CRÍTICA LITERARIA: ASÍ HABLÓ ARQUIPOETA

Miguel Torres Morales (Editor)
Editorial Poesía eres tú, 2025

  1. TÍTULO, AUTOR Y CONTEXTO

Así habló Arquipoeta se presenta como una operación editorial que desafía las convenciones del género lírico contemporáneo. Miguel Torres Morales no firma como poeta sino como editor que rescata textos coloniales del siglo XVIII peruano, atribuidos a un autor ficticio llamado Benigno Miguel María Delatorre Saracatu, conocido como “Arquipoeta”. Esta estrategia borgiana de falsificación erudita sitúa la obra en territorio liminar entre la creación poética, la arqueología literaria y la metaficción.

Torres Morales —cuya biografía real permanece deliberadamente oscurecida tras su personaje editorial— construye un prólogo académico donde contextualiza al Arquipoeta como poeta mestizo arequipeño perseguido por la Inquisición, comprometido con las rebeliones indígenas de Túpac Amaru y condenado al exilio. Este marco paratextual no es accesorio decorativo sino parte constitutiva del artefacto literario: obliga al lector a interrogar permanentemente la autenticidad, la autoría y la temporalidad del texto que tiene entre manos.

  1. RESUMEN TEMÁTICO

El poemario se organiza en libros independientes que conforman la “Primera Parte” de un proyecto más amplio. La herida de la rosa desarrolla un canto amoroso de corte neoplatónico dirigido a una figura femenina idealizada que funciona simultáneamente como amada terrenal, símbolo de la patria y representación del absoluto divino. El poeta profetiza su propia muerte y la permanencia de la rosa eterna más allá del tiempo destructor.

Carta de navegación elabora la metáfora del viaje marítimo como búsqueda existencial. El capitán-poeta navega por océanos literales y metafísicos, reflexionando sobre el oficio de la escritura, denunciando la corrupción colonial y explorando la relación entre memoria, identidad y lenguaje. La navegación se revela como estado ontológico del poeta: “Como nauegantes, nuestro es el tiempo y son nuestros los tinteros. Nuestra la mar y nuestro el horizonte”.

Los ejes temáticos centrales —amor sublimado, tiempo destructor, denuncia anticolonial, reflexión metapoética— se entrelazan en una trama lírica que rechaza la linealidad narrativa, prefiriendo una estructura en espiral donde los motivos retornan obsesivamente con variaciones.

III. ANÁLISIS DE ELEMENTOS LITERARIOS

Estructura Poética

La arquitectura del poemario rechaza toda cronología lineal. Los poemas no narran una historia sino que construyen una geografía emocional donde coexisten pasado, presente y futuro profetizado. Esta simultaneidad temporal es coherente con la propuesta estética: el Arquipoeta escribe desde el siglo XVIII pero profetiza el futuro peruano, mientras Torres Morales, desde 2025, reconstruye ese pasado ficticio, creando bucle temporal que disuelve las fronteras históricas.

La progresión entre secciones sigue lógica musical más que argumental. Temas y variaciones se suceden como movimientos de una sinfonía barroca: momentos de allegro apasionado (“¡Oh dulce Princesa del Alma, alta mar Amada!”), adagios contemplativos (“La luna se deshace en oraciones”), scherzos de indignación política (“¡Alta Audiencia de Lima, mi fatal Audiencia!”) y finales elegíacos (“Ignoraremos de largo el vero nombre de las cosas”).

Estilo y Lenguaje

El idiolecto del Arquipoeta constituye el logro técnico más notable de la obra. Torres Morales construye un castellano arcaizante riguroso que evoca el Siglo de Oro sin ser pastiche: grafías como “nauegantes”, “cibdad”, “effeto” alternan con sintaxis latinizante de hipérbaton extremo. Esta lengua inventada funciona como máquina del tiempo lingüística que transporta al lector a una oralidad extinta.

La métrica revela dominio técnico excepcional. El endecasílabo y el alejandrino se combinan en estructuras que evocan las silvas renacentistas, con rima asonante y consonante distribuida irregularmente. Consideremos este pasaje:

“Profetizo tu boca, tus manos, tus dientes, tu mirada,
tu pronto aparecer, frescura y brillo.
Profetizo que tú creces haciendo del mar y las olas
tu lienzo enamorada”

Los endecasílabos mantienen acentos en 6ª y 10ª sílabas, pero la sintaxis desborda los límites del verso mediante encabalgamientos que crean tensión rítmica. Esta fricción entre contención métrica y desbordamiento sintáctico mimetiza formalmente el conflicto entre pasión erótica y sublimación mística que tematiza el contenido.

El vocabulario combina registro culto latinizante con americanismos que revelan la condición mestiza del hablante: “chiguancos”, “alco”, “yunga”, “Rímac” se insertan naturalmente en un discurso poblado de referencias a Garcilaso, Dante y San Juan de la Cruz. Esta hibridación lingüística no es decorativa sino política: materializa en el lenguaje mismo el conflicto entre lo hispano y lo andino que define la identidad criolla.

Ambientación

La obra construye una geografía imaginaria que superpone tres espacios. El Perú virreinal del siglo XVIII —con sus Lima colonial, Arequipa natal, costa marina— funciona como escenario histórico. España —idealizada como “Hispania” amada y ausente— representa simultáneamente la patria cultural y el imperio opresor. El tercer espacio es puramente metafísico: el desierto místico, el mar ontológico, la rosa platónica que existe fuera del tiempo.

Esta triple ambientación genera constante desplazamiento perceptivo. Cuando el poeta declara “Mi patria fuiste, reflejo de mi Patria Verdadera”, nos movemos simultáneamente por tres dimensiones: la mujer amada como patria corporal, el Perú como patria terrenal, la Patria celestial neoplatónica como destino final. Esta superposición cartográfica disuelve las coordenadas realistas, situando al lector en topografía alegórica.

  1. INTERPRETACIÓN Y JUICIO CRÍTICO

Interpretación Simbólica

La operación fundamental del poemario es la construcción de una ausencia. El Arquipoeta nunca existió, pero su voz suena más auténtica que muchas voces reales de la poesía contemporánea. Esta paradoja revela la tesis implícita de Torres Morales: toda voz poética es ficción, todo “yo lírico” es máscara, la autenticidad en literatura es siempre performance.

La figura del poeta perseguido, censurado, olvidado funciona como alegoría de la marginalidad de la poesía en el mundo contemporáneo. El Arquipoeta que escribe desde la cárcel colonial, cuyos libros fueron quemados, cuyo nombre la historia borró, representa la condición actual de la palabra poética: ignorada por el mercado, incomprendida por el público masivo, superviviendo en los márgenes de la cultura.

La rosa —símbolo central que da título al primer libro— condensa múltiples significados. Es la belleza efímera amenazada por el tiempo, el amor cortés renacentista, la herida erótica que sangra y goza, la flor mística de Santa Teresa, la vanitas barroca. Pero es sobre todo la paradoja esencial: “La herida de la rosa” significa simultáneamente la herida que la rosa inflige (sus espinas) y la herida que la rosa padece (el corte del tallo). Tocar la belleza implica herirse; ser bello implica ser herido. Esta dialéctica del dolor y la belleza estructura toda la obra.

Juicio Crítico de Calidad

La originalidad de Así habló Arquipoeta radica en su anacronismo radical. En un panorama poético español dominado por el verso libre, el lenguaje coloquial y las temáticas de la inmediatez cotidiana, Torres Morales propone un retorno imposible a las formas clásicas no como nostalgia conservadora sino como gesto vanguardista. El arcaísmo funciona aquí como experimentalismo: la métrica rigurosa, la sintaxis latinizante, el vocabulario del Siglo de Oro se vuelven extraños, nuevos, impactantes precisamente porque nadie escribe así.

La coherencia interna es absoluta. El personaje del Arquipoeta nunca rompe su caracterización, mantiene su idiolecto desde el primer verso hasta el último, habita consistentemente su tiempo imaginario. Esta fidelidad al artificio construido genera paradójicamente un efecto de autenticidad más potente que muchas confesiones autobiográficas directas.

El impacto emocional depende de la disponibilidad del lector para participar en el juego ficcional. Quienes acepten el pacto narrativo propuesto —leer estos textos como verdaderamente escritos por un poeta colonial del XVIII— experimentarán conmoción ante versos como:

“Quiero llorar, mujer, porque eres la rosa que se arranca,
la rosa que se pisa,
la espina que se escupe”

El patetismo barroco, la hipérbole emocional, la retórica de la exaltación funcionan plenamente dentro del código estético del Siglo de Oro que el texto recrea. Pero lectores impermeables al artificio histórico, exigentes de transparencia confesional contemporánea, pueden experimentar estos mismos versos como ampulosidad vacía.

La contribución al género lírico hispanoamericano es significativa. Así habló Arquipoeta se inscribe en una tradición de falsificaciones literarias que incluye los poemas de Ossian, las prosas de Pierre Menard borgiano, los heterónimos de Pessoa. Pero añade una dimensión política ausente en esos precedentes: la invención del Arquipoeta es también rescate de una voz colonial mestiza silenciada por la historia oficial. Al inventar este poeta peruano del XVIII, Torres Morales ilumina por contraste la ausencia real de esas voces en el canon: ¿cuántos “arquipoetas” reales existieron y fueron efectivamente borrados por la censura inquisitorial?

  1. CONTEXTO HISTÓRICO Y CULTURAL

Contexto Histórico

La obra se sitúa en la encrucijada entre dos momentos históricos. El siglo XVIII peruano que ficcionaliza —época de las reformas borbónicas, tensiones preindependentistas, rebelión de Túpac Amaru— fue efectivamente período de efervescencia intelectual criolla. Poetas, científicos y pensadores mestizos como Pedro Peralta y Barnuevo existieron realmente, aunque ninguno con el perfil revolucionario que Torres Morales atribuye a su Arquipoeta.

El prólogo menciona que Arquipoeta “se adhirió desde la Barranca a la causa de José Gabriel Kunturkanki Pajamaru, en 1780”, refiriéndose a Túpac Amaru II. Esta ubicación histórica precisa dentro de la Gran Rebelión andina es deliberada: vincula al poeta con el movimiento anticolonial indígena más importante del siglo XVIII. La justificación histórica de por qué este poeta cayó en el olvido se vuelve entonces plausible: fue borrado por su compromiso político con los vencidos.

Desde la perspectiva de 2025, el poemario dialoga con debates contemporáneos sobre memoria histórica, descolonización epistémica y rescate de voces subalternas. La invención de un poeta colonial crítico con el sistema virreinal responde a necesidades actuales de reescribir el pasado desde perspectivas no hegemónicas.

Contexto Cultural

La obra refleja y critica simultáneamente varias culturas. El Arquipoeta ama la tradición poética española —cita constantemente a Garcilaso, Fray Luis, San Juan— pero denuncia la explotación colonial española. Reivindica herencia andina mediante referencias a Túpac Amaru y toponimia quechua, pero escribe en castellano barroco, lengua del colonizador. Esta tensión irresuelta reproduce la condición mestiza: pertenencia doble que es también doble alienación.

La crítica cultural más feroz se dirige contra la corrupción institucional. La Inquisición, los virreyes, la Real Audiencia, el clero corrupto aparecen denunciados con virulencia:

“Viene la Inquisición, viene el arzobispo mequetrefe,
disfrazado de cuervo negro,
disfrazado de muerte malvada,
monta en mula y en mulaje,
y me acusa de adorarte y de salvaje”

Esta denuncia funciona en doble registro temporal: describe la corrupción virreinal del XVIII pero resuena con indignación ante corrupciones contemporáneas. La universalización del conflicto entre poder opresor y palabra disidente trasciende su contexto histórico específico.

  1. COMPARACIÓN CON OTRAS OBRAS

Técnicas Innovadoras para el Lector Contemporáneo

Paradójicamente, Así habló Arquipoeta acerca la poesía al lector contemporáneo precisamente mediante su alejamiento radical de las convenciones actuales. La dificultad formal —métrica clásica, sintaxis latinizante, vocabulario arcaizante— funciona como resistencia productiva que obliga a desacelerar la lectura, rechazando la inmediatez comunicativa que caracteriza el consumo cultural digital.

Esta estrategia contrasta radicalmente con la “poesía Instagram” que domina el mercado contemporáneo: versos cortos, lenguaje coloquial, temáticas confesionales directas, máxima accesibilidad. Torres Morales propone lo contrario: opacidad deliberada, complejidad formal, mediación histórica, exigencia cultural. Sin embargo, esta aparente inaccesibilidad puede resultar más genuinamente conectiva que la falsa cercanía del verso llano contemporáneo.

La innovación técnica fundamental es la construcción del aparato paratextual como parte constitutiva de la obra poética. Prólogos, epígrafes atribuidos a frailes coloniales ficticios, notas al pie, apostillas: todo este andamiaje editorial no es contexto externo sino tejido conectivo del poemario. Esta técnica, heredera de Borges y Nabokov, convierte el libro en artefacto complejo donde la distinción entre texto primario y texto secundario se disuelve.

Comparación con Poetas del Siglo XX

El proyecto de Torres Morales dialoga intensamente con varias tradiciones del siglo XX. La falsificación erudita como gesto poético remite a Jorge Luis Borges, especialmente a “Pierre Menard, autor del Quijote” y los poemas atribuidos a imaginarios poetas anglosajones medievales. Como Borges, Torres Morales entiende que inventar un poeta puede ser más revelador que escribir directamente: la mediación ficcional paradójicamente intensifica la autenticidad.

La heteronimia conecta con Fernando Pessoa, quien creó múltiples poetas ficticios —Alberto Caeiro, Ricardo Reis, Álvaro de Campos— cada uno con biografía, estilo y cosmovisión propios. Sin embargo, Torres Morales introduce variable que Pessoa no exploró: la distancia temporal. Mientras los heterónimos pessoanos eran contemporáneos del autor, el Arquipoeta vive doscientos años antes que Torres Morales. Esta brecha temporal añade dimensión historiográfica ausente en Pessoa: no se trata solo de multiplicar voces sino de inventar pasados.

Respecto al uso de formas métricas clásicas en contexto contemporáneo, el precedente más relevante es T.S. Eliot. Four Quartets emplea metros tradicionales y referencias a poetas metafísicos del XVII para expresar preocupaciones modernas. Similarmente, el Arquipoeta usa endecasílabos del Siglo de Oro para articular tanto inquietudes coloniales como dilemas contemporáneos sobre memoria, identidad y lenguaje.

La densidad intertextual que caracteriza al Arquipoeta —citas constantes de Garcilaso, Dante, Camões, San Juan— recuerda a Ezra Pound y su técnica del palimpsesto cultural en The Cantos. Ambos poetas construyen sus obras mediante acumulación de fragmentos de tradiciones múltiples. Pero donde Pound yuxtapone culturas diversas (china, italiana, anglosajona), Torres Morales concentra su intertextualidad en la tradición hispánica, aunque vista desde la periferia colonial andina.

En el contexto latinoamericano, la obra dialoga con el neobarroco de poetas como José Lezama Lima o Severo Sarduy. La proliferación ornamental, el hipérbaton extremo, la acumulación metafórica del Arquipoeta emparentan con la estética neobarroca. Sin embargo, el Arquipoeta practica barroco de época, no neobarroco: es barroco “auténtico” (dentro de su ficción) del XVIII, no recreación contemporánea consciente del barroco. Esta distinción resulta crucial: Torres Morales no imita el barroco, ventriloquiza a un supuesto poeta barroco real.

VII. OPINIÓN PERSONAL

Así habló Arquipoeta me produce admiración técnica combinada con resistencia emocional. Reconozco la maestría con que Torres Morales construye su falsificación, la coherencia absoluta del idiolecto inventado, la inteligencia del juego metaficcional. Sin embargo, experimento distancia afectiva ante un proyecto tan cerebral, tan mediado por capas de ironía e intertextualidad.

La pregunta que la obra me plantea es incómoda: ¿puede conmoverme genuinamente una voz que sé ficticia, que declara abiertamente su artificialidad? Versos como “Quiero llorar, mujer, porque eres la rosa que se arranca” contienen patetismo auténtico, pero ese patetismo ¿sobrevive al conocimiento de que quien habla es invención, que la amada llorada nunca existió, que el dolor expresado es simulacro erudito?

Mi respuesta tentativa es que la obra funciona mejor como experimento literario que como experiencia lírica. Admiro el artefacto pero no me habita como me habitan poetas donde la voz, aunque también sea construcción retórica, no declara tan explícitamente su artificio. Prefiero las mentiras que se disfrazan de verdad a las mentiras que exhiben orgullosamente su condición de mentira.

Sin embargo, reconozco que esta resistencia puede ser limitación personal más que defecto de la obra. Torres Morales propone pacto de lectura específico: participar conscientemente en la ficción sin pretender suspensión de incredulidad ingenua. Lectores capaces de ese tipo de complicidad sofisticada —los mismos que gozan con Borges, Nabokov, Calvino— encontrarán aquí deleite intelectual considerable.

Recomendación

Recomiendo Así habló Arquipoeta a tres tipos de lectores. Primero, eruditos conocedores de la tradición lírica hispánica del Siglo de Oro: para ellos, el poemario será fiesta de reconocimientos, juego de espejos donde cada verso remite a Garcilaso, Góngora, Quevedo reescritos desde la periferia colonial.

Segundo, lectores interesados en literatura experimental y metaficción: quienes disfrutan con las falsificaciones borgesianas, los heterónimos de Pessoa, las arquitecturas complejas de Nabokov, encontrarán aquí operación literaria sofisticada que problematiza autoría, autenticidad y temporalidad.

Tercero, estudiosos de literatura colonial hispanoamericana y estudios poscoloniales: la obra plantea preguntas relevantes sobre las voces silenciadas por la historia oficial, la construcción del canon, la relación entre centro imperial y periferia colonial.

No recomendaría la obra a lectores que buscan conexión emocional directa, confesión autobiográfica transparente o accesibilidad comunicativa inmediata. El poemario exige complicidad cultural (reconocer las referencias), paciencia formal (descifrar la sintaxis latinizante) y sofisticación conceptual (comprender el juego metaficcional). Es poesía exigente, elitista en el sentido no peyorativo del término: presupone lector culto dispuesto a trabajar para extraer sentido.

VIII. CONCLUSIÓN

Así habló Arquipoeta constituye una de las propuestas poéticas más arriesgadas y singulares del panorama contemporáneo en lengua española. Su radicalidad no reside en ruptura formal vanguardista sino en su retorno anacrónico a formas que la modernidad había descartado. Torres Morales demuestra que se puede ser experimental sin escribir verso libre, se puede ser contemporáneo escribiendo como en el siglo XVIII, se puede ser original mediante apropiación erudita de tradiciones antiguas.

La obra plantea preguntas esenciales sobre la naturaleza de la voz lírica, la autenticidad en literatura, la relación entre poesía e historia. Al inventar un poeta colonial mestizo crítico con el imperio español, Torres Morales no solo crea un artefacto literario sofisticado sino que interviene políticamente en debates sobre memoria histórica y descolonización epistémica.

Sin embargo, el precio de esta sofisticación es la limitación del público potencial. Este es poemario para minorías cultas, no para masas lectoras. Su dificultad formal y conceptual lo condena a circular en ámbitos académicos y círculos especializados de poesía. Pero quizá esta marginalidad sea coherente con su tesis implícita: el Arquipoeta ficticio fue marginado por el poder colonial; su rescate editorial contemporáneo será igualmente marginal respecto al poder del mercado cultural masivo.

En última instancia, Así habló Arquipoeta me convence más como reflexión sobre los límites de la poesía que como poesía en sentido estricto. Es metapoesía brillante, filosofía de la literatura disfrazada de poemario. Y quizá esa sea su contribución más valiosa: en época de banalización del género lírico —convertido en píldoras emocionales para redes sociales— Torres Morales reivindica la poesía como artefacto complejo, dificultad productiva, exigencia intelectual. Hace de la opacidad un valor, de la erudición una virtud, del anacronismo un gesto político.

Si la poesía ha de sobrevivir como forma de conocimiento y no solo como decoración emocional, necesita obras así: incómodas, exigentes, deliberadamente minoritarias. Así habló Arquipoeta no facilitará la vida a sus lectores, pero los pocos que acepten el desafío saldrán transformados. Y eso, al final, es lo que distingue la literatura que importa de la que simplemente se consume.

Citas destacadas:

“Profetizo tu boca, tus manos, tus dientes, tu mirada, / tu pronto aparecer, frescura y brillo”

“La herida de la rosa”

“Para que tú permanezcas viva entre mis cejas, / allí, en el centro de mi frente, he de cegarme”

“Viene la Inquisición, viene el arzobispo mequetrefe, / disfrazado de cuervo negro”

“Sí, Poetas, la vida es una rosa, / el mundo y lo llamado realidad, / la tierra, el cielo, el monte y las mañanas / se cubren de tiempo y de rocío”

“Como nauegantes, nuestro es el tiempo y son nuestros los tinteros. Nuestra la mar y nuestro el horizonte”