{"id":11134,"date":"2026-09-26T18:50:32","date_gmt":"2026-09-26T16:50:32","guid":{"rendered":"https:\/\/poesiaerestu.com\/revista\/?p=11134"},"modified":"2026-09-26T18:50:32","modified_gmt":"2026-09-26T16:50:32","slug":"critica-literaria-con-tres-heridas-loli-g-garcia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/poesiaerestu.com\/revista\/critica-literaria-con-tres-heridas-loli-g-garcia\/","title":{"rendered":"Cr\u00edtica literaria. Con tres heridas, de Loli G. Garc\u00eda"},"content":{"rendered":"<section class=\"l-section wpb_row height_medium\"><div class=\"l-section-h i-cf\"><div class=\"g-cols vc_row via_flex valign_top type_default stacking_default\"><div class=\"vc_col-sm-12 wpb_column vc_column_container\"><div class=\"vc_column-inner\"><div class=\"wpb_wrapper\"><div class=\"wpb_text_column\"><div class=\"wpb_wrapper\"><p>Obra: Con tres heridas. Autora: Loli G. Garc\u00eda. Pr\u00f3logo: \u00c1ngela Serna. Editorial: Ediciones Rilke. A\u00f1o: 2026 (primera edici\u00f3n). ISBN: 978-84-18566-73-8. Cincuenta y un poemas en tres secciones y un ep\u00edlogo de tres piezas.<\/p>\n<p>Loli G. Garc\u00eda naci\u00f3 en Vitoria-Gasteiz. Es licenciada en Historia del Arte y diplomada en Trabajo Social, y su vida laboral se ha desarrollado en los Servicios Sociales. Antes de este libro public\u00f3 los poemarios Como mariposas muertas (TarQus, 2020) y De Natura (Nimbo, 2022); su obra figura en m\u00e1s de veinte antolog\u00edas y parte de ella se ha traducido al italiano. Es declamadora y cantante en el tr\u00edo de m\u00fasica y poes\u00eda Las MilyUna, coordina el encuentro po\u00e9tico Aletxa en verso y es vicepresidenta de Krelia, Asociaci\u00f3n de Creadores Literarios de \u00c1lava. Ediciones Rilke publica ahora Con tres heridas, que toma el t\u00edtulo y la armaz\u00f3n del poema de Miguel Hern\u00e1ndez reproducido como p\u00f3rtico: \u00abLleg\u00f3 con tres heridas: \/ la del amor, \/ la de la muerte, \/ la de la vida.\u00bb (p. 13). El verso es de Hern\u00e1ndez; la decisi\u00f3n de convertirlo en \u00edndice es de la autora, y es la primera que conviene examinar.<\/p>\n<p>El libro se reparte en tres secciones que llevan por r\u00f3tulo las tres heridas: \u00abLa del amor\u00bb, con diecis\u00e9is poemas (pp. 19-34); \u00abLa de la muerte\u00bb, con quince (pp. 39-54); y \u00abLa de la vida\u00bb, con veinte (pp. 59-79). Cada una se abre con un ep\u00edgrafe hernandiano propio, tomado de El rayo que no cesa en las dos primeras y de El hombre acecha en la tercera, y un ep\u00edlogo de tres poemas cierra el volumen (pp. 83-87). El poema de Hern\u00e1ndez enuncia las heridas tres veces y en cada estrofa altera su orden; la autora adopta el de la primera, y esa elecci\u00f3n tiene consecuencias. El libro no va del nacimiento a la muerte, como har\u00eda una biograf\u00eda, sino del deseo a la extinci\u00f3n y de la extinci\u00f3n a la vida, de manera que la \u00faltima secci\u00f3n no clausura: reanuda. El ep\u00edgrafe que la abre lo anuncia sin rodeos: \u00abPorque soy como el \u00e1rbol talado que reto\u00f1o: \/ porque a\u00fan tengo la vida.\u00bb (p. 57).<\/p>\n<p>Pero la tercera herida no es una celebraci\u00f3n sin sombra. En su segunda mitad entra el cuerpo enfermo \u2014\u00abVulnerable\u00bb, \u00abFormas de amanecer\u00bb, \u00abYacente\u00bb, \u00abNo duele\u00bb, \u00abTe llevo dentro\u00bb\u2014, y con \u00e9l la secci\u00f3n adquiere su sentido: la vida no es aqu\u00ed lo que se opone a la muerte, sino lo que persiste a pesar de ella. El asunto declarado del libro son tres heridas; el asunto real es el lugar donde las tres ocurren, que es el cuerpo, y m\u00e1s exactamente el tiempo del cuerpo. La secci\u00f3n amorosa ya lo formula en uno de sus mejores d\u00edsticos: \u00abDigo piel cuando quiero decir patria \/ donde nacer y morir en un instante.\u00bb (p. 26). La de la muerte empieza por el sue\u00f1o, entendido como ensayo cotidiano de la desaparici\u00f3n, \u00abolvidar el d\u00eda, \/ morir un poco.\u00bb (p. 39), y lo desarrolla en \u00abEl polvo que seremos\u00bb, que se abre con una constataci\u00f3n sin \u00e9nfasis, \u00abCada d\u00eda nos deshacemos un poco.\u00bb (p. 41), y sit\u00faa ese desgaste no lejos del amor sino dentro de \u00e9l: \u00abNos dispersamos con el roce de los cuerpos, \/ en las caricias, en los besos.\u00bb (p. 42). Las tres heridas no son compartimentos estancos; son la misma superficie vista en tres momentos.<\/p>\n<p>El molde es el verso libre, a veces blanco, como apunta el pr\u00f3logo de \u00c1ngela Serna, y su recurso principal es la repetici\u00f3n. Hay poemas enteros construidos sobre una f\u00f3rmula que se renueva: \u00abDigo piel\u00bb, \u00abNo dejes de\u00bb, \u00abQuiero\u00bb, \u00abCuerpos\u00bb, \u00abTus ojos\u00bb. En \u00abCumplea\u00f1os\u00bb la misma frase vuelve cuatro veces y cambia de modalidad en cada una \u2014afirmaci\u00f3n, exclamaci\u00f3n, pregunta y una variante final que le da la vuelta\u2014, un procedimiento de ra\u00edz oral que encaja con una autora que dice sus textos en p\u00fablico. Donde la repetici\u00f3n rinde m\u00e1s es en su dimensi\u00f3n mim\u00e9tica. En \u00abEl baile\u00bb la sintaxis imita el movimiento de los amantes con verbos pronominales emparejados por oposici\u00f3n, \u00abLos cuerpos se entrelazan \/ se desenlazan, \/ se pegan, \/ se despegan,\u00bb (p. 22), y el verso se acorta a medida que la escena se acelera. En el extremo opuesto est\u00e1 \u00abVac\u00edo, lleno, vac\u00edo\u00bb, ocho versos sin un solo verbo que reducen el parto a una aritm\u00e9tica de la separaci\u00f3n: \u00abdos en una, \/ dos, \/ cada una, \/ una.\u00bb (p. 65). Es la pieza m\u00e1s arriesgada del volumen y una de las m\u00e1s logradas, porque no explica nada. \u00abFormas de amanecer\u00bb, por su parte, ensaya la disposici\u00f3n espacial del verso con sangr\u00edas y cuatro participios que comparten prefijo \u2014enroscada, encrespada, engarzada, ensortijada\u2014 antes de un cierre que nombra por fin al hu\u00e9sped: \u00abFormas de amanecer con el mal que me habita.\u00bb (p. 73). Es una v\u00eda que el libro apenas transita y que merecer\u00eda m\u00e1s desarrollo.<\/p>\n<p>El libro gana cuando baja al detalle concreto y pierde cuando nombra la emoci\u00f3n en lugar de provocarla. En \u00ab5 de diciembre 1980\u00bb el reci\u00e9n nacido no es una promesa abstracta, sino un cuerpo con olor: \u00abTu peque\u00f1o cuerpo \/ promesa impregnada de olor a meconio.\u00bb (p. 59). La palabra es t\u00e9cnica, nada po\u00e9tica, y precisamente por eso fija la escena. \u00abEl Fort\u00edn\u00bb levanta un inventario de aperos que parece etnogr\u00e1fico, \u00abHorcas y horquillas, \/ bieldos, guada\u00f1a, la hoz y sus dediles,\u00bb (p. 50), y solo en los \u00faltimos versos revela para qu\u00e9 sirve ese museo improvisado: es un homenaje a los ancestros \u00aby al hijo prematuramente muerto\u00bb, un \u00abFort\u00edn seguro donde sobrevivir a su ausencia.\u00bb (p. 50). La acumulaci\u00f3n de objetos era un duelo, y el lector lo descubre a la vez que el poema. \u00abConversaci\u00f3n\u00bb cede la palabra al espejo ante una ni\u00f1a que se descubre en \u00e9l, y remata con un doble sentido feliz: \u00abElla enamorada de su imagen en el espejo, \/ yo, emocionado, pierdo el azogue.\u00bb (p. 69). El azogue es a la vez el mercurio que convierte el vidrio en espejo y, en la lengua com\u00fan, sin\u00f3nimo de inquietud.<\/p>\n<p>El reverso aparece cuando la emoci\u00f3n se enuncia. \u00abYa queda menos para el verano\u00bb cierra cada estrofa con una f\u00f3rmula que escala de la sensaci\u00f3n a la palabra, desde \u00abS\u00f3lo una sensaci\u00f3n: Felicidad.\u00bb hasta \u00abSolo una palabra: Plenitud.\u00bb (p. 62). La gradaci\u00f3n es elegante, pero pone nombre a lo que las im\u00e1genes del poema ya hab\u00edan dado, y el sustantivo en may\u00fascula acaba haciendo el trabajo que correspond\u00eda al lector. Algo parecido ocurre con las f\u00f3rmulas del habla com\u00fan, que en ocasiones entran al verso sin transformarse, \u00aben este mundo de locos, \/ en este sinf\u00edn de desvar\u00edos.\u00bb (p. 63), o con comparaciones que desv\u00edan el tono: en \u00abYacente\u00bb, el cuerpo dolorido que se hunde en el lecho \u00abse marida \/ como buen vino.\u00bb (p. 74), y la imagen enol\u00f3gica distrae justo cuando el poema necesitaba gravedad.<\/p>\n<p>La aportaci\u00f3n m\u00e1s personal del libro est\u00e1 en tres desplazamientos. El primero afecta a la muerte, que aqu\u00ed no es la eleg\u00eda por los mayores sino una constataci\u00f3n generacional: \u00abYa no hablo de mis mayores, \/ hablo de mis coet\u00e1neos:\u00bb (p. 43). La muerte deja de ser algo que les ocurre a otros, y el poema lo asume sin dramatismo: \u00abme acerco a la rampa de salida.\u00bb (p. 43). El segundo afecta al erotismo, que en la l\u00edrica suele preferir la juventud y que aqu\u00ed se escribe tambi\u00e9n desde la madurez: en \u00abLa memoria de la piel\u00bb, dos amantes de manos nudosas descubren que \u00abAhora, \/ despu\u00e9s de tantos a\u00f1os, \/ pervive la urgencia de entonces;\u00bb (p. 29). El tercero es la contaminaci\u00f3n de lo \u00edntimo por lo colectivo. \u00abHicimos el amor\u00bb, dedicado a las personas arrastradas por la dana de Valencia, cierra la secci\u00f3n amorosa con una escena en la que el deseo no llega porque la cat\u00e1strofe se ha colado en la cama: \u00abEn cada envite una oleada de agua marr\u00f3n \/ flu\u00eda dentro de m\u00ed \/ y me llevaba, \/ como a ellas, calle abajo.\u00bb (p. 34). El poema funciona como bisagra hacia la secci\u00f3n de la muerte y demuestra que el amor, en este libro, no es un refugio frente al mundo.<\/p>\n<p>La filiaci\u00f3n hernandiana va m\u00e1s all\u00e1 del t\u00edtulo. Hern\u00e1ndez pens\u00f3 el amor, la muerte y la descendencia como una sola materia, y su Cancionero y romancero de ausencias, del que procede el p\u00f3rtico, se escribe a la sombra de la muerte de su primer hijo y del nacimiento del segundo. Con tres heridas hereda esa trabaz\u00f3n y la traslada a otra biograf\u00eda y a otro tiempo, con el cuerpo como bisagra. El di\u00e1logo con Antonio Gamoneda, en cambio, es m\u00e1s t\u00edmido: los dos poemas que el libro le dedica lo leen con reverencia \u2014\u00abTus palabras de hierro y ceniza \/ me pesan en el alma, la doblegan,\u00bb (p. 46)\u2014 y quedan m\u00e1s cerca de la nota de lectura que de la respuesta. El ep\u00edlogo ensancha el foco hacia la memoria compartida. \u00abSolitario pino mediterr\u00e1neo\u00bb cuenta la historia de un campesino que no volvi\u00f3 de sus vi\u00f1as en \u00abaquellos a\u00f1os dif\u00edciles\u00bb y cuyo cuerpo aliment\u00f3 un \u00e1rbol: \u00abHoy sabemos que los pi\u00f1ones y su magro cuerpo \/ fueron las semillas que te nutrieron y erigieron,\u00bb (p. 83). El \u00e1rbol talado que reto\u00f1a del ep\u00edgrafe hernandiano encuentra aqu\u00ed su versi\u00f3n hist\u00f3rica. \u00abLa vida quiso\u00bb presta la voz a una mujer desplazada, \u00abRefugiada me llaman, \/ obligada \u2014dir\u00eda yo\u2014\u00bb (p. 85), y \u00abCuando echo la vista atr\u00e1s\u00bb convoca a las generaciones de mujeres que precedieron al sujeto y le reclaman lo que a ellas se les neg\u00f3: \u00abconquista tu tiempo y espacio \/ tu palabra e independencia,\u00bb (p. 87). \u00c1ngela Serna lee ese ep\u00edlogo, en el pr\u00f3logo, como presagio de una escritura pr\u00f3xima, y es una lectura razonable: es el tramo donde la voz se aparta m\u00e1s de s\u00ed misma.<\/p>\n<p>La poes\u00eda que hoy circula con m\u00e1s facilidad tiende al poema breve de lectura inmediata, construido sobre una sentencia memorable. Con tres heridas comparte con ella la llaneza del registro y la brevedad de muchas piezas, y su origen oral es evidente. Se separa en dos puntos. El primero es la construcci\u00f3n de conjunto: el libro se sostiene como arquitectura, y buena parte de sus poemas ganan sentido por el lugar que ocupan, como ocurre con \u00abHicimos el amor\u00bb al final de la secci\u00f3n amorosa o con \u00abTe llevo dentro\u00bb despu\u00e9s de los poemas de la crianza. El segundo es que sus mejores momentos no son citables fuera de contexto: el meconio, los dediles, el azogue necesitan el poema que los sostiene. Donde el libro se acerca m\u00e1s a esa poes\u00eda de consumo r\u00e1pido es justamente donde se debilita, en los cierres que resumen.<\/p>\n<p>La constelaci\u00f3n que el propio libro declara ayuda a medir su alcance. Con la poes\u00eda social de Blas de Otero y Gabriel Celaya, a quienes el pr\u00f3logo sit\u00faa en la formaci\u00f3n de la autora, comparte la voluntad de que el poema d\u00e9 cuenta de lo colectivo; la diferencia est\u00e1 en el modo. Donde Otero y Celaya interpelan en plural y hacen del poema una tribuna, Loli G. Garc\u00eda cuenta casos: un campesino que no volvi\u00f3 de las vi\u00f1as, una mujer a la que llaman refugiada, una fila de antepasados. El \u00fanico imperativo de ese tramo, \u00abconquista todo lo que nos fue arrebatado\u00bb (p. 87), no lo pronuncia la voz del poema, sino las de quienes la precedieron. Con Francisca Aguirre, cuyo verso abre el pr\u00f3logo, el punto de contacto es la memoria de la posguerra contada desde abajo y en un idioma llano; pero Aguirre escribi\u00f3 esa memoria como biograf\u00eda propia, la de una hija, y aqu\u00ed llega como historia de un lugar, desplazada a un \u00e1rbol que hace de testigo. Con Chantal Maillard, tambi\u00e9n convocada por \u00c1ngela Serna, comparte la idea de la herida como lugar de conocimiento y la atenci\u00f3n al cuerpo que duele; la variaci\u00f3n es formal y decisiva: la autora de La herida en la lengua somete la sintaxis a la fractura, mientras que Con tres heridas conserva la frase entera y la narraci\u00f3n l\u00edrica incluso en \u00abFormas de amanecer\u00bb, su poema m\u00e1s pr\u00f3ximo a la disgregaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Convence la honestidad con que el libro atraviesa territorios que la poes\u00eda suele separar: el erotismo de la madurez, la mortalidad asumida sin aspavientos, la crianza vista desde dos generaciones y la memoria de quienes no pudieron contarla. Convence el o\u00eddo para el objeto concreto, y convence el humor seco con que la voz trata a la muerte en \u00abDir\u00e9 que no\u00bb, donde la rechaza con una excusa casi dom\u00e9stica: \u00abNo me viene bien hoy, \/ ni ma\u00f1ana,\u00bb (p. 44). Y convence la coherencia del criterio que recorre el libro: la vida vale mientras preserva al sujeto, y los poemas del cuerpo enfermo lo sostienen sin autocompasi\u00f3n, como en el remate de \u00abVulnerable\u00bb: \u00abLuego te espero regenerado, \/ presto para la batalla, \/ aunque, \/ la final siempre est\u00e9 perdida.\u00bb (p. 72). Ese \u00abaunque\u00bb aislado en su verso hace visible la duda sin resolverla.<\/p>\n<p>Lo que le falta es poda, sobre todo en \u00abLa de la vida\u00bb, la secci\u00f3n m\u00e1s extensa, donde conviven piezas muy logradas con otras m\u00e1s pr\u00f3ximas a la celebraci\u00f3n de circunstancias, como \u00abTiempo de madres\u00bb o \u00abSonrisa al viento\u00bb. Tambi\u00e9n se echa en falta m\u00e1s confianza en la imagen: cuando un poema de este libro nombra la felicidad, el lector la recibe como dato; cuando la huele en un reci\u00e9n nacido, la reconoce.<\/p>\n<p>Recomiendo especialmente a: lectores que buscan en el verso una experiencia reconocible del cuerpo en la madurez \u2014el deseo, la enfermedad, la crianza vista desde dos generaciones\u2014 sin ret\u00f3rica de consuelo; a quienes leen a Miguel Hern\u00e1ndez y quieren ver c\u00f3mo resuena hoy su trinidad de amor, muerte y vida; a clubes de lectura y talleres, porque la arquitectura en tres heridas ofrece un recorrido f\u00e1cil de discutir; y a lectores interesados en la memoria hist\u00f3rica contada desde lo peque\u00f1o.<\/p>\n<p>No lo recomiendo a: quienes esperan una poes\u00eda de experimentaci\u00f3n formal o de alta densidad metaf\u00f3rica; a lectores que buscan un tono sostenido de principio a fin, porque la tercera secci\u00f3n alterna piezas de gran concentraci\u00f3n con textos de circunstancia; ni a quien exija que el poema deje siempre la emoci\u00f3n sin nombrar.<\/p>\n<p>Con tres heridas es un libro honesto y bien construido, que encuentra su unidad menos en los tres temas anunciados que en el cuerpo donde los tres suceden. Su m\u00e9rito no est\u00e1 en la ambici\u00f3n del proyecto, que hereda de Hern\u00e1ndez, sino en la capacidad de detenerse en lo peque\u00f1o \u2014un olor, un apero, el mercurio de un espejo\u2014 hasta que lo peque\u00f1o contiene el duelo o la dicha. Cuando la autora conf\u00eda en eso, el libro alcanza una sobriedad que no necesita adjetivos. Cuando se apoya en la f\u00f3rmula, pierde filo. Quedan suficientes p\u00e1ginas del primer tipo para que este tercer poemario merezca leerse entero.<\/p>\n<p>Las citas del volumen en que se apoya esta lectura, con indicaci\u00f3n de p\u00e1gina, son las siguientes.<\/p>\n<p><em>\u00abDigo piel cuando quiero decir patria\u00bb (p. 26)<br \/>\n\u00abpervive la urgencia de entonces;\u00bb (p. 29)<br \/>\n\u00abcomo a ellas, calle abajo.\u00bb (p. 34)<br \/>\n\u00abCada d\u00eda nos deshacemos un poco.\u00bb (p. 41)<br \/>\n\u00abanticipo del polvo que seremos.\u00bb (p. 41)<br \/>\n\u00abhablo de mis coet\u00e1neos:\u00bb (p. 43)<br \/>\n\u00ab\u00a1Ahora ll\u00e9vame contigo!\u00bb (p. 44)<br \/>\n\u00aby al hijo prematuramente muerto.\u00bb (p. 50)<br \/>\n\u00absoy un p\u00e1jaro herido\u00bb (p. 53)<br \/>\n\u00abpromesa impregnada de olor a meconio.\u00bb (p. 59)<br \/>\n\u00abSolo una palabra: Plenitud.\u00bb (p. 62)<br \/>\n\u00abyo, emocionado, pierdo el azogue.\u00bb (p. 69)<br \/>\n\u00abFormas de amanecer con el mal que me habita.\u00bb (p. 73)<br \/>\n\u00ab\u00a1Ingrato hijo de mis c\u00e9lulas!\u00bb (p. 77)<br \/>\n\u00abque denuncian a aquellos que sembraron muerte.\u00bb (p. 83)<br \/>\n\u00abRefugiada me llaman,\u00bb (p. 85)<br \/>\n\u00abconquista todo lo que nos fue arrebatado\u00bb (p. 87)<\/em><\/p>\n<p>Cr\u00edtica realizada por Ana Mar\u00eda Olivares<\/p>\n<\/div><\/div><\/div><\/div><\/div><\/div><\/div><\/section>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cincuenta y un poemas en tres secciones y un ep\u00edlogo. Con tres heridas, tercer poemario de Loli G. Garc\u00eda, toma de Miguel Hern\u00e1ndez el t\u00edtulo y la armaz\u00f3n \u2014la herida del amor, la de la muerte y la de la vida\u2014 y encuentra su unidad en el lugar donde las tres suceden: el cuerpo. El libro gana cuando baja al detalle concreto, un olor a meconio, un inventario de aperos, el azogue de un espejo, y pierde cuando nombra la emoci\u00f3n en lugar de provocarla. Honesto y bien construido, se aparta de la eleg\u00eda heredada para escribir la muerte de los coet\u00e1neos, el erotismo de la madurez y la memoria de quienes no pudieron contarla.<\/p>\n","protected":false},"author":1001006,"featured_media":11140,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":"","_links_to":"","_links_to_target":""},"categories":[41],"tags":[853,667,694,852],"class_list":["post-11134","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-resenas","tag-con-tres-heridas","tag-critica-literaria","tag-ediciones-rilke","tag-loli-g-garcia"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO Premium plugin v26.5 (Yoast SEO v28.5) - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-premium-wordpress\/ -->\n<title>Cr\u00edtica literaria. Con tres heridas, de Loli G. Garc\u00eda - Poes\u00ed\u00ada eres t\u00fa (revista)<\/title>\n<meta name=\"description\" content=\"Cr\u00edtica literaria de Con tres heridas, de Loli G. 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