En la sección Poema del mes rescatamos la pieza más breve y más personal de La Resistencia (Poesía eres tú, 2026), los sesenta y ocho poemas con que David García Gutiérrez escribe la invasión de Ucrania y lo que la invasión deja detrás. «Invasión y metástasis» ocupa la página cincuenta, justo en el centro del volumen, y es el único texto del libro donde el autor deja de escribir como testigo de una guerra y empieza a escribir como lo que es el resto del día: un médico.
INVASIÓN Y METÁSTASIS (La Resistencia, p. 50)
Esa raíz podrida
que crecía junto a las costillas
invadiendo la paz
del corazón y los pulmones,
sabía que, bajo la piel de los excrementos,
nada respira ni puede florecer.
Como células tumorales que metastatizan
en los tejidos
junto al rubor,
el dolor,
el calor,
el tumor,
la impotencia funcional
y el edema,
de tus lágrimas de castigo.
David García Gutiérrez, La Resistencia (Editorial Poesía eres tú, 2026), p. 50.
El procedimiento es una equivalencia sostenida que nunca se explica. La ocupación militar es un tumor, y el poema no lo anuncia: lo describe. Empieza por una imagen vegetal, «Esa raíz podrida / que crecía junto a las costillas», que hace de bisagra, porque la raíz pertenece a la vez al lenguaje de la planta y al del crecimiento anómalo. Lo que esa raíz invade no es un territorio sino «la paz / del corazón y los pulmones», y ahí está el primer movimiento fino del texto: coloca la palabra paz, que en este libro es la palabra en disputa, dentro de una cavidad torácica. La paz deja de ser un asunto de mesas de negociación y pasa a ser una función vital.
El centro del poema es la enumeración final, y es donde la formación del autor se convierte en forma. «junto al rubor, / el dolor, / el calor, / el tumor, / la impotencia funcional / y el edema» no es una acumulación expresiva: son los signos clásicos de la inflamación, ampliados con los que añadió la tradición médica posterior. Un lector sin formación clínica los recibe como una letanía de sustantivos que riman por dentro; un lector que los reconoce recibe algo más incómodo, que es un diagnóstico. El poema no se ha puesto lírico, se ha puesto técnico, y la frialdad del listado es exactamente lo que produce el escalofrío. Los cuatro primeros términos comparten terminación y caen como golpes secos; el quinto, «la impotencia funcional», rompe el ritmo con su longitud y su abstracción, y ese tropiezo parece deliberado, porque nombra lo único de la lista que no duele: lo que sencillamente ha dejado de funcionar.
El verso de cierre desmonta todo el aparato clínico. «de tus lágrimas de castigo» introduce un tú y un posesivo que hasta ese momento no existían en el poema, y con ellos la responsabilidad: el edema no es un accidente de la naturaleza, es de alguien. La enfermedad tenía autor.
Queda por señalar lo que el texto evita. No hay víctima identificable, no hay topónimo, no hay fecha. Frente a los poemas del libro que se apoyan en el titular de informativo, este renuncia a toda referencia externa y se sostiene con su propia lógica. Es uno de los textos más breves del volumen y el que menos lo necesita.
Crítica realizada por Ana María Olivares
