Cinco poemas de CUANDO FALTA LA ANSIEDAD
DAISEL LOZADA FERNÁNDEZ · Editorial Poesía eres tú, 2026
Cuando falta la ansiedad reúne treinta y seis poemas en cuatro secciones —la irrupción de lo invisible, el caos interior, la pérdida y el regreso de la luz— y cuenta, sin nombrarla nunca, la historia de una mujer atravesada por una enfermedad que no se ve, y la de quien permanece a su lado sin poder entrar. Es el primer libro de Daisel Lozada Fernández, poeta cubano residente en Asturias, y su decisión formal más reconocible consiste en no describir la ansiedad, sino hablarle de tú.
Los cinco poemas reunidos aquí no son los cinco mejores: son los cinco que mejor explican el libro a quien todavía no lo ha leído. Hay al menos uno de cada sección, aparecen las dos formas que el autor alterna —la estrofa octosilábica de rima consonante y el verso libre extenso— y entre todos queda dibujado el arco completo del volumen, desde la irrupción hasta el regreso.
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1. Llegaste sin avisar
(Poema de apertura)
No esperaba tu visita,
menos hice invitación,
y no veo
la razón
que tu llegada ejercita.
No fue obra del ayer,
ni presagio del futuro,
y me atrevo
a dar por seguro
que le lograste sorprender.
Con rapidez te adueñaste
como si fuera una herencia,
ofreciéndole impaciencia
y muy confiada acampaste.
Su tranquilidad ahuyentaste,
y no te puede perdonar;
su corazón agitaste
cuando llegaste sin avisar.
Te instalaste en sus sentidos
como un huésped clandestino;
torciste
todo el camino
que creía ya aprendido.
Y aunque intente descifrar
la señal
de tu llegada,
solo encuentra tu emboscada
en cada intento de avanzar.
Es el poema que fija las reglas del libro: la ansiedad no es tema, es interlocutor, y se le habla con vocabulario de allanamiento —te adueñaste, acampaste, te instalaste—. Todo lo que viene después se apoya en esta primera acusación.
2. Oscuras ventanas del alma
(Técnica singular: la anáfora)
Oh sol, qué bello amanecer,
oh día limpio de primavera;
oh, si pudiera ella ver
la luz que tiembla en la pradera.
Oh claridad que se derrama,
oh rosa viva y azucena;
oh, ¿por qué siente tanta pena
si el mundo en calma la llama?
Oh, ¿qué has hecho con sus ojos,
ansiedad que los oscureces?
Oh, ya no mira como meses
antes de tus cerrojos flojos.
Oh sombra que se desliza,
oh niebla que la desarma;
oh, cómo le robas la calma
cuando la luz se suaviza.
Oh, quisiera ella sostener
la belleza que se asoma;
oh, pero todo se desploma
cuando intenta comprender.
Oh, se le nubla la mirada,
oh, se le quiebra la certeza;
oh, la flor pierde belleza
en su ventana apagada.
Oh, quisiera volver a ver,
oh, quisiera abrir la palma;
oh, ¿por qué se han de enlutecer
las oscuras ventanas del alma?
La anáfora más sostenida del libro: la interjección abre prácticamente todos los versos y construye una letanía de tono clásico. El recurso no es decorativo; el lamento repetido imita la insistencia de un dolor que no cambia de forma.
3. Divorcio incomprendido
(Temático central: la fractura entre cuerpo y mente)
No sé cómo tú has logrado
separar lo inseparable,
cortar sin arma alguna
lo que antes era unidad.
Su cuerpo sigue intacto,
con fuerza suficiente para andar,
con la salud que permitiría
afrontar el día sin tropiezos.
Pero cuando intenta pensar,
la cabeza no responde:
se ausenta,
se oculta,
no aparece.
La imagen se disuelve,
la idea pierde forma,
y el cuerpo espera
un movimiento que no llega,
como si la orden
se hubiera extraviado
en algún punto de la mente.
Hay momentos
en que la niebla mental
lo cubre todo:
una opacidad que separa,
que divide,
que deja al cuerpo solo
en su intento de avanzar.
La fractura no es visible,
pero opera en silencio:
una desconexión interna,
una línea partida
entre la función que quiere actuar
y la función que no responde.
Nada de esto fue decidido,
pero ocurre.
Ella lo vive sin entenderlo,
como si su propio organismo
se hubiera dividido en dos partes
que ya no dialogan.
Su cuerpo, dispuesto a luchar,
su mente, perdida en la niebla.
Y en esa separación involuntaria
se instala la verdad clínica:
un divorcio incomprendido.
El hallazgo conceptual más preciso del volumen. El poema no describe una enfermedad: describe una separación legal entre dos partes que antes eran una, y encuentra en el vocabulario jurídico la exactitud que la palabra síntoma no daba.
4. Cuando falta la ansiedad
(Arquitectura: el poema que da título al libro)
Hoy celebra noche y día
no haber caído en tu juego;
ya no le arrastras con fuego
ni con tu maña sombría.
Pensaste que le ganabas
al alterar su anatomía,
cabeza y cuerpo separar,
creíste que lo lograbas.
Su mente desordenabas,
creando un ruido profundo;
y hasta el pulso
de su mundo
con tu sombra desgarrabas.
Fingías ser realidad
con tu máscara imprecisa;
pero toda tu premisa
se quebró en su claridad.
Hoy camina sin tus pies,
sin tu truco en cada esquina;
y aunque la duda germina,
ya no dicta lo que es.
Hay vacíos que quedaron,
huecos que aún desconciertan;
pero en su forma desierta
los milagros respiraron.
Es extraño continuar
cuando el miedo
ya no aprieta;
la vida se vuelve quieta
y le invita a regresar.
A veces mira hacia atrás
y no entiende la caída;
pero sabe
que fue la herida
quien le enseñó a levantar.
Subió desde aquel abismo
sin temerle a la distancia;
y en su nueva circunstancia
renació su propio ritmo.
Hoy sobran las emociones,
sobran cielos por mirar;
y hasta el aire quiere entrar
en sus nuevas direcciones.
No hay truco en tu falsedad,
ni retorno a tu dominio;
ya no marcas su camino
cuando falta la ansiedad.
El poema que da título al libro explica también por qué ese título no celebra: nombra el hueco extraño que la enfermedad deja al retirarse. «Es extraño continuar / cuando el miedo / ya no aprieta» es la formulación más honesta que el volumen encuentra para la convalecencia.
5. Recuperar lo perdido
(Emoción directa: el poema de cierre)
Allí está, regresando a esos lugares.
Da un paso,
otro más.
El miedo ya no se interpone en su avance;
la vida abre de nuevo
como una puerta que siempre estuvo esperando.
Las calles ya no la extrañan.
El encuentro se despliega,
abre horizontes que estuvieron enclaustrados por meses,
sin barreras,
sin límites.
Qué grandioso es volver
a lo que antes le negabas.
Qué gusto le da ver el parque,
los jardines con sus flores.
El aroma,
los colores,
todo parece alinearse
al compás de su sonrisa renacida.
El viento le ofrece la brisa,
el sol su luz,
su calor.
La vida le devuelve ese amor perdido
que estuvo ausente
mientras atrapabas su existencia.
Tus intentos ya se dispersan
en su andar callejero.
Ella va mil pasos delante de ti;
tu orgullo
y tu maldad
son parte de un pasado
al que no piensa regresar.
Por eso hoy se devuelve a lo abierto.
Respira aire sin tu engaño,
sin tu trampa,
sin tu maña.
Baila, canta,
y recupera ilusiones perdidas.
Hoy, para ella,
es tiempo de disfrutar
todo lo que le robaste.
El último poema del libro y el único en que ella toma la iniciativa verbal y física: camina, mira, respira, baila. La recuperación no se cuenta como remisión médica, sino como reconquista de un territorio que había estado embargado.
Sobre el libro
Cuando falta la ansiedad, de Daisel Lozada Fernández, está publicado por Editorial Poesía eres tú en su primera edición de 2026: 100 páginas, ISBN 979-13-87806-53-8. Treinta y seis poemas en cuatro secciones, entre ellos «Te secuestré la victoria», el texto en el que las dos historias del volumen se encuentran por fin. Toda la información del autor y su obra, en https://nuestrosescritores.com/daisel-lozada-fernandez/