ENTREVISTA A MANUEL LOZANO FIGUEROA

Con motivo de la publicación de “De lo visceral a la piel”

 

 

 

  1. Manuel, en el prólogo de “De lo visceral a la piel” afirmas tajantemente: “no me llames poeta, no me definas de tal manera”. Esta es una declaración poco habitual en alguien que acaba de publicar un poemario. ¿Por qué rechazas ese título? ¿Es humildad genuina, provocación o hay una reflexión más profunda sobre lo que significa escribir poesía hoy?

 

No renuncio al término por modestia ni por estrategia.

Renuncio porque los nombres conllevan responsabilidad.

La poesía no es una etiqueta, es un oficio exigente, y yo soy consciente de mis límites.

Llamarme poeta sería una afirmación que aún no puedo sostener con verdad.

Decir quién y qué somos, sin impostura, es una forma de respeto hacia la poesía.

 

 

  1. El título del libro anuncia un tránsito: de lo visceral a la piel. ¿Podrías explicar qué significa ese recorrido para ti? ¿Es un programa poético, una declaración de intenciones sobre cómo deben nacer y manifestarse los versos?

 

Ese recorrido es algo natural en todo ser humano; el sentimiento no nace al ser proclamado. Somos una especie de vaso, una vez lleno, si intentamos acumular, cada gota rebozará filtrando nuestros tejidos hasta llegar a nuestra piel. Los sentimientos no son parte de un programa. Tampoco es la declaración a la que aludes, simplemente es la forma en la que entiendo cómo compartir aquello que no puedo retener dentro de mí.

 

 

  1. Una de las características más llamativas del libro es que no separas la poesía amorosa de la poesía de denuncia social. Pasamos de “Nuestra bachata”, donde describes con franqueza el acto sexual, a “Prohibido vivir”, un desgarrador testimonio sobre la crisis migratoria. ¿Fue una decisión consciente no dividir el libro en secciones? ¿Qué buscabas al mantener esa continuidad?

 

En el índice, entre “Nuestra bachata” y “Prohibido vivir” hay veintiún poemas, no obstante, dentro del libro conviven sin fronteras. Yo preguntaría: ¿cuántos sentimientos atraviesan a una persona en un solo día? Muchos, y a menudo contradictorios. El ser humano es plural, cosmopolita incluso en su intimidad. Separarlos habría sido ir contra esa naturaleza.

 

 

  1. Hablemos de “Prohibido vivir”, el poema que cierra el libro. Es un texto durísimo sobre los migrantes que mueren en el Mediterráneo: “Soñó donde nadie sueña” y “el cayuco lloró, con amargo y negro llanto”. ¿Crees que la poesía tiene todavía capacidad de cambiar conciencias o al menos de sacudir la indiferencia ante estas tragedias?

 

Vivo con la esperanza de que algún día nos miremos como lo que somos: personas. Personas con derecho a vivir sin miedo y sin hambre y dignamente. Es una tarea difícil, pero como testigo de mi tiempo no puedo ni debo mirar hacia otro lado. No aspiro a que mi libro se posea, sino a que ayude a comprender y a aceptar, que necesitamos sentirnos humanos.

 

 

  1. En el prólogo dices algo revelador: “vivir de espaldas a la realidad de hoy tan solo nos recluye”. Parece que para ti escribir poesía es también una forma de testimonio, de no mirar hacia otro lado. En un panorama literario donde parte de la poesía se refugia en lo íntimo o en juegos formales, ¿crees que estamos viviendo demasiado cómodamente de espaldas a lo que ocurre?

 

Cada cual afronta la realidad desde el lugar que puede y como puede. Tal vez el cómodo sea yo, limitándome a relatar lo que ocurre, mientras otros escritores comprometen tiempo, dinero y descanso en acciones directas. En lo que respecta a la poesía, sí: en muchos casos se escribe de espaldas a lo que sucede. Y eso, inevitablemente, nos recluye.

 

 

  1. El poema “Mi voz no está en venta” es una declaración explícita de compromiso: “Mi voz no callará hasta que mis ojos vean cómo desaparecen los inhumanos guetos”. Es un tono que recuerda a la poesía social de Miguel Hernández o Gabriel Celaya. ¿Te sientes heredero de esa tradición? ¿O crees que tu compromiso parte de otro lugar?

 

No me siento heredero de ninguna tradición concreta. Mi compromiso nace de haber crecido en una casa de vecinos, donde había niños que se acostaban sin cenar y familias que apenas llegaban a la comida. De mi madre, Josefa Figueroa, aprendí que compartir es una forma de dignidad. La denuncia no me viene de la literatura, sino de la impotencia ante la necesidad, y de la esperanza de que algún día esos guetos desaparezcan.

 

 

  1. Dedicas el libro a tu hijo Álvaro, “la persona más importante para mí”. También aparecen elegías a amigos reales: Manuel, Joaquín Carrillo, Titi Flores. ¿Qué papel juega lo autobiográfico en tu escritura? ¿Es posible escribir poesía honesta sin partir de la experiencia vivida?

 

Lo autobiográfico soy yo y el camino que he recorrido; sin eso no sería nada, y sin ello no sabría qué escribir. La experiencia vivida te permite contar el esfuerzo de subir una escalera y cómo falta el aire. Pero también es cierto que nunca he subido a un cayuco, ni he sido despreciado por mi color de piel, ni me he hundido en el Estrecho con un hijo inerte en los brazos. A veces se escribe desde el sentimiento ajeno: no por deshonestidad, sino por empatía.

 

 

  1. Tu poesía es muy accesible, muy directa. No hay hermetismo ni juegos conceptuales que requieran claves para ser descifrados. En un momento donde cierta poesía parece dirigirse solo a otros poetas, ¿crees que la accesibilidad es una responsabilidad del escritor o simplemente una elección estética?

 

No me siento con autoridad para juzgar cómo escriben los demás. Creo profundamente en la libertad: en hacer lo que cada uno necesite, siempre que no dañe a nadie. Eso incluye la forma de escribir. Cada cual elige su camino y asume la responsabilidad de esa elección.

 

 

  1. “Sueño de un romance en Cádiz” es el poema más largo del libro y también el más enraizado en una geografía concreta: la Caleta, la Viña, el Callejón de los Negros. Incorporas léxico andaluz, referencias al flamenco, una forma de hablar muy específica. ¿Qué significa para ti escribir desde Andalucía? ¿Es una identidad cultural o algo más visceral, como diría tu título?

 

Cádiz, que te puedo decir: Cái, aquella amante que, sin querer refregarse, se roza con las barquillas como ingenua chiquilla cuando la tarde se hace noche. Cái, que recibió a los fenicios, despidió a los romanos, mosqueó a Napoleón si te pones a tiro, es donde el amor, nunca cambia de manos.

 

 

  1. Para terminar, Manuel: si tuvieras que convencer a alguien que piensa que la poesía no es para ellos, que es algo elitista o aburrido, ¿qué le dirías? ¿Qué poema de “De lo visceral a la piel” le recomendarías leer primero?

 

Le diría que, si piensa que la poesía no es para él, entonces no lea poesía; puede empezar si quiere, con pequeñas historias más o menos rimadas. Si se atreve a entrar en ella, le recomendaría comenzar con un poema que le toque lo humano, que lo haga sentir y pensar: “Nuestra bachata” o “Prohibido vivir”, según quiera acercarse al deseo o al compromiso.