Alejandro Lama Prada es autor de La respuesta (El amor es más que la vida), poemario publicado por Editorial Poesía eres tú. El libro, su primer poemario, se organiza en tres partes —Aproximación, En tránsito y Seguimos— y atraviesa la muerte de su padre. En esta entrevista habla del título y del subtítulo, de lo que encontró en el verso frente a la narración, de los símbolos de la mariposa, las nubes y el verde, y de la lectora para la que escribió.
La respuesta se abre con un sendero que desemboca en estos versos: «Sintiendo / mi pregunta, / a tu espalda la respuesta.» La frase resuena con su propio lema y da nombre al libro. ¿Cuál fue la pregunta de la que nació este poemario, y en qué momento supo que el título debía ser precisamente «la respuesta»?
Hola familia.
Es una pregunta tan afinada, que bien podría ser el final de la entrevista.
Desde los inicios del poemario tenía claro que La respuesta sería el título. Si bien el subtítulo, El amor es más que la vida, tuvo un nacimiento más tardío. Incluso, fue una casualidad que se incluyera en la portada.
Siguiendo la senda de la honestidad y valentía, que construyen este libro, la pregunta que lo sostiene nace del desgarro de una niña de nueve años. Una niña que ha perdido a su madre, y aún de mayor sigue preguntando ¿por qué te fuiste, mamá?
Y la respuesta que llega a los sentidos y contiene estos versos es que:
«sigo en el olor/ de la tierra seca recién mojada./ Sigo de tu mano […]/ En ti sigo.»
Te sigo amando.
En «Horizonte unido» se lee: «No, / no es una idea la poesía. / Es una emoción:». Licenciado en Derecho y autor de tres libros anteriores en otros registros —la historia de Theia en Cicatrices mojadas y Theia y sus géneros, y el cruce de géneros de Erteado y acovidado: nivelao—, este es su primer poemario. ¿Qué encontró en el verso que no le daban el relato ni la narración, y cómo fue el proceso de escritura: poemas que llegaron por sí solos o un libro buscado y construido?
En el verso encontré la capacidad de parar el tiempo, de condensar la emoción y libertad. Una flexibilidad tanto para mí como para quien lee el poema, que no se disfruta de forma tan natural en otro género literario. La poesía es como hacer una fotografía al sentimiento y poder volver a él, recuperarlo cada vez que acudes a esos versos. Y al compartirlo, quien lo recibe lo habita en su corazón, en sus vivencias. Es maravilloso el poder del verso.
Con respecto al proceso de escritura, hay poemas como Duelo de amor (recoge la muerte de mi padre) que son intocables. Brotan ya con un ritmo, una fuerza y una claridad que yo mismo me sorprendo. Otros como Mar de nubes son más elaborados y retocados, para alcanzar el deseo de ser el mejor poema que puedo dedicarle a mi padre.
Tras los poemas pasamos a ensamblar el poemario, como el que une las piezas de un puzle. De una imagen que ya existía. Y esa imagen que sirve de faro no es otra que la gratitud por el amor recibido. Y compartiéndolo saldo mi deuda de amor.
El libro alterna el verso libre con bloques de prosa poética —«Desolación», «Instantánea», «Duelo de amor»— y se ordena en tres movimientos: «Aproximación», «En tránsito» y «Seguimos». ¿Qué le pedía cada poema para decidir si debía ir en verso o en prosa, y por qué situar el tránsito en el centro del libro y no en su desenlace?
Como ya he adelantado, Duelo de amor o Cúpula de plata nacen ya con su estructura. El verso es la forma que mejor acompaña el sentimiento que contienen. Van al objeto concreto, sugieren, son extremadamente sensoriales. Hay otros momentos más declarativos, donde la intensidad de lo concreto se difumina dando paso a lo universal. Aquí toma el protagonismo la prosa poética, y no por ello son instantes sin verdad ni fuerza. No hay palabra que le falte corazón.
En la parte central, En tránsito, atravieso la muerte de mi padre. Y es eso, el centro, no el desenlace. Este poemario no es solo una elegía, tenemos dos partes más. Una estructura tripartita como si fueran las fases del duelo, acompañadas por el revoloteo de una mariposa.
En la primera, Aproximación, nos acercamos a una manera especial de percibir las cosas. La naturaleza ayuda a esta nueva mirada. Y en Seguimos llegamos a la conclusión: el amor es más que la vida.
Recojo aquí la estrofa: «Ya no eres tiempo,/ eres un lugar infinito/ en un presente completo/ de amor vivo.»
Palabras como «amor», «alma» o «infinito», que buena parte de la poesía contemporánea esquiva por su desgaste, sostienen aquí versos como «No hay nada más perenne / que amarnos.» ¿Por qué arriesgarse con un vocabulario tan expuesto en lugar de refugiarse en la contención, y qué le respondería a quien lo considere un riesgo innecesario?
Sí, lo concreto es más acertado. Imágenes propias, que plasman lo pequeño y cotidiano, van directas al corazón. Es lo que eriza la piel. Un ejemplo lo tenemos en los versos «se desfigura tu cara sin dentadura/ y vuelves a reír,».
Sin embargo, el carácter de este libro es la valentía y honestidad. Por tanto, se hacía necesario a veces salir del refugio de la contención. Expresando de una forma clara y unívoca lo que se quiere compartir. Incluso usando palabras universales, con la osadía de redefinirlas en el ambiente concreto que se respira en este poemario. El poeta siente la palabra, confiando en que palabras de siempre suenen más verdaderas y cercanas que nunca.
Está fuera de ese refugio el mismo subtítulo, El amor es más que la vida.
La elegía tiene en español una tradición que va de las Coplas de Jorge Manrique a nuestros días, pero su libro no se detiene en el lamento: en «Luna de sangre» escribe «Lo que se va, / está. / Lo que ya no está, / es.» ¿Con qué voces de esa tradición siente que dialoga La respuesta, y qué quería aportarle con un subtítulo tan rotundo como El amor es más que la vida?
No nos podemos acercar a la poesía del duelo sin sentir el camino marcado por las Coplas de Jorge Manrique. También es importante para mí hacer una referencia concreta al poema Ahora de Manuel Altolaguirre: «Ahora sé que eres tú./ Ahora, cuando no te siento,/ cuando mis sentidos no te limitan./ Ahora es cuando te tengo.»
Pero con quien dialoga verdaderamente La respuesta es con la sencillez profunda de Antonio Machado. Los versos «dame/ tu mano y paseemos» y «No todo/ se lo ha tragado la tierra» del ilustre poeta, expresan claramente desde donde se toma ese diálogo con la muerte.
Además, este poemario no se queda en la muerte o en la vida. Viene a centrarse en lo que permanece: el amor. A través del revoloteo de la mariposa conecta con esa sensación de compañía, protección y presencia. Añade eso que sentimos a nuestra espalda y no vemos.
Y con un respeto absoluto al tiempo de quienes me leen, antes de adentrarse en los poemas, ya en la misma portada con el subtítulo El amor es más que la vida se entrega la conclusión del libro. Respondiendo a una pregunta que nos puede surgir, ¿sigue amándonos quien ha muerto?
Usted ha contado que el libro atraviesa la muerte de su padre, y en la sección central asoman una mano, una habitación de hospital, una risa. Sin embargo, el propio libro advierte: «Hay cosas imposibles / de describir, solo sentir.» ¿Cómo decidió qué de lo vivido debía entrar en los poemas y qué debía quedar fuera, y cómo se transforma una experiencia tan íntima en un lugar que otros lectores puedan habitar como propio?
La poesía se caracteriza por sugerir, no necesita mostrarlo todo. Y con una mirada respetuosa y, desde luego, con la honestidad y valentía que impregnan este libro se van construyendo las imágenes. Que al leerlas son recogidas como propias en el corazón de cada persona. Así, en El cuarto de la costura algunas verán a su abuela y la caja de lata con el dedal, hilo y aguja. Esa es la maravillosa flexibilidad y libertad interpretativa que ofrece la poesía. Es como el poema vive único dentro de cada uno.
Cada vez más lectores buscan en la poesía un espacio donde pensar la pérdida. En ese panorama, La respuesta se inclina hacia la luz sin esquivar el desgarro, y lo condensa en un verso: «Escuchar la muerte también es vivir.» ¿Dónde sitúa su libro dentro de la poesía del duelo que se escribe hoy, y qué cree que puede ofrecer a esa conversación?
Primero de todo afinemos que la pérdida no se piensa, se siente.
No hay que tenerle miedo a esa conversación con la muerte. Hay una frase que me gusta utilizar al estilo de los teatros de los hermanos Machado: «No es cosa tan seria eso del cielo.» Recoge bien esta perspectiva de naturalidad y falta de solemnidad que se da en la poesía contemporánea del duelo. Me acerco a esa mirada que trata la pérdida desde lo cotidiano, como ya han hecho Luis Rosales y Joan Margarit; y se explica muy bien en las críticas literarias sobre La respuesta. No me escondo en la melancolía y, sin evitar el desgarro que atravieso En tránsito, avanzo y muestro la luz de la oscuridad. Ese es el sentido de la última parte Seguimos y la conclusión del subtítulo: El amor es más que la vida.
Lo que aporto a esa conversación contemporánea del duelo es una mirada esperanzadora «Luce el sol/ al otro lado/ del hilo». Y una fusión entre el sentimentalismo tradicional y la comunicación directa e inmediata contemporánea.
Además, contesto una pregunta determinada, ¿quien ha muerto nos sigue amando?
Y sentir esto nos llena de vitalidad. Entender así esa muerte, que no comprendemos y evitamos hablar, da sentido a esa frase de «Escuchar la muerte también es vivir.»
Estos poemas acompañan momentos en los que, a veces, solo existe el silencio. Y ese silencio no se llena con palabras. Ese silencio respira ahora la sensorialidad de unos versos llenos de amor. La última palabra no es la muerte, ni la vida; la última palabra es el amor.
Desde el agradecimiento inicial, un ángel y una mariposa recorren el libro, junto a las nubes y el verde, hasta componer casi un idioma propio: «Escuchar el aleteo / de una pequeña mariposa blanca.» ¿Qué significan para usted estos símbolos, cuánto de ellos desea desvelar, y quién es el lector ideal que imaginaba al escribirlos?
Se acerca el final de la entrevista y estas últimas preguntas van directas al corazón de este libro. Entendiéndose mejor los momentos en los que se escribió.
Aunque siempre dejemos espacio al misterio, que se completa en la lectura. Solo puedo posicionarme en la sinceridad para responder sobre los símbolos.
El verde es mi esencia. Simboliza la vitalidad y la paz. Representa ese frescor de vida que no muere y perdura más allá del tiempo: el símbolo de lo vivo.
En las nubes deposito mi confianza, dejando de ser un símbolo para tomar personalidad propia. En la nube he tocado a mi padre. «Ya no te pierdo en la nubosidad,/ eres la nube.»
Finalmente escuchamos el revoloteo de la mariposa en cada verso, ese ángel que sentimos. Nos conecta con esa sensación de compañía, protección y presencia. Eso que está a nuestra espalda. «Siente su cantar,/ las caricias/ de sus alas/ en tu alma.»
Es el símbolo del poemario y el que da toda la fuerza a esa declaración tan determinante: El amor es más que la vida.
Perdería su magia si lo cercamos en un único ser. Podría ser un abuelo, una madre…
Y ya hemos dicho que la poesía no va de limitar, es libre como el amor.
Y esto nos lleva a lo de lectora o lector ideal. Quien menos esperas te muestra su interés por la poesía. Quien menos esperas le llega la temática del libro. Quien menos esperas te apoya y dedica unas palabras de luz sobre los poemas.
Por tanto, no tengo un ideal a ese respecto, variedad infinita construye lo absoluto. Cada persona vive y siente el poema en su interior, acorde con sus vivencias y lo que le es reconocible. Aun así, me rendiré de nuevo a lo sincero y compartiré en quién pensaba al escribir estos versos.
Me imaginaba a mi mujer leyéndome y emocionándose en cada poema. Ella es mi lectora cero, el origen de todo mi amor.
Para quien nunca ha leído poesía, o la asocia con algo lejano y difícil, ¿por qué debería empezar por La respuesta? ¿Qué puerta le abre este libro a un lector que quizá llega a él desde su propia pérdida?
Precisamente tengo un compañero de trabajo, Gregorio, que se encuentra en ese caso concreto. No es de leer poesía, como otras personas perciben que la poesía puede ser lejana e incomprensible. Se va a atrever con mis versos, ¡qué responsabilidad!
Mis poemas son cercanos, muy próximos al corazón. El sentimiento que los habita se refleja en objetos cotidianos y en la naturaleza. Con palabras sencillas se llega a lo profundo. Con un lenguaje claro y directo se transmiten imágenes que nos son reconocibles.
No se entiende la poesía, se siente.
Ya hablamos de la capacidad de la poesía de condensar la emoción, no por ello perdiendo nitidez. Quiero aproximarme al corazón de Grego, a vuestros corazones. Además, la flexibilidad poética hace que sea válida la interpretación del lector sobre el poema. Llevándoselo a su propia vivencia. Y esa es la puerta que se puede cruzar desde su propia pérdida. «Es la puerta a amar/ y estás más cerca/ de su llave.»
A través de mis palabras y mi experiencia tomar distancia de la propia. Sintiendo la paz de reconciliarse con su dolor. Hará su propio tránsito, a través de la sensorialidad de estos versos, para sentir la verdad de La respuesta:
El amor es más que la vida.
El poemario se despide con una confidencia: «Te confiaré un secreto, / después de morir / te voy a seguir amando.» Si el lector cierra el libro con ese secreto entre las manos, ¿qué le gustaría que encontrara, como dice su lema, a su espalda?
Me estoy acordando de una crítica literaria que he recibido. Ella hacía referencia a ese momento de cerrar el libro, de no querer que esos versos se acabaran. De retener esa página para que la sensación que vibraba en sus manos no se diluyera.
Bien estaría que sintiera amor, ese amor que perdura más allá de lo temporal y relativo. Que retuviera esa luz cálida de quien nos sigue amando. Su orgullo y confianza. El poema final nos dice «y no se quedará/ ningún punto oscuro/ sin el justo rayo de luz/ que se cuele/ por las rendijas del cielo.»
Yo saldo mi deuda de amor cantando a la presencia. Me gustaría que sintiera lo que esa mariposa en su revoloteo viene a transmitir. La certeza de que el amor permanece.
«No es fe,/ cuando se siente/ certeza es.»
Y a su espalda encontrará lo que tiene, lo que tenemos: amor.
