{"id":9622,"date":"2025-11-09T11:57:17","date_gmt":"2025-11-09T10:57:17","guid":{"rendered":"https:\/\/poesiaerestu.com\/revista\/?p=9622"},"modified":"2025-11-09T11:57:17","modified_gmt":"2025-11-09T10:57:17","slug":"otono-de-angel-jesus-martin-gonzalez-cuatro-estaciones-versos-para-ella","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/poesiaerestu.com\/revista\/otono-de-angel-jesus-martin-gonzalez-cuatro-estaciones-versos-para-ella\/","title":{"rendered":"Oto\u00f1o de \u00c1ngel Jes\u00fas Mart\u00edn Gonz\u00e1lez Cuatro Estaciones, Versos para Ella"},"content":{"rendered":"<p><strong>OTO\u00d1O<\/strong><\/p>\n<p>Amanecer en oto\u00f1o desde mi refugio en la monta\u00f1a.<br \/>\nLlegan las primeras brumas del d\u00eda,<br \/>\npintando los madro\u00f1os de grana y oro.<br \/>\nEquinoccio de oto\u00f1o, ya brotan los primeros reto\u00f1os.<br \/>\nDalias, jacintos y crisantemos te esperan<br \/>\nen la amarilla pradera de oro y de azul cielo.<\/p>\n<p>Observo caer hojas de \u00e1lamos y abedules al atardecer,<br \/>\nhaci\u00e9ndome morir y a la vez renacer.<br \/>\nTristes notas que emanan de mi viejo piano<br \/>\nme hacen despertar, invit\u00e1ndome a tocar.<br \/>\nDejo llevar mis manos por mi ansioso piano,<br \/>\nque no quiere detenerse de tocar.<\/p>\n<p>L\u00e1grimas caen en mi interior,<br \/>\nsin entender bien el motivo.<br \/>\nPodr\u00eda ser simplemente el triste olvido.<br \/>\nSigo tocando. Ahora mi mente viaja sola<br \/>\npor bosques de hayas y arces rojos.<br \/>\nBellos petirrojos cantando me acompa\u00f1an<br \/>\nen esta extra\u00f1a pero bonita melod\u00eda.<\/p>\n<p>Sigo acariciando mi piano,<br \/>\nviendo caer desde mi ventana<br \/>\nhojas ocres de abedules,<br \/>\nque en el cielo se balancean.<br \/>\nEl arroyo cercano se las lleva muertas,<br \/>\ncual procesi\u00f3n, con el viento del norte<br \/>\nen su fr\u00edo viaje a ninguna parte.<\/p>\n<p>Es hora de salir al jard\u00edn<br \/>\npara quitar las hojas de mi solitario banco de piedra,<br \/>\nque empieza a tener algo de verd\u00edn.<br \/>\nLos chasquidos de la le\u00f1a me llaman al interior.<br \/>\nEmpieza a hacer fr\u00edo y hay que seguir tocando.<br \/>\nJilgueros y ruise\u00f1ores esperan con honores<br \/>\nla c\u00e1lida melod\u00eda.<\/p>\n<p>Notas tranquilas y suaves me reconfortan<br \/>\nal recordar a la mujer querida y nunca conseguida.<br \/>\nEscrib\u00ed un d\u00eda, en una de las hojas<br \/>\nque bajaban por el arroyuelo,<br \/>\npalabras de amor para ella,<br \/>\npor si el destino acierta en su largo camino.<\/p>\n<p>Bonito so\u00f1ar, bonito vivir,<br \/>\ny aun as\u00ed, sin amor, ser feliz.<br \/>\nYa llegar\u00e1 el duro invierno<br \/>\ny para entonces tendr\u00e9 preparada buena le\u00f1a.<br \/>\nOjal\u00e1 me acompa\u00f1es eternamente<br \/>\njunto a este viejo piano.<\/p>\n<p>Mientras, seguir\u00e9 tocando<br \/>\npor si acaso escuchas de lejos tu canci\u00f3n preferida.<br \/>\nLos petirrojos te siguen esperando.<\/p>\n<p><strong>\u00c1ngel Jes\u00fas Mart\u00edn Gonz\u00e1lez<\/strong><br \/>\n<em>Cuatro Estaciones, Versos para Ella<\/em> (Editorial Poes\u00eda eres t\u00fa, 2025)<\/p>\n<p><strong>LA M\u00daSICA DEL TIEMPO QUE CAE<\/strong><\/p>\n<p>Hay poemas que son umbral, puerta entreabierta hacia ese territorio donde la palabra deja de explicar y empieza a resonar, como las teclas de un piano viejo que no necesita partitura porque toca desde la memoria de las manos. &#8220;Oto\u00f1o&#8221; es uno de esos poemas que no se leen tanto como se habitan, que invitan a entrar en el refugio de monta\u00f1a donde todo huele a le\u00f1a crepitante, a tierra h\u00fameda cubierta de brumas, a hojas muertas que el viento arrastra con delicadeza de cortejo f\u00fanebre. Es un poema que suena antes de decir, que nos llega por el o\u00eddo interno antes que por el entendimiento, como esas melod\u00edas que reconocemos sin saber d\u00f3nde las aprendimos.<\/p>\n<p>Desde el primer verso, Mart\u00edn Gonz\u00e1lez nos sit\u00faa en un espacio de soledad elegida, no impuesta: un refugio en la monta\u00f1a que es al mismo tiempo guarida f\u00edsica y santuario emocional. El oto\u00f1o llega con sus brumas matinales que pintan los madro\u00f1os de grana y oro, colores que son fuego apag\u00e1ndose, vida que se retira con dignidad crom\u00e1tica. Ese equinoccio de oto\u00f1o que anuncia reto\u00f1os nuevos es, parad\u00f3jicamente, promesa de futuro en medio de la ca\u00edda: incluso cuando todo muere, algo se prepara para renacer. Esa dial\u00e9ctica entre muerte y renovaci\u00f3n atraviesa todo el poema como un bajo continuo, como esas notas graves del piano que sostienen la melod\u00eda aunque nadie las escuche conscientemente.<\/p>\n<p>Y entonces aparece el verso que es eje, bisagra, coraz\u00f3n del poema: &#8220;Observo caer hojas de \u00e1lamos y abedules al atardecer, \/ haci\u00e9ndome morir y a la vez renacer&#8221;. Aqu\u00ed no hay met\u00e1fora sino identificaci\u00f3n ontol\u00f3gica: el yo po\u00e9tico no se parece a las hojas que caen; es las hojas que caen. Morir y renacer no son conceptos ni s\u00edmbolos, son experiencia simult\u00e1nea, contradicci\u00f3n que se vive en el cuerpo, en la respiraci\u00f3n que se corta al ver la belleza de lo que se va. Ese atardecer es hora de frontera, tiempo suspendido entre el d\u00eda que fue y la noche que vendr\u00e1, y en esa suspensi\u00f3n el poeta descubre que la p\u00e9rdida no anula la vida sino que la intensifica, como si solo pudi\u00e9ramos entender el valor de estar vivos cuando contemplamos c\u00f3mo todo lo dem\u00e1s se muere.<\/p>\n<p>El piano entra entonces en escena, y el poema cambia de registro. Ya no estamos en el paisaje exterior sino en el paisaje sonoro del alma. Ese viejo piano que emana tristes notas es m\u00e1s que instrumento: es interlocutor, compa\u00f1ero de duelo, testigo silencioso que reclama ser tocado como si la m\u00fasica fuera la \u00fanica forma de exorcizar el dolor o de darle forma habitable. Las manos del poeta se dejan llevar por el piano ansioso &#8220;que no quiere detenerse de tocar&#8221;, y en esa inversi\u00f3n sint\u00e1ctica \u2014no es el poeta quien toca sino el piano quien exige ser tocado\u2014 se revela una verdad profunda: a veces no elegimos expresar el dolor, es el dolor quien nos elige para expresarse.<\/p>\n<p>Entonces vienen las l\u00e1grimas que caen &#8220;en mi interior&#8221;, l\u00e1grimas no derramadas sino contenidas, lloradas hacia adentro donde nadie las ve pero duelen m\u00e1s. Y el poeta confiesa que no entiende bien el motivo: &#8220;Podr\u00eda ser simplemente el triste olvido&#8221;. Esa incertidumbre es honesta, humana. No todo dolor tiene causa clara; a veces lloramos porque algo se olvid\u00f3, porque alguien ya no est\u00e1 en la memoria con la nitidez que tuvo, y esa p\u00e9rdida de la p\u00e9rdida \u2014olvidar que hemos olvidado\u2014 duele con dolor sin nombre.<\/p>\n<p>Pero el poema no se queda en el lamento. La m\u00fasica sigue sonando y la mente viaja sola por bosques de hayas y arces rojos, acompa\u00f1ada por petirrojos que cantan &#8220;en esta extra\u00f1a pero bonita melod\u00eda&#8221;. Esos petirrojos son presencias aladas que traen consuelo, voces de la naturaleza que armonizan con las notas del piano creando una sinfon\u00eda involuntaria donde el arte humano y el canto natural se funden. La melancol\u00eda aqu\u00ed no es oscura sino luminosa, atravesada por rayos de belleza que hacen soportable el dolor.<\/p>\n<p>Mientras el piano suena, las hojas siguen cayendo desde la ventana \u2014esa ventana recurrente que es ojo del alma\u2014 y el poeta las ve balancearse en el cielo antes de que el arroyo cercano se las lleve &#8220;muertas, \/ cual procesi\u00f3n, con el viento del norte \/ en su fr\u00edo viaje a ninguna parte&#8221;. Esa procesi\u00f3n de hojas muertas es liturgia natural, ceremonia f\u00fanebre sin sacerdotes donde el agua oficia de \u00faltima morada y el viento del norte \u2014fr\u00edo, implacable\u2014 empuja hacia un destino que es ning\u00fan destino. La muerte aqu\u00ed no tiene sentido trascendente; las hojas van &#8220;a ninguna parte&#8221;, y en esa aceptaci\u00f3n de la finitud sin consuelo metaf\u00edsico hay una serenidad estoica, una madurez que no necesita inventar cielos para poder seguir viviendo.<\/p>\n<p>El poeta sale entonces al jard\u00edn a limpiar las hojas del banco de piedra que empieza a tener &#8220;algo de verd\u00edn&#8221;. Ese gesto cotidiano \u2014quitar hojas muertas de un banco\u2014 es acto de resistencia suave contra el avance del olvido, contra la naturaleza que todo lo cubre, todo lo borra. El banco con verd\u00edn es rastro del tiempo que pasa sin que nadie se siente, soledad que se hace visible en el musgo. Y los chasquidos de la le\u00f1a que arden en la chimenea llaman al interior: &#8220;Empieza a hacer fr\u00edo y hay que seguir tocando&#8221;. Esa obligaci\u00f3n \u2014hay que seguir tocando\u2014 no es imposici\u00f3n externa sino mandato interior, necesidad vital de seguir haciendo m\u00fasica aunque nadie escuche, aunque la mujer querida nunca venga.<\/p>\n<p>Porque entonces aparece ella, la ausente que es centro de todo: &#8220;la mujer querida y nunca conseguida&#8221;. Nueve palabras que contienen una biograf\u00eda emocional completa. Querida pero nunca conseguida: amor que existi\u00f3 en el deseo pero no en la consumaci\u00f3n, mujer que fue real pero inalcanzable, fantasma de carne que habita la memoria como habitan los muertos nuestros sue\u00f1os. Y el poeta confiesa que escribi\u00f3 &#8220;un d\u00eda, en una de las hojas \/ que bajaban por el arroyuelo, \/ palabras de amor para ella, \/ por si el destino acierta en su largo camino&#8221;. Ese gesto es de una ternura desgarradora: escribir palabras de amor en una hoja que el agua se llevar\u00e1, confiar en que el azar \u2014o el destino\u2014 haga llegar el mensaje a quien nunca lo recibir\u00e1. Es acto de fe po\u00e9tica, de esperanza sin esperanza, de amor que sabe que es imposible pero se dice igual porque el amor verdadero no calcula probabilidades.<\/p>\n<p>Y entonces viene la aceptaci\u00f3n final, el verso que es clave de b\u00f3veda de todo el poema: &#8220;Bonito so\u00f1ar, bonito vivir, \/ y aun as\u00ed, sin amor, ser feliz&#8221;. Aqu\u00ed reside la sabidur\u00eda conquistada tras haber atravesado todas las estaciones del dolor. Es posible \u2014dice el poeta\u2014 so\u00f1ar con belleza, vivir con plenitud, y aun as\u00ed, sin amor, ser feliz. No es resignaci\u00f3n derrotada sino aceptaci\u00f3n luminosa: la felicidad no depende de que el amor sea correspondido, de que la mujer querida venga finalmente, de que el oto\u00f1o deje de ser oto\u00f1o. La felicidad es decisi\u00f3n, capacidad de encontrar belleza en las hojas que caen, en los petirrojos que cantan, en las notas del piano que suenan aunque nadie las escuche salvo el propio poeta y los p\u00e1jaros.<\/p>\n<p>El poema cierra con una esperanza condicional: &#8220;Ojal\u00e1 me acompa\u00f1es eternamente \/ junto a este viejo piano&#8221;. Ojal\u00e1, palabra \u00e1rabe que invoca a Dios sin nombrarlo, que dice &#8220;si Dios quiere&#8221; pero en diminutivo, en voz baja, sin exigir. Y mientras esa compa\u00f1\u00eda no llega \u2014o llega y se va, o nunca llega\u2014 el poeta &#8220;seguir\u00e1 tocando \/ por si acaso escuchas de lejos tu canci\u00f3n preferida&#8221;. Ese &#8220;por si acaso&#8221; es devastador de puro humilde: no hay certeza de que ella escuche, no hay siquiera certeza de que est\u00e9 viva o cerca, pero se toca igual, porque tocar es forma de seguir vivo, de seguir amando, de seguir esperando sin que la esperanza mate.<\/p>\n<p>&#8220;Los petirrojos te siguen esperando&#8221; es el verso final, y en \u00e9l se condensa toda la fidelidad natural del amor que no se rinde. Los petirrojos \u2014aves que en la tradici\u00f3n europea simbolizan la esperanza y la renovaci\u00f3n\u2014 siguen esperando, como sigue esperando el piano, como sigue esperando el oto\u00f1o, como sigue esperando el poeta. Esa espera no es pasiva sino activa: se espera tocando, se espera observando las hojas caer, se espera escribiendo palabras en hojas que el arroyo se lleva.<\/p>\n<p>&#8220;Oto\u00f1o&#8221; es, en s\u00edntesis, un poema sobre la belleza del dolor aceptado, sobre c\u00f3mo la melancol\u00eda puede ser luminosa si se la mira con ojos limpios, sin resentimiento. Es poema sobre la soledad elegida como espacio de creaci\u00f3n, sobre el arte \u2014el piano, la poes\u00eda\u2014 como forma de habitar la ausencia sin que la ausencia nos destruya. Es, finalmente, un poema sobre la madurez emocional que consiste en saber que podemos ser felices aunque no tengamos todo lo que deseamos, que la vida sigue siendo hermosa aunque el amor no sea correspondido, que vale la pena seguir tocando el piano aunque nadie venga a escucharnos, porque tocar es ya una forma de amor, y el amor verdadero no necesita respuesta para justificarse. Solo necesita ser, como las hojas que caen necesitan caer, como el oto\u00f1o necesita venir despu\u00e9s del verano, como el piano necesita ser tocado por manos que conocen el dolor y aun as\u00ed eligen la m\u00fasica.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>OTO\u00d1O Amanecer en oto\u00f1o desde mi refugio en la monta\u00f1a. Llegan las primeras brumas del d\u00eda, pintando los madro\u00f1os de grana y oro. Equinoccio de oto\u00f1o, ya brotan los primeros reto\u00f1os. Dalias, jacintos y crisantemos te esperan en la amarilla pradera de oro y de azul cielo. 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