Cinco poemas de LA RESPUESTA (EL AMOR ES MÁS QUE LA VIDA)
ALEJANDRO LAMA PRADA · Editorial Poesía eres tú, 2026
La respuesta (El amor es más que la vida) es el primer poemario de Alejandro Lama Prada (Sevilla, 1978), licenciado en Derecho y autor de Cicatrices mojadas, Erteado y acovidado: nivelao y Theia y sus géneros. Según declara el propio autor, el libro atraviesa la muerte de su padre, y lo hace en tres movimientos: Aproximación, En tránsito y Seguimos. Son veintisiete poemas en verso libre, casi siempre de línea breve, que van del paisaje que serena a la habitación del hospital y, desde ahí, a una certeza que ya anuncia el subtítulo: el amor dura más que el tiempo de quien se va.
Hemos elegido cinco poemas que recorren las tres secciones. Cada uno cumple al menos dos de nuestros criterios de selección: servir de puerta de entrada, mostrar la técnica más característica del autor, encarnar el tema central, conmover de forma directa o dejar ver la construcción del libro. Empezamos por donde empieza él, en un sendero, y terminamos en el cuarto donde se da la última puntada.
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1. EL SENDERO
(el poema que abre el libro y da su clave)
Hay una vereda
tranquila
donde es agradable
caminar.
Sobre manto de flores
avanzan mis pies
y ese deslizar alado
es acompañado
por una arboleda
de infinita cercanía.
El frescor
del verde
todo envuelve.
A pinares huele
de manera esencial.
Confluyen mis sentidos
en una sensación
de inigualable bienestar.
Es más que camino,
lo que no hay
aquí existe:
Ausencia de tiempo,
una serena paz
y amor incondicional;
el de verdad.
Y es más que camino,
pues no abandono
de esta mariposa
su sendero.
Sintiendo
mi pregunta,
a tu espalda
la respuesta.
Abre el libro y da su clave. Lo que empieza como un paseo por una vereda que huele a pinares se convierte en un estado sin tiempo, y los últimos versos devuelven el título: la respuesta no está delante, sino a la espalda de quien pregunta. Una invitación a entrar.
—
2. EL LIENZO
(la enfermedad pintada con una sola metáfora)
Hay cosas imposibles
de describir,
solo sentir.
Si tuviera
que dibujar tu muerte
comenzaría el lienzo
no blanco, por las acuarelas
de la fragilidad.
Tintes de un tumor
se cuelan en el cuadro,
encendiendo la mecha
colocada en el deterioro
de cada órgano de tu cuerpo.
Pinceladas de paz,
misericordia y humildad
fijan la arcilla
al hospital.
Luchando no por estar,
sino por ser.
Poco a poco
uniéndose a las partículas
de amor infinitas.
Voy acabando
el lienzo comenzado
y percibo que ahora
no tiene contornos.
Hoy siento
del cuadro sin marco
todos sus colores.
Todas sus formas.
Todos sus tiempos,
fusionados sus momentos
en un lienzo inabarcable.
Siguió la mariposa
revoloteando.
Lucía el verde
esplendoroso en los setos,
mezclado con el brillo
de tus ojos.
Iris de nuestra mirada.
Ya no me costó verlo.
Ya no te pierdo en la nubosidad,
eres la nube.
Es el poema donde la enfermedad se nombra sin rodeos, y lo hace sosteniendo una sola metáfora de principio a fin: pintar la muerte de alguien amado. El lienzo empieza en acuarelas de fragilidad, pasa por el hospital y termina sin marco ni contornos, abierto a todos sus colores.
—
3. RECUERDO
(el ausente regresa por los sentidos)
El sabor de una copa
de solera compartida.
Mi corazón te recuerda.
Huelo tu colonia
paseando por el pasillo.
Sonriendo,
el humo de tu cigarro
me acompaña a la cama
impregnando mi almohada.
Escucho a tu voz
decir mi nombre,
mientras mis ojos
cerrados acarician
el dolor de mi sueño.
Y siento la fuerza
de tus rizos
serpenteando el cielo
con la suavidad
del amor.
Diecinueve versos hechos de sentidos: el sabor de una copa, el olor de una colonia y de un cigarro, una voz que pronuncia un nombre. Sin abstracciones, el ausente regresa por la memoria del cuerpo. Es, quizá, el poema en el que más lectores reconocerán su propia pérdida.
—
4. YA NO ERES TIEMPO
(la tesis del subtítulo: el amor no es tiempo, es lugar)
La esencia del amor
vive
en una dimensión
atemporal.
En un eterno presente
sin espacios cerrados.
Puede ser en la más amplia
playa.
Puede ser en el más inmenso
campo floral.
Puede ser durante una tarde
de sofá.
Mas hay un lugar
que nunca falla,
el alma de tu corazón
latiendo por dos.
Ya no eres tiempo,
siento un momento
de sonidos ausente.
Vacío de sabores.
No percibo olores,
ya no hueles.
No te veo
con los ojos.
Y no hace falta piel,
pues estás dentro
y estás fuera.
Convergen mis sentidos
en la sinestesia
de nuestro sentir
y este amor nuestro
es el que me arropa
en mi vivir.
Tú no eres tiempo.
Eres amor intenso
y a la espalda de la muerte
sientes.
Sin la caducidad de la hoja,
sin rosas marchitas,
sin girasoles quemados.
No hay nada más perenne
que amarnos.
Ya no eres tiempo,
eres un lugar infinito
en un presente completo
de amor vivo.
Condensa la tesis del subtítulo. La anáfora de «Puede ser» abre lugares cotidianos; después los sentidos se apagan uno a uno y el poema los reúne en lo que él mismo llama sinestesia. El ausente deja de ser tiempo para convertirse en un lugar.
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5. EL CUARTO DE LA COSTURA
(el poema que cierra el libro)
A punto de cruz
coses amor
en mi vida
y no te gusta dejar
hilo suelto.
De donde vienes
la imperfección es belleza
y no se quedará
ningún punto oscuro
sin el justo rayo de luz
que se cuele
por las rendijas del cielo.
Te confiaré un secreto,
después de morir
te voy a seguir amando.
Bórdalo a tu corazón.
Cierra el libro con un oficio doméstico: coser a punto de cruz sin dejar hilo suelto. Enlaza con “El hilo amarillo”, de la primera sección, y concede la última palabra a una promesa que no se rinde ante la muerte. Un final íntimo, sin solemnidad, que anuda todo el recorrido.
Estos cinco poemas son solo una muestra de un recorrido que pide leerse entero y en orden, de la vereda al cuarto de la costura. Si alguno de ellos te ha acompañado, el libro completo te espera. La respuesta (El amor es más que la vida), de Alejandro Lama Prada, está publicado por Editorial Poesía eres tú (2026, 60 páginas, ISBN 979-13-87806-51-4). Toda la información sobre el autor y su obra: https://nuestrosescritores.com/alejandro-lama-prada/