testimonial necesario para contextualizar dolor. Los poemas de Parte 4 tienen sintaxis más fluida, respiración amplia: voz finalmente conquistada. La forma no es arbitraria; es réplica del contenido.
Evaluación técnica
Originalidad: En panorama saturado por poesía confesional apolítica (Elvira Sastre, Defreds) y poesía política sin intimidad (cierto testimonialismo latinoamericano), Ordóñez fusiona dimensiones sin que ninguna cancele a la otra. No es poetisa de redes sociales que ocasionalmente menciona contexto; es poeta que asume que política habita intimidad. La originalidad no está en tema (dolor, resistencia, renacimiento son universales) sino en tratamiento: rechaza narrativa redentora fácil. Parte 4 no promete sanación completa; ofrece renacimiento frágil. En mercado donde predomina poesía de autoayuda (dolor siempre deviene aprendizaje), Ordóñez sostiene que dolor puede no tener sentido. Es honestidad radical.
Coherencia: La metáfora del silencio transformado en voz se sostiene rigurosamente de inicio a fin sin agotarse. Cada parte del libro explora faceta distinta: Parte 1 documenta silencio como experiencia psicológica, Parte 2 como producto de violencia estructural, Parte 3 como objeto a quebrar mediante acción deliberada, Parte 4 como condición superada precariamente. No hay contradicciones; hay despliegue sistemático. La única tensión productiva es final ambiguo: ¿literatura salva o anestesia? Ordóñez mantiene ambigüedad sin resolverla, replica honestidad de no tener respuestas definitivas.
Dominio formal: Ordóñez exhibe versatilidad técnica sin exhibicionismo. Maneja verso libre con sensibilidad rítmica, versículo sin caer en prosaísmo, poemas breves con economía verbal, prosa poética sin abandonar intensidad lírica. La alternancia entre formas no es caprichosa; cada poema tiene forma orgánica a su contenido. “Cuerdas” sobre fado emplea versos largos que replican melodía lánguida. “Covid” usa sintaxis fragmentada que comunica claustrofobia pandémica. “Contra nocturno” construye ritmo ceremonial mediante repeticiones anafóricas. El dominio técnico se percibe en naturalidad: nunca se nota esfuerzo formal, forma parece inevitable.
Impacto emocional: El libro genera identificación sin manipular. Ordóñez construye conexión mediante imágenes universales (soledad, pérdida, búsqueda) ancladas en experiencia específica (violencia colombiana, pandemia, algoritmos). “Rescate” pregunta: “¿Cómo variar este ritmo? / ¿Cómo darle alegría al día? / ¿Cómo danzar con sus colores / y hacerme libre?”. Las preguntas son universales pero situadas en momento de bloqueo que lectores contemporáneos reconocen. La conexión emocional no es inmediata para todo público; requiere disposición a habitar incomodidad. Ordóñez no consuela; acompaña. Es apuesta por lector adulto que no busca catarsis sino lucidez.
Contribución al género: Tu silencio actualiza tradición de poesía social española (Otero, Celaya, Hierro) y testimonialismo latinoamericano (Cardenal, Dalton) incorporando perspectiva feminista ausente en aquellos autores y referencias a tecnología digital ausentes en su época. Dialoga con poesía actual sin subordinarse a modas. No persigue viralidad de redes ni hermetismo académico; construye tercer espacio: poesía compleja legible, política sin panfleto, culta sin pedantería. Abre camino para poetas que rechazan falsa elección entre accesibilidad o sofisticación.
Fortalezas técnicas y apuestas arriesgadas
Fortaleza 1: Arquitectura de cuatro partes con progresión emocional rigurosa. La estructura no es arbitraria; replica transformación de silencio en voz. Cada parte cumple función específica sin redundancia. Parte 1 sumerge, Parte 2 contextualiza, Parte 3 convoca, Parte 4 renueva. Esta claridad arquitectónica permite multiplicidad temática sin dispersión. Ordóñez puede escribir sobre desamor, pandemia, crisis climática, violencia colombiana, resistencia femenina sin que libro devenga miscelánea porque progresión emocional unifica. Es fortaleza técnica notable: sostener coherencia sin exigir tema único.
Fortaleza 2: Metáforas sensoriales que materializan emociones abstractas. Ordóñez rechaza describir dolor conceptualmente; lo localiza en cuerpo. “Del madero encendido / hundido en el fondo de mi pecho / sale un hilo de sangre caliente / destilando mis ojos por siempre” transforma sufrimiento en experiencia física concreta (madero ardiente en pecho, sangre que destila en ojos). Esta encarnación sistemática genera potencia lectora: no solo se entiende dolor; se siente. La técnica replica tradición de poesía corporal latinoamericana (Alejandra Pizarnik, Cristina Peri Rossi) actualizándola con referencias contemporáneas (algoritmos, pandemia).
Fortaleza 3: Oscilación entre registro culto y directo sin jerarquías. Ordóñez cita a Dante, Liszt, Freire, Nietzsche, Beauvoir, Borges sin pedantería porque referencias funcionan orgánicamente. “La Comedia Femenil” lista pensadores que sostienen; no son exhibición erudita sino compañía real. Simultáneamente emplea imágenes directas: “Yo, andaba cual babosa pegada a ti / denigrando de tu sombra”. La comparación “cual babosa” introduce humor amargo sin academicismo. Esta versatilidad lingüística construye voz mestiza que no sacrifica complejidad ni renuncia a comunicabilidad. Es fortaleza que diferencia a Ordóñez de poetas que eligen entre accesibilidad o hermetismo.
Apuesta arriesgada 1: Parte 2 se extiende deliberadamente (23 de 55 poemas) para replicar peso insoportable de violencia estructural. Es decisión coherente con concepto: testimoniar época de ojos silenciados requiere acumulación. “Covid”, “La primera línea”, “De luto”, “Un adiós”, “Necropsia”, “Serpiente azul”, “Solos” construyen archivo de horror mediante repetición no redundante sino acumulativa. Lectores que valoran honestidad estructural sobre entretenimiento constante apreciarán esta apuesta que privilegia autenticidad testimonial. Es poemario para quien entiende que documentar violencia masiva exige espacio proporcional a magnitud del tema. Lectores que buscan progresión narrativa rápida pueden experimentar densidad; ese es precisamente el punto: sentir peso de época mediante forma.
Apuesta arriesgada 2: Referencias a contexto colombiano sin explicación didáctica. “Serpiente azul” menciona “cualquier río del chocó desde el dos mil dos / con cantos de cuerpos por día”. “Un hilo en el tiempo” habla de “veinte seis heroínas” (alfabeto fonético de FARC). Ordóñez no contextualiza; asume lector informado o dispuesto a investigar. Es decisión coherente con rechazo de exotización: Colombia no es paisaje que debe traducirse para consumo europeo; es geografía real con historia específica. Lectores dispuestos a investigar contexto ganarán densidad; lectores que esperan poesía que explique todo pueden sentir opacidad. Esa opacidad es política: el libro rechaza posición de nativo informante que debe educar a metrópolis. Es poemario para público que valora autonomía del texto sobre accesibilidad total.
TÉCNICAS INNOVADORAS PARA LECTOR CONTEMPORÁNEO
Tu silencio incorpora experiencia digital sin caer en mención superficial de tecnología. “Un silencio en silencio” construye crítica: “Un río vibrante y cálido se ha hecho canto / bajo los verdes ojos de las veraneras / llevando quimeras amores y sueños / a través del big data, el rey en tu cerebro / no siente frío, el omnipresente algoritmo / sin amor, ni dolor, su piel sigue lisa, no se eriza / en sus luces sin versos, la ternura es vendida / en la pantalla los gemidos interminables / los humanos, no escriben, ya no son canto”. La referencia a “big data” y “algoritmo” no es exhibición de contemporaneidad sino diagnóstico: tecnología coloniza subjetividad, elimina capacidad de sentir (“su piel sigue lisa, no se eriza”), mercantiliza intimidad (“la ternura es vendida / en la pantalla”), anula escritura (“los humanos, no escriben, ya no son canto”). Ordóñez no rechaza tecnología por nostalgia; denuncia que deshumaniza. Es crítica relevante para generación que creció con pantallas.
La actualización de formas tradicionales con contenido contemporáneo es estratégica. El fado portugués (tradición musical del siglo XIX-XX) aparece en “Cuerdas” no como referencia folklorista sino como símbolo de resistencia cultural contra franquismo. Ordóñez establece paralelo: “como lo hizo Portugal contra el franquismo, con su fado de canto y poesía, y como el pueblo chocoano resiste a la violencia, con sus ritmos, alabaos y arrullos”. Fado y alabaos afrocolombianos son tecnologías ancestrales de supervivencia mediante canto. La tradición no es museo; es herramienta operativa para presente.
El libro conecta con experiencias generacionales específicas: precariedad emocional (“Me hubiese gustado tenerte cerca… / con tus sueños abiertos al cielo. / Porque yo sigo aquí sola en mí”), encierro pandémico (“Covid”: “Paso del día a la noche / en el fondo de este caño / cansada de ver y no ser / de repetir y no encontrar”), crisis climática (“Solos”: “Con este fuego y sus tormentas / un paisaje mortuorio nos acecha / entre polvo y tierra la corneta / con su último silencio emerge / cerrando este milenio”). Ordóñez escribe para generación que heredó catástrofes múltiples sin narrativas de esperanza previas. No ofrece soluciones; documenta condición.
El equilibrio entre accesibilidad y sofisticación formal es notable. Ordóñez puede leerse en dos niveles: lector general capta arco emocional (dolor-resistencia-renacimiento) y conecta con poemas sobre soledad, pérdida, búsqueda. Lector especializado percibe segunda capa: diálogo con tradiciones poéticas, referencias intertextuales, decisiones formales estratégicas. “Volar” funciona como poema accesible: “una blanca gaviota / se llevó mis malos recuerdos, / desde entonces / siempre / canto a la luna”. Simultáneamente, lector formado reconoce tradición de gaviota como símbolo de liberación (Alberti, Neruda). Es doble circuito efectivo.
Respecto a circuitos de difusión, Tu silencio se posiciona en zona intermedia: no persigue viralidad de redes sociales (rechaza frases-eslogan, mantiene complejidad) ni se refugia en hermetismo académico (evita oscuridad innecesaria). Publicado por Editorial Poesía eres tú (editorial independiente especializada), el libro apela a público que lee poesía seriamente pero no exclusivamente en universidad. Es apuesta por lector adulto que compra libros de poesía porque busca pensamiento además de sentimiento.
CONTEXTO HISTÓRICO Y CULTURAL
Contexto generacional
Nancy Ordóñez pertenece a generación de poetas nacidos en décadas de 1970-1980 que escriben desde experiencia de violencia latinoamericana no resuelta (Colombia no superó conflicto armado; firmó paz precaria en 2016 que no eliminó paramilitarismo), crisis económicas recurrentes, migración forzada. Tu silencio refleja experiencias de esa cohorte: desplazamiento geográfico (Colombia-España), multiplicidad de identidades (ni completamente latinoamericana ni europea), formación en tradiciones múltiples sin privilegiar canon occidental.
La referencia a “dos mil dos” en “Serpiente azul” sitúa libro en historia concreta: recrudecimiento de guerra en Chocó durante gobierno Uribe (2002-2010), momento de máxima violencia paramilitar. Ordóñez no escribe desde distancia temporal segura; testimonia violencia cuyas consecuencias persisten. “Un hilo en el tiempo” menciona “primer amanecer del dos mil veintitrés / cuando el sol abraza la luna y la dignidad se viste de verde”: elección de Gustavo Petro (primer presidente de izquierda en Colombia, 2022). El libro documenta época específica: Colombia post-acuerdo de paz, pandemia global, protestas de 2021 brutalmente reprimidas.
La generación de Ordóñez es primera que escribe después de narrativas redentoras (revolución, liberación nacional) se revelaron insuficientes. No hay horizonte utópico; hay necesidad de inventar lenguajes para sostener fragmentación sin promesa de totalidad futura. Tu silencio es producto de esa condición: poesía que rechaza consolación pero construye arquitectura para sobrevivir. Es documento generacional de quienes no heredaron esperanzas sino catástrofes múltiples y deben inventar modos de continuar.
Contexto poético actual
El panorama poético español y latinoamericano actual se caracteriza por polarización entre poesía viral de redes sociales (Elvira Sastre, Defreds, Loreto Sesma: versos breves, emocionales, accesibles, frecuentemente acusados de simplismo) y poesía experimental académica (Eduardo Moga, Ada Salas, José Luis Rey: hermetismo, fragmentación, lenguaje en límites, público restringido). Tu silencio se sitúa deliberadamente en tercer espacio: rechaza viralidad sin refugiarse en oscuridad.
Ordóñez dialoga con corriente de poesía testimonial latinoamericana actualizada: Raquel Lanseros, Valeria Tentoni, Luna Miguel (España), Cristina Rivera Garza, Sara Uribe (México), que fusionan lírica personal con denuncia política sin subordinar dimensiones. Comparte con ellas rechazo de separación entre intimidad y estructura social, pero se diferencia por énfasis en violencia específica de Colombia (Chocó, protestas de 2021) sin exotización.
También dialoga con renovación de poesía social española: Erika Martínez, Elena Medel, que recuperan compromiso político de Otero o Celaya incorporando perspectiva feminista y referencias contemporáneas. Sin embargo, Ordóñez introduce elemento diferencial: voz transnacional que no escribe desde España hacia Latinoamérica ni viceversa, sino desde identidad mestiza que rechaza nacionalismos.
La intervención de Tu silencio en panorama actual es propuesta de tercer espacio: poesía compleja legible, política sin panfleto, culta sin pedantería, íntima sin narcisismo. Es libro que demuestra que elección entre accesibilidad o sofisticación es falsa. Se puede escribir poesía que piensa sin ser hermética, que siente sin ser sentimental, que denuncia sin ser panfletaria.
COMPARACIÓN CON POETAS DEL SIGLO XX
Luis Cernuda y documentación del deseo insatisfecho
Ordóñez comparte con Cernuda (Generación del 27) documentación del deseo insatisfecho sin eufemismos ni sublimación. Cernuda escribió en Los placeres prohibidos (1931): “Los pajarillos querían verme muerto”, “Te quiero” con distancia elegíaca que construía dignidad mediante contención. Ordóñez escribe en “Tal vez…”: “Me hubiese gustado tenerte cerca… / con tus sueños abiertos al cielo. / Porque yo sigo aquí sola en mí… / cada noche / sin las caricias anheladas”. Ambos rechazan consuelo; documentan carencia. Cernuda mantenía distancia neoclásica (versos medidos, sintaxis equilibrada); Ordóñez elimina mediación (puntos suspensivos, verso quebrado, confesión directa). La diferencia marca distancia histórica: poesía del siglo XXI puede nombrar deseo sin metáforas protectoras que Cernuda necesitaba en época donde homosexualidad era criminalizada.
Blas de Otero y poesía como testimonio político
Blas de Otero (poesía social años 50) escribió en Pido la paz y la palabra (1955): “Aquí tenéis, en canto y alma, al hombre”, estableciendo poesía como testimonio de época. Ordóñez replica gesto en “Presente”: “Soy de este tiempo, el de las mentiras y tristezas / donde las palabras rapaces sepultan las ideas / y los cuerpos sangrientos visten los paisajes / sobre los leños cenicientos. / Es este mi tiempo… / el de los ojos silenciados”. Ambos sitúan voz poética en coordenada histórica precisa, rechazan lirismo evasivo. Otero escribía desde promesa de futuro colectivo (socialismo como horizonte); Ordóñez desde escepticismo post-utópico (no hay promesa, solo resistencia continua). La distancia replica transformación de conciencia política: generación de Otero creía en revolución; generación de Ordóñez debe inventar modos de resistir sin horizonte redentor.
Gloria Fuertes y fusión de registro culto y coloquial
Gloria Fuertes construyó voz que fusionaba referencias cultas con lenguaje directo sin jerarquías. En Que estás en la tierra (1962) escribió: “Ya sé que no soy guapa ni lo quiero, / mi madre me hizo libre, no me hizo soltera”. Mezclaba filosofía existencial con sintaxis cotidiana. Ordóñez replica técnica: “Yo, andaba cual babosa pegada a ti / denigrando de tu sombra / dejando la estela brillante / al paso lento de la noche”. La comparación “cual babosa” es coloquial pero imagen de “estela brillante” es lírica. Ambas rechazan división entre poesía alta y baja. Fuertes lo hacía desde posición de poeta marginalizada por canon; Ordóñez desde identidad transnacional que no respeta fronteras culturales. La diferencia es que Fuertes escribía para democratizar poesía; Ordóñez asume esa democratización como punto de partida.
Claudio Rodríguez y poesía de transfiguración
Claudio Rodríguez (Generación del 50) construyó en Don de la ebriedad (1953) poesía de transfiguración donde elementos cotidianos devenían epifanías. Ordóñez comparte capacidad de transformar dolor en materia poética luminosa. “Serpiente azul” dice: “Y yo bajo el rosal / con murmullos de mariposas monarcas / en gota temblorosa resbalando al sol / entre nube y río al llanto / de marimbas por la piel / tintinando libre soy”. El horror previo (cuerpos mutilados en río) se transfigura en imagen de liberación (marimba que tintinea en piel). Rodríguez transfiguraba mediante metafísica (lo cotidiano revelaba trascendencia); Ordóñez mediante política (lo íntimo revela estructura violenta). La diferencia es que Rodríguez buscaba eternidad; Ordóñez busca supervivencia histórica concreta.
COMPARACIÓN CON POESÍA CONTEMPORÁNEA
Piedad Bonnett: dolor sin autocompasión
Piedad Bonnett (Colombia, 1951) escribió en Lo que no tiene nombre (2013) sobre suicidio de su hijo con lucidez devastadora: “Hay una tristeza sin lágrimas / que se instala como una enfermedad crónica”. Ordóñez comparte contención: “Lo Inevitable”: “El dolor danza a la luz de la luna / mientras el sol se apaga en su cripta / y yo… / muriendo con él, en su oscura noche”. Ambas rechazan sentimentalismo; transforman dolor en construcción poética rigurosa. La diferencia es generacional: Bonnett escribe desde yo constituido que enfrenta tragedia; Ordóñez desde yo fragmentado que busca constituirse. Bonnett documenta pérdida específica (muerte de hijo); Ordóñez pérdida difusa (identidad, voz, horizonte colectivo). Ambas demuestran que poesía colombiana contemporánea rechaza folklore pintoresco; construye lucidez ante horror.
Ada Salas: fragmentación y límites del lenguaje
Ada Salas (España, 1965) construye en Ashes to Ashes (2011) poesía de fragmentación donde verso estalla en partículas. Ordóñez emplea fragmentación ocasional: “solo / mi pasado e historia” (verso aislado que comunica soledad mediante forma). Sin embargo, mantiene comunicabilidad que Salas rechaza. Salas escribe para poetas; persigue límites del lenguaje. Ordóñez quiere ser leída por públicos amplios sin sacrificar complejidad. La diferencia marca posiciones estéticas: Salas privilegia experimentación; Ordóñez privilegia testimonio que requiere legibilidad. Ambas son legítimas; responden a necesidades distintas.
Luna Miguel: poesía desde cuerpo y tecnología
Luna Miguel (España, 1990) escribe en Bluebird (2018) poesía desde cuerpo atravesado por tecnología digital: “Me despierto con el teléfono en la mano / y una notificación que dice que alguien me quiere”. Ordóñez comparte diagnóstico: “el omnipresente algoritmo / sin amor, ni dolor, su piel sigue lisa, no se eriza”. Ambas entienden que tecnología no es herramienta neutral; coloniza subjetividad. Miguel escribe desde inmersión en cultura digital (Instagram, Tinder); Ordóñez desde distancia crítica (migración geográfica permite perspectiva). La diferencia es que Miguel documenta experiencia digital sin juicio moral; Ordóñez denuncia deshumanización. Ambas contribuyen a mapear cómo poesía contemporánea debe incorporar tecnología sin reducirse a mención superficial.
OPINIÓN PERSONAL FUNDAMENTADA
Tu silencio es poemario necesario en panorama poético actual. La fusión sin jerarquías entre intimidad y política, testimonio colombiano y referencias transnacionales, lirismo y denuncia, construye voz singular que no replica fórmulas establecidas. Ordóñez rechaza falsa elección entre poesía accesible apolítica y poesía política hermética; demuestra que se puede escribir complejidad legible.
La fortaleza más notable es honestidad estructural. Ordóñez no promete redención; documenta transformación precaria de silencio en voz. Parte 4 no cierra con victoria sino con renacimiento frágil: “Ahora / te miro vida / sin leyes ni vacíos / pintando corazones de rojo / mientras / yo sigo bebiendo tu elixir de agua / gritando al mundo mi existencia”. El grito no es triunfal; es afirmación mínima. En mercado saturado de poesía que convierte dolor en lección edificante, esta honestidad es radical. El libro sostiene que dolor puede no tener sentido pero sí puede tener forma: poema. Esa modestia conceptual es paradójicamente ambiciosa: poesía no salva; acompaña.
La segunda fortaleza es versatilidad formal sin exhibicionismo. Ordóñez maneja verso libre, versículo, poemas breves, prosa poética con naturalidad. Nunca se nota esfuerzo técnico; forma parece inevitable. “Latente” construye flujo mediante verso que replica oleaje: “Y yo, volcán dormido / en tus cálidas aguas / con tu arrullo latiendo / al fundirme en tu playa”. “Serpiente azul” emplea versículo para acumular evidencias testimoniales sin perder textura poética. “Poema” condensa universo en tres versos. Esta versatilidad permite que libro evite monotonía sin caer en esquizofrenia formal.
La experiencia de lectura es inmersiva sin ser agobiante. Ordóñez alterna momentos de intensidad con pausas respiratorias. Después de “Serpiente azul” (testimonio brutal de violencia del Chocó), coloca “Solos” (reflexión sobre crisis climática con tono más distanciado) y “Adicción” (poema breve sobre dependencia personal). La secuenciación demuestra criterio compositivo sofisticado: sabe que lector necesita oxigenar después de inmersión en horror.
Recomendación segmentada
A lectores habituales de poesía: Tu silencio ofrece densidad conceptual y técnica que satisface sin exigir doctorado. Ordóñez dialoga con tradiciones (Cernuda, Otero, Bonnett) sin academicismo. Lectores formados reconocerán referencias intertextuales (Dante, García Márquez, fado, Amalia Rodrigues) y apreciarán decisiones formales estratégicas (alternancia verso libre/versículo, poemas breves aforísticos, cierre con prosa). Es poemario que piensa además de sentir.
A lectores que descubren género: El libro ofrece múltiples puertas de entrada. Poemas como “Volar” (“una blanca gaviota / se llevó mis malos recuerdos”) son directamente accesibles sin perder profundidad. La arquitectura de cuatro partes con títulos claros facilita orientación. Ordóñez no asume conocimiento previo de tradiciones poéticas; construye mundo autónomo. Lectores que atraviesan crisis personal (desamor, pérdida, búsqueda de sentido) encontrarán identificación sin sentimentalismo.
A estudiantes de literatura: Tu silencio es material rico para análisis de cómo poesía contemporánea actualiza tradiciones sin repetirlas. Permite estudiar fusión de registros lingüísticos, uso de simbolismo recurrente sin alegoría, construcción de voz transnacional, incorporación de testimonio político sin panfleto. Es poemario que admite disección técnica sin perder potencia emocional.
A lectores interesados en testimonio político: El libro documenta violencia colombiana (Chocó, protestas de 2021) sin folklorismo ni victimización. Ordóñez rechaza posición de nativo informante que debe educar a metrópolis; testimonia desde autonomía. Lectores que valoran poesía como archivo de época encontrarán registro honesto de Colombia del siglo XXI sin exotización.
Especialmente indicado para: Lectores que valoran lucidez crítica sobre consuelo emocional, pensamiento además de sentimiento, complejidad sin hermetismo, política sin panfleto, intimidad sin narcisismo. Es poemario para quien entiende que poesía seria no es incompatible con legibilidad.
CONCLUSIÓN
La aportación principal de Tu silencio al género es demostración de que tercer espacio es posible: poesía compleja legible, política sin panfleto, íntima sin narcisismo. En panorama polarizado entre viralidad de redes sociales y hermetismo académico, Ordóñez construye voz que rechaza falsa elección. El libro prueba que se puede escribir complejidad sin alienar público general, que se puede testimoniar violencia sin simplificar, que se puede ser culta sin pedantería.
La posición de Nancy Ordóñez en panorama poético actual es singular: poeta transnacional que escribe desde identidad mestiza sin esencializar ninguna dimensión. No es poeta colombiana que menciona España ni poeta española que exotiza Colombia; es voz que habita frontera como territorio propio. Esta posición permite que Tu silencio dialogue con tradiciones múltiples (poesía social española, testimonialismo latinoamericano, lírica corporal feminista) sin subordinarse a ninguna.
La valoración final es que Tu silencio es poemario técnicamente solvente, conceptualmente coherente, emocionalmente potente sin manipular. Ordóñez construye arquitectura rigurosa que sostiene multiplicidad temática sin dispersión. Fusiona intimidad y política sin jerarquías. Rechaza narrativa redentora sin caer en nihilismo: ofrece renacimiento frágil, no victoria definitiva. Es honestidad que distingue libro de autoayuda versificada.
Tu silencio sostiene que poesía no salva; acompaña. Construye espacio donde silencio impuesto puede transformarse en voz precaria pero efectiva. En época de ojos silenciados por violencia múltiple (política, económica, tecnológica), ese acompañamiento no es poco. Es lo que poesía puede hacer: no resolver dolor sino darle forma que permita continuar. Y cuando gaviota se lleva malos recuerdos —no todos, solo algunos— esa victoria modesta es suficiente. Porque libro entero demuestra que resistencia no es triunfo espectacular sino afirmación sostenida: “gritando al mundo mi existencia”. Un grito que es también poema.
Crítica realizada por Ana María Olivares
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