Grupo Editorial Pérez-AyalaLiteratura, pensamiento y nuevas voces
Poesía / Revista

4 min de lectura

Poema destacado. El ¡Beso!, de Enrique Graciani Constante, en Sinencuentro

En la sección Poema destacado, «El ¡Beso!», de Enrique Graciani Constante, uno de los poemas de la serie «Hace tiempo…» de Sinencuentro, el libro a dos voces que firma con Eloísa Zapata Tinajero (Editorial Poesía eres tú, 2026). Un beso llega por WhatsApp, como los anteriores, y el hablante busca dónde guardarlo: descarta el corazón y el baúl de los recuerdos y lo deja en la peana de la lamparilla que cada noche lucha con sus tinieblas. Se reproduce completo y se analizan sus preguntas, su paralelismo, la imagen final de la moña de jazmines y su relación con la prosa de la segunda parte.

Sinencuentro (Editorial Poesía eres tú, 2026) cuenta una misma historia desde dos lados: una secuencia de poemas de Enrique Graciani Constante, «Punto de vista de él», y un texto en prosa de Eloísa Zapata Tinajero, «Punto de vista de ella». La primera parte reúne piezas de ocasión escritas a lo largo de varios años y, a partir de la página 27, las encadena con un estribillo que encabeza cada poema de la serie «Hace tiempo…». Enrique Graciani Constante, nacido en Sevilla en 1939, químico e investigador del Instituto de la Grasa del CSIC, ha publicado en esta editorial Elucubraciones, Retratos, Un ramillete de palabras y Sevilla en primavera. «El ¡Beso!» se lee por sí solo y deja ver el procedimiento del conjunto: una emoción contenida, un objeto doméstico que la recoge y un remate que la templa con humor. Leído junto a la prosa de la segunda parte, adquiere otro sentido, y esa lectura completa es la que el libro pide.

El ¡Beso! (Sinencuentro, p. 30)
Recibido en un WhatsApp,
que desde lejos fue enviado
como todos los anteriores.
Con emoción, no controlada,
es recibido, sentido. A lo «Jondo»
ha llegado, cual si flamenco fuera.
Guardarlo queda.
¿En el corazón entre latidos?
El ruido lo asustará y se ocultará.
¿En el baúl de los recuerdos?
Puede jugar al escondite
entre los que allí pernoctan
y recordarlo dudoso será.
Su sitio está en la peana
de la lamparilla que cada noche
lucha con mis tinieblas,
nunca consigue la victoria,
nunca por rendida se da.
Allí, con sus iguales,
es cual moña de jazmines
que cada noche perfuma,
y, de mí, aleja mosquitos.

Enrique Graciani Constante, Sinencuentro (Editorial Poesía eres tú, 2026), p. 30.

El poema pertenece a la serie que en Sinencuentro abre siempre el mismo estribillo, «Todo pasó y… no fue nada. / Nada pasó y… fue todo.», y comparte con ella su materia: lo que no llegó a suceder y lo que, sin embargo, se guarda. El beso del título no es un gesto físico, sino un mensaje. Llega «Recibido en un WhatsApp,» y el segundo y el tercer verso precisan su naturaleza: viene de lejos y es uno más, «como todos los anteriores.» El hablante lo recibe «Con emoción, no controlada,» y lo traduce a un registro andaluz: el beso «ha llegado, cual si flamenco fuera.»

El centro del poema es un problema práctico que encubre otro sentimental. Con un verso de tres palabras, «Guardarlo queda.», el hablante se pregunta dónde poner lo recibido, y prueba dos lugares que la tradición lírica tiene muy gastados. El corazón queda descartado porque «El ruido lo asustará y se ocultará.»; el baúl de los recuerdos, porque allí el beso podría perderse entre los otros huéspedes, y el poema lo dice con un hipérbaton de sabor antiguo: «y recordarlo dudoso será.» Las dos preguntas funcionan como una pequeña deliberación que desplaza los lugares comunes hacia un objeto concreto.

Ese objeto es la lamparilla de noche. El poema le dedica una construcción paralela que es lo más trabajado del texto: la luz «lucha con mis tinieblas, / nunca consigue la victoria, / nunca por rendida se da.» La anáfora de nunca equilibra la derrota y la resistencia, y la lamparilla se convierte en imagen de la ilusión que sostiene la primera parte del libro, una esperanza que no vence y tampoco se apaga. Según las notas del volumen, la lamparilla remite a Elucubraciones, un libro anterior del autor (p. 89), y el poema siguiente, «¡Mis recuerdos!», pide que su peana no se rompa.

El cierre introduce un dato que obliga a releer el conjunto: el beso no está solo, sino «con sus iguales», junto a los besos anteriores. Reunidos, el poema los compara con una «moña de jazmines» que perfuma cada noche. El último verso baja de golpe el tono, «y, de mí, aleja mosquitos.», y ese descenso a lo doméstico es característico de la voz de Graciani Constante, que templa con humor lo que podría resultar sentimental.

Leído junto a la prosa de Eloísa Zapata Tinajero, el poema gana una segunda capa. Lo que aquí se guarda como un beso, en la segunda parte son «mensajes asépticos de whatsapp» (p. 77) a los que ella responde con un frío agradecimiento. La lamparilla sigue luchando con las tinieblas; la otra voz explica por qué no habrá victoria.

Crítica realizada por Ana María Olivares

Editor asignado: Ángela de Claudia Soneira