Salvador Carrión Pascual y Begoña Varona Pereda son autores de Peripecias del hada torpe Titania, novela publicada por Ediciones Amaniel. Él fue marino y ella, filóloga, se dedicó a la docencia; se conocieron en una web de poesía y han escrito el libro a cuatro manos sin haberse visto nunca en persona. En esta entrevista hablan de cómo un poema burlón sobre un hada que se cae en la nieve acabó convertido en una novela por episodios, de su manera de trabajar por videollamada y correo electrónico, de los versos que cruzan la narración y de una heroína cuya magia falla y que siempre vuelve a levantarse.
El anexo del libro dice: «Este poema sarcástico y desmitificador de las hadas, que empezó como una broma, fue el origen de todo el relato». Y el poema arranca así: «En la fría y yerma noche de invierno, / un hada torpe se cayó en la nieve». ¿Cómo pasó esa broma en verso a ser una novela de treinta y un episodios? ¿En qué momento vieron que esa hada caída en la nieve daba para mucho más que un poema?
Desde que la gente ha descubierto el «verso libre», ahora resulta que ¡todos son poetas! La métrica es el alma de la poesía. Nosotros seguimos a los poetas clásicos y consagrados. De ahí esa crítica irónica del poema origen.
No teníamos ni la menor idea de que esa conversión en relato pudiera tener la buena acogida que nos mostraron los lectores virtuales. Y así seguimos ampliando el tema en forma de relato.
La novela empieza con una frase que ya fija el tono: «Titania era un hada. Y ese era, precisamente, su mayor problema». ¿Cómo fue escribir esta historia a cuatro manos? ¿Cómo se repartieron el trabajo y cómo consiguieron una sola voz narradora, con el mismo humor, de la primera página a la última?
Ese poema inicial de humor lo subimos a una web de poesía (Poemas del alma). Tuvo buena acogida. Desarrollamos un breve relato de un hada torpe, con humor (unas 750 palabras). Los miembros de la web esbozaron una sonrisa y nos alentaron a seguir escribiendo nuevos episodios con la misma base cómica. Finalmente, los enlazamos unos con otros y mágicamente surgió PDHTT.
En cuanto a nuestro sistema de trabajo, fue todo improvisado y nada sistemático. Ocurrió que estuvimos de acuerdo en todo al 100 %, nos reíamos, y esa fue nuestra motivación: sonsacar una sonrisa y alguna leve emoción al lector.
Añadimos que nosotros no nos conocemos personalmente; desde nuestro primer contacto virtual en esa web de poesía, diariamente (sic) estuvimos en contacto por videollamada. Ponderamos las ocurrencias y nos las enviamos por correo electrónico para acordar la redacción. Esta es la verdadera magia de nuestra relación literaria.
La novela está en prosa, pero la cruzan muchos versos. Están las rimas desafinadas de los bardos, como «Oh, escarcha derretida del alma pura», y están otras canciones que buscan conmover, como la nana que Titania le canta al lobo herido: «Duerme, lobo, el viento calla, / la nieve es calma, el frío es paz». ¿Por qué decidieron meter el verso dentro de la narración? ¿Cómo trabajaron la diferencia entre los versos que tenían que sonar mal a propósito y los que tenían que sonar bien?
Nosotros no somos escritores. Leemos, estudiamos, aprendemos y practicamos la poesía. Pensamos que añadir unos poemas, coplas o cantos daría más amplitud a la narración.
La historia empieza como una fábula de bosque, con ardillas que se pelean por las bellotas y un lobo con una pata rota. Poco a poco se convierte en una odisea que pasa por la ciudad flotante de Áureo, la metrópolis de hierro de Ferrum-Ker o el Desfiladero de los Fonemas, donde el viento obedece las leyes de la gramática y un personaje teme que alguien llegue a confundir «haber con a ver». Algún lector podría pensar que el libro cambia de género a mitad de camino. ¿Qué le dirían para defender ese crecimiento de la historia?
Es una narración para entretener. Este relato transcurre inicialmente en un bosque. Nos dimos cuenta de que, si no sacábamos al grupo del bosque, los argumentos serían parecidos y monótonos. Fuera del bosque suceden tribulaciones nuevas, más amenas y en contextos diferentes, que enriquecen el cuento.
El nombre de la protagonista recuerda inevitablemente a la reina de las hadas de Shakespeare, y la Reina de las Nieves tiene una larga tradición en el cuento clásico. Al mismo tiempo, el poema del anexo propone justo lo contrario de esa tradición: «rompamos el mito de perfección». ¿Qué relación quisieron establecer con los cuentos de hadas de siempre? ¿Qué querían conservar de ellos y qué querían desmontar?
Shakespeare tomó el nombre Titania del poema Las metamorfosis del autor clásico Ovidio. Además, Titania es la esposa de Oberón y madre de las demás hadas. Nuestra idea era contraponer el nombre de alguien «fuerte» en un personaje aparatoso, pero lleno de bondad.
Casi al final, Titania resume lo que le dejó su amigo: «El leñador no me enseñó a ser perfecta, me enseñó a ser útil». La novela habla de maestros pacientes, de oficios humildes, de la vejez y de la pérdida, con Koris y con el propio leñador. Sin que la pregunta busque entrar en sus biografías, ¿de qué manera les sirvió su experiencia de vida para mirar así el aprendizaje, el paso del tiempo y la despedida?
Nosotros somos personas sencillas. Intentamos vivir según nuestros principios y evitar todo daño gratuito. Begoña estudió filología, se dedicó plenamente a la docencia y captó la diversidad de las personas. Particularmente, gracias a mis viajes como marino por esta hermosa bola azul, aprendí que todos somos iguales y que en cualquier parte del mundo la gente llora y ríe.
La fantasía para jóvenes lectores y para toda la familia está llena de héroes elegidos, poderes extraordinarios y sagas interminables. Titania, en cambio, es una heroína cuya magia falla y que se cae en casi todos los episodios. Además, la novela trata temas muy actuales, como el cuidado del bosque, la explotación de la naturaleza en Ferrum-Ker o el miedo al olvido. ¿Qué lugar creen que ocupa esta novela en la fantasía que se escribe hoy?
Es un relato inusual, un cuento de hadas diferente que desmitifica con humor los personajes clásicos de estas narrativas. Ni los superpoderes ni la inefable magia existen. Sí existen los sueños y las ilusiones creativas.
Algunos pasajes parecen pensados para que un niño se ría de las caídas del hada. Otros, como los juegos con la ortografía o las reflexiones sobre la vanidad de Akisteo, parecen guiñar el ojo al adulto. ¿Quién es el lector ideal de la novela? ¿Un niño que lee solo, un adulto que lee en voz alta, o esa lectura compartida entre generaciones?
El lector ideal es aquel que sabe leer y sonreír.
Pensemos en un lector que nunca ha abierto una novela de fantasía, que cree que las hadas y los bosques encantados no son para él. ¿Por qué debería empezar precisamente por este libro?
Todo libro habido y por haber contiene algo de fantasía. En este, además, hay una pizca de humor. Un guiño a la verdadera magia, que es la solidaridad y la bondad.
Tras la pérdida más dura de la historia, Titania se levanta recordando el consejo de su mentor: «Caer y levantarse, siempre levantarse». Y poco antes, el futuro se le aparece como «una página en blanco esperando a ser escrita». Sin desvelar nada más, ¿qué le espera al lector que se atreva a acompañar a esta hada torpe desde su primera caída en la nieve?
Una sonrisa presente y futura. ¡Que no es poco!
