
Autor: JUAN ANTONIO MUÑOZ HERRERA
Año de Publicación: 2026
Editorial: Editorial Poesía eres tú
ISBN: 979-13-87806-54-5
PVP: 14 Euros (IVA Incluido). Puedes adquirir el libro en tu librería habitual y en nuestras librerías en internet.
Pags. 90
RESEÑA:
Por qué escribí “Clitemnestra”
No sé exactamente cuándo comenzó a hablarme Clitemnestra.
Estaba allí desde mucho antes, escondida en alguna parte de esas historias antiguas que uno cree conocer porque las ha escuchado tantas veces. Agamenón. Troya. Ifigenia. La sangre. El regreso. El asesinato. Y después, inevitablemente, la condena.
Clitemnestra quedó para siempre del otro lado de la historia, convertida en culpable, en la mujer que mata al hombre que vuelve de la guerra.
Pero había algo que no me dejaba tranquilo.
¿Qué había ocurrido antes?
La pregunta viene de muy lejos. Desde mi adolescencia, cuando comencé a leer a los griegos sin imaginar que aquellas lecturas permanecerían conmigo durante tantos años. Los trágicos entraron entonces en mi vida y nunca terminaron de salir. Volví a ellos una y otra vez, de distintas maneras, como se vuelve a ciertos lugares que no hemos terminado de comprender. Me atraía su oscuridad, pero también su claridad. Esa forma de mirar la condición humana sin protegerla, sin suavizarla; sin separar demasiado el amor del odio, la culpa de la inocencia, la justicia de la venganza.
Y allí estaba ya Clitemnestra.
Más tarde, el cine le dio un rostro. Recuerdo el impacto que me produjo la película Ifigenia (1977), de Michael Cacoyannis, y, sobre todo, Irene Papas. Hay personajes que uno lee y personajes que un día aparecen ante uno. Papas hizo aparecer a Clitemnestra. No sé si entonces habría podido explicarlo de ese modo, pero aquella mujer que veía en la pantalla dejó de ser para mí solamente una figura de la tragedia griega. Adquirió un cuerpo, una mirada, un horror.
Clitemnestra permaneció durante años en alguna zona de mi memoria.
Hasta que volvió.
Comencé a preguntarme qué había ocurrido antes de que se cerrara sobre ella la palabra “culpable”. Qué había sucedido en esa casa mientras Agamenón estaba en Troya. Qué significaba para una madre perder a una hija de aquella manera. Qué podía hacer el tiempo con una pérdida semejante. Y qué clase de silencio puede crecer dentro de una persona durante años hasta transformarse, finalmente, en una voz que ya no acepta callar.
Me interesaba aquello que no habíamos escuchado. No los hechos sino la pervivencia de los hechos.
Porque los mitos tienen algo extraño: pueden ser injustos. Se repiten durante siglos y, al repetirse, van endureciendo a sus personajes. Los convierten en nombres. En símbolos. En criminales. En héroes.
Clitemnestra no era para mí solamente la mujer que mató a Agamenón.
Antes de ser esa mujer, había sido hija, esposa, madre. Había amado. Había esperado. Había conocido la pérdida. Había visto partir a los hombres hacia una guerra que otros habían decidido. Y había quedado sola frente a las consecuencias de decisiones que no eran suyas.
Comprendí entonces que no podía hacerla hablar desde la vida.
Clitemnestra está muerta.
Y esa muerte era esencial.
No quería devolverla al mundo de los vivos. No quería imaginarla como una mujer que continúa su historia después del crimen. Quería situarla en ese lugar incierto que existe después de la muerte y antes del olvido. Un espacio sin tiempo preciso, donde la memoria puede atravesar aquello que la vida no consiguió resolver.
Un umbral.
Desde allí, Clitemnestra podía mirar hacia atrás.
Podía volver a Ifigenia, a Agamenón, a Troya, a Egisto, a Electra, a Crisótemis, a Orestes; a la espera, al deseo, al abandono, a la sangre. Podía mirar incluso su propio crimen y su propio asesinato. Podía enfrentarse a aquello que había hecho y a aquello que le habían hecho.
Estaba en otra parte.
Y desde allí podía hablar.
Clitemnestra me permitió entrar en ese espacio interior, en esa zona íntima donde los vivos y los muertos parecen rozarse, donde el pasado no ha terminado de suceder y el futuro ya no existe. Un lugar en el que una voz puede atravesar el tiempo porque ya no está sometida al tiempo.
No quise absolverla. Tampoco condenarla.
Quise sentirla.
Cuando empecé a escribir, creí que estaba escribiendo sobre Clitemnestra. Después comprendí que, en realidad, estaba escribiendo sobre una voz.
Primero fue apenas un murmullo. Después, una respiración. Finalmente, una mujer frente a mí, detenida en ese lugar en que ya no se está entre los vivos, pero todavía no se ha entrado por completo en la gran noche del silencio.
No sabía qué iba a decirme.
Sólo sabía que quería escucharla antes de que desapareciera.
Clitemnestra habló desde el umbral.
Y yo sólo tuve que escuchar.
Juan Antonio Muñoz H.
Santiago, 29 de agosto de 2026.
BIOGRAFÍA
Juan Antonio Muñoz Herrera (Santiago de Chile, 1963) es periodista, escritor, poeta y dramaturgo. Desde hace décadas desarrolla su trabajo en el ámbito de la cultura, especialmente en torno al teatro, la música y la ópera. De extensa trayectoria en El Mercurio, colabora asimismo con revistas especializadas de España, entre ellas Ópera Actual, y de Italia, como Opera, además de otras publicaciones nacionales e internacionales.
Es autor, entre otros títulos, de los ensayos Romeo y Julieta: Tú o nadie, la violencia del amor (2009), El canto de los siglos (2010) y Camino a Shakespeare (2021); de los libros periodísticos Un siglo en la escena (1998), Sociedad chilena Siglo XX (1999) y Conversaciones con la música (2018); de las obras teatrales El sueño de Shakespeare (2022), La última noche de Maria Callas (2023), Maria, Mater Dei (2024), Mi madre, Ana Bolena (2025), Las hermanas del viento (2026) y El ángel caído (2026); del drama sacro Jesús en el Monte de los Olivos (2026), y de los poemarios El deseo junto al aire frío (Puerto de Escape, 2019) y Amoroso reproche a las horas (Puerto de Escape, 2022).
Ha recibido, entre otros reconocimientos, el Premio Ernesto Pinto Lagarrigue al Mejor Periodista de Cultura. Actualmente se desempeña como decano de la Facultad de Artes de la Universidad de las Artes y las Comunicaciones (UNIACC) y es miembro del directorio de la Fundación Nacional de Orquestas Infantiles y Juveniles (Foji).
Clitemnestra es su más reciente obra de poesía dramática.







