José Escolano Gil es autor de Afectos en tierra herida, poemario publicado por Editorial Poesía eres tú. En esta entrevista habla del doble sentido del título, de la ordenación del libro en cuatro partes, del mar como símbolo, de la denuncia ecológica y social y de las formas con regla que ensaya junto al verso libre.
En «Todavía respira» escribe: «El verde todavía respira,». Ese adverbio sostiene la tesis de la sección ecológica. ¿Cuándo supo que el libro iba a llamarse Afectos en tierra herida y qué quería decir con ese título?
Supe que iba a llamarse de ese modo cuando tuve colocados todos los poemas en sus secciones correspondientes y la obra ya estaba acabada. Entonces establecí una relación entre los cuatro pilares que sostienen mi obra: Amor, desamor, ecología (aquí ecopoesía) y relación social. Pensé que el amor producía un afecto positivo en el sujeto enamorado (AFECTIVIDAD), pero que también afectaba de manera negativa cuando devenía desamor (AFECTACIÓN). Este es el doble sentido de la primera palabra, AFECTOS, que conforma el título. También esta relación enlazaba con la idea de una Naturaleza, por una parte, tratada con mucho amor y afecto por los defensores del medio ambiente (y también por mi yo poético) y por otra parte, afectada por los incendios, la deforestación, el descuido y la irreparable conducta humana de agresión. Afectos que se dan en una tierra maltratada, dejando sobre ella una HERIDA constante. También me vino a la mente la idea de lo herida que está una persona cuando el amor lo traiciona y deviene desamor, cuando el amor vive y yace en una relación herida, es decir, en una tierra herida.
El libro se organiza en cuatro partes: «Amor», «Desamor», «Ecopoesía» y «Desarmonías vivenciales». ¿Pensó esa ordenación antes de escribir los poemas o apareció al reunirlos?
Pensé en esas cuatro ideas al principio mientras iba creando los poemas, pero el resultado final era un poemario ordenado por orden alfabético, donde se intercalaban los poemas sin una lógica visible. Fue entonces, cuando se me sugirió estructurar el poemario con un sentido válido si reagrupaba los poemas en cuatro secciones, según la temática de cada uno de ellos. Una vez elegidos los poemas decisivos, incluí cada uno de ellos en cada una de las cuatro secciones correspondientes.
En «Duele el amor» aparece la imagen «Como mar sin agua,». El mar es una presencia constante en la primera parte, con una sección propia. ¿Qué representa el mar en su poesía?
El mar tiene una representación plural en mi poesía. Es un símbolo personal perfilado con distintas metáforas que representa a veces la belleza, en ocasiones, la mujer amada, pero también representa la paz, la libertad, la armonía, pero sobre todo el AMOR que se origina en la relación amorosa con la mujer amada. (como mar sin agua, es decir, como amor sin amante).
Los poemas amorosos emplean un lenguaje de luz, vuelo y mar. ¿Cómo decide cuándo una emoción pide una imagen y cuándo una declaración directa?
No actúo de una manera racional, sino instintiva. No hay un previo estudio de la metodología a seguir. Uso un proceso no racionalmente consciente, simplemente me dejo llevar por la emoción y la inspiración rápida y abundante (las musas poéticas personales), como elementos que acaban perfilando el verso, a veces con declaración directa, a veces con imágenes.
«Futuro incierto» imagina «el oxígeno restante vendido en latas». ¿Parte de una noticia, de una conversación o de una impresión suya al escribir esa imagen?
Impresión, por supuesto, imagen de creación propia, de invención mía, surgida por la idea del mercantilismo que rige a la Naturaleza y que configura un resultado de presión: la influencia de estar sometidos a una prisión ecológica en la que nos vemos encerrados sin opción a hallar salidas viables (lata cerrada) y la posibilidad de que ese mercantilismo nos venda hasta el oxígeno carente avalando la contaminación y avance del CO2.
En «Árbol indefenso» repite un verso y lo niega en el siguiente. ¿Qué busca con esa inversión mínima?
En el primer verso se anuncia el instante de espera en que el árbol será talado, el segundo verso, al negar el primero, niega que la acción vaya a producirse. El árbol será respetado pues el joven abandona el lugar sin infligirle daño. Con esa inversión mínima busco defender la continua deforestación arbórea, tratando con este recurso literario incidir en un cambio de consciencia en el lector, a favor de respetar el medio ambiente. Esta idea de concienciar al lector está omnipresente en el árbol que preside la portada del poemario. Un árbol casi vencido, herido en una tierra herida, (todavía mantiene una rama verde), situado en un espacio de sombras y penumbras contaminadas, al que le llega un atisbo de luz y esperanza que incidirá en su salvación.
«Sobre la guerra» repite cuatro veces «Nunca habrá paz» y añade una condición en cada estrofa. ¿Cómo eligió esas condiciones y en qué orden?
Elegí esas cuatro condiciones, partiendo en las dos primeras condiciones de la exposición a un nivel físico de las causas que originan la guerra, como son el no reparto de la riqueza y el negocio de las armas. En las dos últimas condiciones elevo a un nivel espiritual la posibilidad de evitar las guerras con sentimientos de amor y justicia (las rosas) en una sociedad de tolerancia mutua que desemboque en el mar del respeto. La antítesis de las dos primeras condiciones con respecto a las segundas hace que actúen en dos planos diferenciados. Es evidente que el resultado es esclarecedor: Sí habrá paz si hay justicia y amor sin intereses ni agravios ocultos. Es evidente para mí el mensaje implícito en este poema. Como corolario, me atrevo a afirmar que una persona que vibra en las dimensiones del amor, nunca albergará en su pensamiento la idea de lanzar misiles contra los indefensos.
La cuarta parte es la más extensa del libro. ¿Por qué quiso que el peso de la denuncia fuera mayor que el del amor?
Partí de la idea de que sin amor una sociedad puede funcionar, ejerciendo sus reglas, aunque sean injustas. Pero el amor no puede sobrevivir en una sociedad que envilece, degrada y empobrece a sus ciudadanos y no atiende con claridad a sus necesidades básicas como educación, vivienda, sanidad y alimentación. De ahí se contempla por qué intenté recrearme y expandir la denuncia de lo injusto, para plasmar la necesidad de un equilibrio social, paz, respeto y afecto, factores estos, que indudablemente pueden ayudar a la sociedad a recuperar el amor y la armonía como roles principales en el buen desarrollo de la evolución humana. La carencia de amor hacia todas las dimensiones del afecto hará posible que el sujeto despierte y lo reivindique como necesario para la convivencia social. En mi próximo poemario, ya avanzado, que estoy creando, se invierten los términos y el amor pasará a tener una consideración especial al darle preferencia en la obra: Más de la mitad de los poemas versarán sobre el amor tanto de las personas amadas como su dedicación a todas las orientaciones existenciales del afecto.
El libro incluye acrósticos, tautogramas, un polisíndeton y un soneto. ¿Qué le aportan las formas con regla frente al verso libre?
Me permiten ampliar mi conocimiento del léxico y en vez de atarme la inspiración, ocurre al contrario, las formas con regla se convierten en un juego satisfactorio para mí, en un reto obligado de precisión, que conlleva un proceso reglado en el que disfruto enormemente. Pues, la invención dirigida de los versos tiene un papel importante y lúdico en mi obra.
En «Vuelven las oscuras golondrinas» retoma el título de Bécquer. ¿Qué lugar ocupan los poetas de la tradición en su manera de escribir?
He leído mucha poesía y a numerosos poetas y no actúo conscientemente cuando menciono alguna referencia de nuestro pasado y legado poético (como el posible romanticismo que el mar que observo cotidianamente me sugiere, o la observación a menudo del vuelo de las golondrinas que danzan a mi alrededor, o cuando uso la ironía burlesca a lo Quevedo hacia la persona ex amada que vive en los parámetros y coordenadas del desamor, o cuando la defensa de la justicia social podría hacer pensar en Blas de Otero o Gabriel Celaya). La influencia de los poetas de la tradición con sus versos maravillosos queda grabada en el subconsciente colectivo y también en el mío (así lo siento y lo creo) y de vez en cuando, sin intentar emular y menos plagiar, surge inesperadamente un link literario de la tradición. Puedo afirmar que ocupan un ínfimo lugar en mi creación poética actual, una vez que he superado mis tendencias abusivas en el uso del lenguaje barroco anterior y la eliminación de las figuras literarias transitadas.
