Mia Reig llega a la poesía después de más de veinte años en las aulas —con personas adultas, con alumnado en situación de vulnerabilidad, con quien aprende a leer de nuevo—. Parajes Impares, su debut editorial bajo el sello Editorial Poesía eres tú, no es un libro construido desde la voluntad de publicar, sino desde la escucha. Cuatro secciones de escala creciente, de lo íntimo a lo histórico, que culminan en el rescate de Margarita Gil Roësset, la artista de la Generación del 27 que murió a los veinticuatro años.

1. Parajes Impares llega después de más de veinte años de trabajo en el aula. Es un debut tardío en términos editoriales, pero no en términos de escucha. ¿Qué tuvo que ocurrir —o dejar de ocurrir— para que la pedagoga decidiera que era el momento de escribir un poemario?

Mi acercamiento a la escritura nunca respondió a una voluntad de publicación; la poesía surgió como un acto íntimo, profundamente vinculado a la emoción, a la experiencia personal y, en algunas ocasiones, al insomnio. Fue mi entorno familiar quien me animó a dar el paso hacia la publicación y, ya en la etapa de la jubilación, emprendí la tarea de revisar, ordenar y dar coherencia al conjunto de mis textos.

2. El libro se organiza en cuatro secciones de escala creciente: de lo más íntimo al rescate histórico de una mujer que la literatura española tardó noventa años en recordar. Esa arquitectura no parece improvisada. ¿La estructura fue anterior a los poemas, o los poemas fueron revelando el orden que necesitaban?

La organización del libro dista de ser improvisada. La primera sección se articula en torno a lo fugaz, a aquello que se desvanece irremediablemente, como el agua que fluye sin retorno. La segunda se construye desde el contraste: vida y muerte, fragilidad y fortaleza, miedo y valentía. La tercera, titulada «La luna en una taza de café», se adentra en un territorio de mayor carga surrealista, con intensidad sensorial y dimensión sinestésica. La estructura viene determinada tanto por la tipología de los poemas como por el propio título.

3. Hay un verso en el poema sobre el Alzheimer que funciona casi como declaración de intenciones del libro entero: «justo será que nuestras mejillas / se refresquen en los parajes impares». La palabra «paraje» aparece en al menos doce poemas con significados distintos. ¿Desde cuándo sabías que esa imagen iba a ser el eje del libro?

En Parajes Impares conviven poemas de reciente creación con otros escritos años atrás. El término «paraje» fue incorporado de manera deliberada en aquellos textos donde aparece, una vez definida la arquitectura global del poemario y establecido su título definitivo.

4. Varios poemas incluyen notas a pie de página —referencias a Proust, a los hermanos Goncourt, a Damsi Figueroa, a la historia del color de los zapatos de Dorothy—. Es una decisión formal infrecuente en poesía. ¿Tenías la sensación de que sin la nota el poema quedaba incompleto?

La inclusión de notas a pie de página fue objeto de una profunda reflexión. Opté por incorporarlas no por considerar que el poema resultara incompleto sin ellas, sino como una invitación al lector para que explore e indague en las referencias propuestas. La mención a autores —Dickinson, Proust, Miles Davis— no responde a un gesto erudito, sino a la carga emocional que cada uno de ellos encierra para mí. Las notas funcionan como un recurso emocional, capaz de ampliar el campo de resonancia del poema.

5. «Diciembre nació luciente» es el poema más arriesgado del libro: cuatro páginas donde doce meses personificados dialogan con Diciembre que se despide, y que termina con la disolución tipográfica del nombre —«Diciembre / Dici / Di / D»—. ¿Temiste que esa decisión pareciera un artificio?

Siento una especial complacencia por ese poema. El recurso de la disolución progresiva me pareció especialmente eficaz por su dimensión visual, auditiva e incluso táctil. Considero que se trata de un procedimiento expresivo de gran potencial, siempre que se utilice con mesura. No me pareció un artificio; más bien consideré que era lo que pedía el poema para cerrarse con un matiz afable.

6. El libro alterna poemas de cuatro páginas con poemas de tres versos. En los poemas más breves, ¿la brevedad llegó en el proceso de escritura o de revisión? ¿Qué criterio usas para saber cuándo un poema ha dicho exactamente lo suficiente?

La brevedad llegó de ambas maneras: durante el proceso de creación y también en el de la revisión. Los poemas son vida y la vida no se percibe siempre de igual manera. Hay poemas breves que no pueden decir más o se fracturarían. Entre estos destacaría «¿Viste hoy el cerezo en flor?» y el terceto titulado «La fragilidad».

7. La última sección del libro dedica un poema extenso a Margarita Gil Roësset, artista de la Generación del 27 que murió a los veinticuatro años. Cerrar un primer poemario con el rescate de otra mujer, en lugar de con un cierre sobre el yo poético, es un gesto que tiene consecuencias interpretativas. ¿Fue una decisión consciente desde el principio, o Marga llegó al libro sola?

Marga no llegó al libro sola, pero tampoco fue una decisión consciente desde el principio. Su figura vino motivada por la profunda impresión que me causó su historia cuando, en el contexto de la educación de personas adultas, coordinaba unas tertulias literarias centradas en las mujeres olvidadas de la Generación del 27. Gil Roësset ocupó un lugar importante en mi proyecto cuando supe cómo darle voz. Comprendí que debía otorgarle un espacio de especial relevancia dentro del libro, y el resultado fue un precioso ramillete de palabras convertido en poema solo para ella, con el fin de recuperar su memoria.

8. En «Yo escribí esto para ti con temor» escribes: «Lo escribí en un pergamino de agua / para que se borre enseguida, / pues temo fracturar mi alma.» Es una filosofía del acto poético que lo opone a cualquier idea de permanencia. Y sin embargo, el libro existe. ¿Cómo convives con esa tensión?

No, nunca entendí que hubiera tensión entre la escritura como gesto frágil y la publicación como acto de permanencia. Para mí la poesía es como surfear: a veces lo hacemos sobre la ficción y otras sobre la realidad. Yo cuento realidades y también imagino e invento. La poesía, si se explica, habría que hacerlo desde la belleza: en ella caben los sueños, las denuncias, las terapias del alma, las reivindicaciones… cabe todo, pero desde la belleza, porque si no deja de ser poesía para ser solo texto.

9. Parajes Impares funciona en dos circuitos que habitualmente no se cruzan: algunos poemas tienen la densidad y la concisión que circula en redes; otros exigen una atención sostenida. ¿Pensaste en algún tipo de lector concreto mientras escribías?

No, nunca pensé en escribir para una tipología de lector concreto porque nunca hasta ahora había pensado en publicar. Pero creo que subconscientemente pensaba en mi alumnado —entre los dieciocho y los noventa años— que tenía a su favor la curiosidad que les motivaba a aprender y a explorar. Aprendí de ellos que les encanta conocer los entresijos de una historia, lo que pasa entre bambalinas; esto justifica, sin duda, alguna desmesura en la extensión de las notas a pie de página.

10. Tu próxima obra, ¿existe ya como proyecto o como inquietud? ¿Hay algo que Parajes Impares no pudo decir —por límites de forma, de tono, de valentía en un primer libro— que ya está esperando su lugar?

Sí, sin duda. Todo libro es también un umbral, no una clausura. En las páginas de Parajes Impares hay zonas de silencio que obedecen tanto a decisiones estéticas como a los límites —siempre móviles— de la propia valentía. Hay ideas que guardo como una invitación a continuar escribiendo.

Gracias, Mia. Que el libro encuentre a sus lectores.