{"id":100,"date":"2009-02-01T19:25:06","date_gmt":"2009-02-01T17:25:06","guid":{"rendered":"http:\/\/www.poesiaerestu.com\/revista\/?p=100"},"modified":"2009-02-01T19:37:05","modified_gmt":"2009-02-01T17:37:05","slug":"poesia-y-religion-reflexiones-para-nuestro-tiempo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/poesiaerestu.com\/revista\/poesia-y-religion-reflexiones-para-nuestro-tiempo\/","title":{"rendered":"Poes\u00c3\u00ada y religi\u00c3\u00b3n: reflexiones para nuestro tiempo"},"content":{"rendered":"<p><strong>Cada poema que escribimos o leemos nos introduce en una estancia secreta del mundo. No en un mundo distinto, que no existe, sino en este mundo nuestro, el \u00c3\u00banico real, ya que s\u00c3\u00b3lo la Realidad (lo que es o podr\u00c3\u00ada ser) es capaz de despertar nuestro entusiasmo, de suscitar emociones plenas y de inquietar a nuestra inteligencia para la conquista de nuevas verdades. Entusiasmo por la vida, emoci\u00c3\u00b3n plena e inquietud de la inteligencia: he aqu\u00c3\u00ad los tres efectos propios de la verdadera poes\u00c3\u00ada, esenciales e inseparables en todo acto po\u00c3\u00a9tico. <\/strong><\/p>\n<p>Dec\u00c3\u00ada que leer un poema es entrar en un territorio desconocido, cercano o lejano al que pisamos cada d\u00c3\u00ada, pero siempre gozosamente misterioso. De manera que quien lee un poema \u00e2\u20ac\u201co quien lo escribe\u00e2\u20ac\u201d es alguien capaz de saltarse el ritmo mec\u00c3\u00a1nico que le impone el deber, de superar la mirada autom\u00c3\u00a1tica que s\u00c3\u00b3lo atiende a las personas y a las cosas en cuanto cumplidoras de una funci\u00c3\u00b3n programada e infalible; alguien capaz de decir no a lo que parece m\u00c3\u00a1s urgente o m\u00c3\u00a1s rentable, para de este modo hacerse due\u00c3\u00b1o de su vida \u00e2\u20ac\u201dde esta vida suya que los dem\u00c3\u00a1s quieren manejar a su antojo\u00e2\u20ac\u201d y gastarla en una tarea tan in\u00c3\u00batil como jugar a saber cu\u00c3\u00a1l es el sentido de su existencia, para luego poder vivir esa existencia nueva a la que el poema le invita con delicadeza suma. El que ha vivido en esa nueva dimensi\u00c3\u00b3n, aunque sea por unos instantes; el que se ha asomado a la altura y a la profundidad del Universo, ya nunca m\u00c3\u00a1s ser\u00c3\u00a1 el mismo.<\/p>\n<p><strong><em>El poema le habr\u00c3\u00a1 descubierto de d\u00c3\u00b3nde viene y a d\u00c3\u00b3nde est\u00c3\u00a1 llamado: aunque muchas veces desoiga esa voz, nunca olvidar\u00c3\u00a1 su mensaje (&#8230;).<\/em><\/strong><\/p>\n<p>Es verdad que el hombre puede tropezar dos y mil veces con la misma piedra, y volver a vivir en la vulgaridad espiritual de quien cree que ya se lo sabe todo y lo controla todo en este mundo. Pero el hombre que ha vivido en un poema la fragilidad y la grandeza de su condici\u00c3\u00b3n, siempre ser\u00c3\u00a1 capaz de rebelarse contra los que quieren reducirlo a simple objeto, a simple pieza de un engranaje mec\u00c3\u00a1nico. El poema le habr\u00c3\u00a1 descubierto de d\u00c3\u00b3nde viene y a d\u00c3\u00b3nde est\u00c3\u00a1 llamado: aunque muchas veces desoiga esa voz, nunca olvidar\u00c3\u00a1 su mensaje y siempre podr\u00c3\u00a1 reconducir sus pasos. Porque ese hombre no s\u00c3\u00b3lo ha o\u00c3\u00addo una voz, sino que ha visto, ha contemplado el rostro verdadero de las cosas, \u00c3\u00a9se que la rutina diaria nos esconde. Y eso que ha contemplado tiene una luz tan intensa como para poder recordarla a lo largo de toda una vida.<\/p>\n<p>La poes\u00c3\u00ada es, s\u00c3\u00ad, un ant\u00c3\u00addoto \u00e2\u20ac\u201cpreventivo o curativo\u00e2\u20ac\u201d contra todo estr\u00c3\u00a9s, por cuanto nos saca del ritmo agobiante de la maquinaria que nos fabricamos (o dejamos que otros nos fabriquen) y nos invita a vivir seg\u00c3\u00ban el ritmo propio de la Naturaleza. Pero reducir la misi\u00c3\u00b3n de la poes\u00c3\u00ada a mera terapia psicol\u00c3\u00b3gica es algo tan pobre como profesar una religi\u00c3\u00b3n por el simple motivo de que me hace sentir a gusto, por muy respetable que sea ese motivo. Y es que la poes\u00c3\u00ada no nos instala en el ritmo propio de la Naturaleza mediante una t\u00c3\u00a9cnica m\u00c3\u00a1s o menos eficaz de quien la escribe: es que la poes\u00c3\u00ada, al revelar la condici\u00c3\u00b3n humana, como apuntaba siempre Octavio Paz (y en esto ven\u00c3\u00ada a coincidir con Arist\u00c3\u00b3teles), revela tambi\u00c3\u00a9n al hombre qu\u00c3\u00a9 relaci\u00c3\u00b3n tiene con el resto del Universo; muestra en una sola imagen la ansiada Unidad del mundo, de este mundo que tantas veces queremos romper a nuestro antojo, aun a riesgo de rompernos tambi\u00c3\u00a9n a nosotros mismos. Ver la Unidad, las relaciones que en secreto mantienen al cielo y a la tierra firmes, acogi\u00c3\u00a9ndonos en su seno, es la fuente de todo placer duradero (y, en consecuencia, aunque sea una consecuencia secundaria, es tambi\u00c3\u00a9n la fuente de todo bienestar psicol\u00c3\u00b3gico). Con fervor casi religioso lo proclama Rub\u00c3\u00a9n Dar\u00c3\u00ado en el poema &#8220;Ama tu ritmo&#8221;:<\/p>\n<p>(&#8230;)<\/p>\n<p>Escucha la ret\u00c3\u00b3rica divina<br \/>\ndel p\u00c3\u00a1jaro del aire y la nocturna<br \/>\nirradiaci\u00c3\u00b3n geom\u00c3\u00a9trica adivina;<\/p>\n<p>mata la indiferencia taciturna,<br \/>\ny engarza perla y perla cristalina<br \/>\nen donde la verdad vuelca su urna.<\/p>\n<p>Que la verdad vuelque sobre nosotros su inagotable tesoro es \u00e2\u20ac\u201do creo que deber\u00c3\u00ada ser\u00e2\u20ac\u201d la dicha m\u00c3\u00a1s grande a que podemos aspirar. Que un poema pueda llevarnos a experimentar esa dicha, aunque sea por unos instantes, convierte a la poes\u00c3\u00ada en una acci\u00c3\u00b3n casi sobrehumana, por cuanto ese tesoro de la Verdad, mejor o peor reflejado seg\u00c3\u00ban el poema, sobrepasa totalmente las facultades del hombre y, parad\u00c3\u00b3jicamente, es lo que mejor se aviene a sus deseos, a nuestros deseos. La poes\u00c3\u00ada nos sacia moment\u00c3\u00a1neamente, mientras dura el poema, revel\u00c3\u00a1ndonos una tierra nueva, absolutamente inalcanzable por nuestro esfuerzo, la cual, sin embargo, es la \u00c3\u00banica tierra deseada por todos, aunque muchos no se lo lleguen a plantear conscientemente. \u00c2\u00bfNo es esa tierra lo que Rudolf Otto llama lo santo?<\/p>\n<p>\u00c2\u00bfY no es esta misi\u00c3\u00b3n reveladora de algo que est\u00c3\u00a1 m\u00c3\u00a1s all\u00c3\u00a1, sin dejar de estar tambi\u00c3\u00a9n aqu\u00c3\u00ad, la misi\u00c3\u00b3n propia de la religi\u00c3\u00b3n? Porque, en efecto, la religi\u00c3\u00b3n tambi\u00c3\u00a9n nos revela la respuesta sobre nuestro origen y nuestro destino; la religi\u00c3\u00b3n, como la poes\u00c3\u00ada, nos invita a ser y no s\u00c3\u00b3lo a hacer. Es m\u00c3\u00a1s: nos descubre para qu\u00c3\u00a9 debemos \u00e2\u20ac\u201co no\u00e2\u20ac\u201d hacer todo lo que hacemos. De esta manera el hombre religioso, como el po\u00c3\u00a9tico, advierte que m\u00c3\u00a1s importante que hacer cosas nuevas es contemplar las que ya hemos hecho y las que nos han sido regaladas por la acci\u00c3\u00b3n de otros o por la asombrosa y gratuita acci\u00c3\u00b3n de Dios. Y la religi\u00c3\u00b3n, como la poes\u00c3\u00ada, nos revela la Unidad original y final de este mundo que ordinariamente se nos presenta fragmentado y amenazado de mayores y mayores divisiones. \u00c2\u00bfEs que el fin de la poes\u00c3\u00ada y el de la religi\u00c3\u00b3n se identifican? \u00c2\u00bfEs que la experiencia po\u00c3\u00a9tica puede reemplazar cualquier compromiso propiamente religioso, ofreciendo su misma recompensa?<\/p>\n<p><strong><em>Si el lenguaje racional, el lenguaje social, no sirve para hablar de Dios, s\u00c3\u00b3lo la intuici\u00c3\u00b3n po\u00c3\u00a9tica y su lenguaje propio, nacidos siempre del genio individual, podr\u00c3\u00a1 hablar de las cuestiones que tradicionalmente se trataban en la vida religiosa de la comunidad.<\/em><\/strong><\/p>\n<p>Hago estas preguntas, en primer lugar, a m\u00c3\u00ad mismo; porque, ante estas elecciones vitales tan decisivas y promisorias, y ante la limitaci\u00c3\u00b3n de nuestra vida, uno \u00e2\u20ac\u201cy yo el primero\u00e2\u20ac\u201d siempre est\u00c3\u00a1 tentado a saciarse en una sola fuente y a prescindir de todas las dem\u00c3\u00a1s. Y la historia contempor\u00c3\u00a1nea (moderna y posmoderna) se ha encargado de demostrarlo: desde que Kant, en su Cr\u00c3\u00adtica de la raz\u00c3\u00b3n pura (1781), declarara el fin de la Metaf\u00c3\u00adsica y dejara a Dios y al mundo fuera del \u00c3\u00a1mbito de la raz\u00c3\u00b3n; y desde que \u00c3\u00a9l mismo le adjudicara al juicio est\u00c3\u00a9tico la uni\u00c3\u00b3n de lo sensible con lo trascendente, la mayor\u00c3\u00ada de los fil\u00c3\u00b3sofos y poetas modernos han apartado la cuesti\u00c3\u00b3n de Dios y del esp\u00c3\u00adritu al \u00c3\u00a1mbito de lo privado e intuitivo, es decir, la han convertido en una materia sobre la que no se puede hablar racionalmente. Y en un mundo donde la raz\u00c3\u00b3n (concebida al modo propio de la ciencia f\u00c3\u00adsica y matem\u00c3\u00a1tica) no puede hablar de Dios ni del esp\u00c3\u00adritu, tampoco parece apropiado que la religi\u00c3\u00b3n siga constituyendo una pr\u00c3\u00a1ctica social que convoque a una comunidad de fieles, pues toda comunidad exige un di\u00c3\u00a1logo y un lenguaje comprensibles por la raz\u00c3\u00b3n. Si el lenguaje racional, el lenguaje social, no sirve para hablar de Dios, s\u00c3\u00b3lo la intuici\u00c3\u00b3n po\u00c3\u00a9tica y su lenguaje propio, nacidos siempre del genio individual, podr\u00c3\u00a1 hablar de las cuestiones que tradicionalmente se trataban en la vida religiosa de la comunidad. La religi\u00c3\u00b3n se convierte en una cuesti\u00c3\u00b3n po\u00c3\u00a9tica, privada, ya desde el Romanticismo, y en ese \u00c3\u00a1mbito parece continuar hasta hoy. La poes\u00c3\u00ada, una vez abandonada la religi\u00c3\u00b3n como pr\u00c3\u00a1ctica comunitaria en una sociedad verdaderamente moderna, se convertir\u00c3\u00a1 en el sustituto de las \u00e2\u20ac\u0153antiguos\u00e2\u20ac\u009d cultos religiosos: un culto que, l\u00c3\u00b3gicamente, s\u00c3\u00b3lo podr\u00c3\u00a1 ser privado, nacido de un genio, el artista, y ya no de Dios.<\/p>\n<p>El poeta moderno, sacerdote de los nuevos altares, tratar\u00c3\u00a1 de revelar al hombre moderno el sentido de su vida y de su muerte, as\u00c3\u00ad como el valor espiritual de su existencia cotidiana. Gast\u00c3\u00b3n Baquero, en su fundamental ensayo de 1960, La poes\u00c3\u00ada como reconstrucci\u00c3\u00b3n de los dioses y del mundo, ha expuesto con extraordinaria lucidez el papel sustitutivo que ha pretendido desempe\u00c3\u00b1ar la poes\u00c3\u00ada durante el siglo XX y aun antes: &#8220;Cumple decir que si aquel hombre de los albores del siglo XX se sent\u00c3\u00ada tan desamparado y como viviendo en un mundo insuficiente y hostil, la culpa no era sino de la desdivinizaci\u00c3\u00b3n de la vida humana, de la aparente, pero muy da\u00c3\u00b1ina muerte de Dios, tal como la viera Nietzsche y tal como la preconizaran los hombres de poca ciencia que figuraban entonces ser los mayores cient\u00c3\u00adficos y los ide\u00c3\u00b3logos de poco calado, pero de mucha fascinaci\u00c3\u00b3n en su lenguaje y en sus mensajes. Podemos ir reconociendo ya que si el hombre volvi\u00c3\u00b3 a buscar a tientas el cuerpo secreto de la poes\u00c3\u00ada fue porque intuitivamente descubri\u00c3\u00b3 que necesitaba sustitutos para el Dios que hab\u00c3\u00ada perdido&#8221; (p\u00c3\u00a1g. 14).<\/p>\n<p>Hoy, ya iniciado el siglo XXI, hemos de reconocer que, desde hace m\u00c3\u00a1s de sesenta a\u00c3\u00b1os, desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, ha terminado la absolutizaci\u00c3\u00b3n de la poes\u00c3\u00ada como fuente de revelaci\u00c3\u00b3n y de vida plenas. La poes\u00c3\u00ada, por supuesto, sigue cumpliendo su funci\u00c3\u00b3n may\u00c3\u00a9utica de revelar al hombre su condici\u00c3\u00b3n y de proporcionarle, aunque sea s\u00c3\u00b3lo por unos instantes privilegiados, una experiencia de existencia plena, rescatada del fluir vertiginoso del tiempo mec\u00c3\u00a1nico que la vida contempor\u00c3\u00a1nea nos impone. Pero la poes\u00c3\u00ada, ni al creador ni al lector, le puede prometer nada m\u00c3\u00a1s que unos instantes de luz en medio de la oscuridad anonadante del hombre-m\u00c3\u00a1quina y del hombre-consumidor; lo cual es mucho, pues la luz po\u00c3\u00a9tica, como advert\u00c3\u00ada en las primeras l\u00c3\u00adneas, quedar\u00c3\u00a1 grabada en la memoria del hombre para siempre, por mucho que \u00c3\u00a9ste trate de apagar su llama y pactar con la frivolidad o el sinsentido.<\/p>\n<p><strong><em>La poes\u00c3\u00ada no puede ir m\u00c3\u00a1s all\u00c3\u00a1 de ese acto superior de comunicaci\u00c3\u00b3n reveladora: s\u00c3\u00b3lo Dios puede reconciliar al hombre con \u00c3\u2030l, consigo mismo y con los dem\u00c3\u00a1s hombres.<\/em><\/strong><\/p>\n<p>Pero lo que no puede la poes\u00c3\u00ada, una vez revelada nuestra condici\u00c3\u00b3n, nuestro origen y nuestro fin, es llevarnos de su mano hasta all\u00c3\u00a1. El poeta y el lector, a pesar de haber recibido esa luz asombrosa, no ha recibido ipso facto la virtud para vivir de acuerdo con esa luz y cumplir efectivamente sus designios. El poeta o el lector que, con la sola fuerza del poema, ha tratado de experimentar de modo estable y duradero la armon\u00c3\u00ada de su ser ha terminado por sucumbir ante las fuerzas disgregadoras que existen dentro de s\u00c3\u00ad y del mundo circundante. La poes\u00c3\u00ada no puede ir m\u00c3\u00a1s all\u00c3\u00a1 de ese acto superior de comunicaci\u00c3\u00b3n reveladora: s\u00c3\u00b3lo Dios puede reconciliar al hombre con \u00c3\u2030l, consigo mismo y con los dem\u00c3\u00a1s hombres. A la luz humana del poema (humana, al fin y al cabo, por sublime que sea) le hace falta la luz venida desde lo m\u00c3\u00a1s alto, aquella en la que ning\u00c3\u00ban poeta se contradice con el otro; aquella en la que no existe oscuridad ni imperfecci\u00c3\u00b3n alguna: esa luz que alumbra aun m\u00c3\u00a1s all\u00c3\u00a1 de todas las antolog\u00c3\u00adas.<\/p>\n<p>La poes\u00c3\u00ada es, dentro de los lenguajes humanos, el m\u00c3\u00a1s parecido al lenguaje de Dios: el lenguaje que habla y hace vivir al mismo tiempo. Pero esa comunicaci\u00c3\u00b3n y esa vida po\u00c3\u00a9ticas tienen un l\u00c3\u00admite dentro del conjunto total de nuestra existencia, un l\u00c3\u00admite que todos hemos experimentado. Dentro del conjunto total del Universo, la poes\u00c3\u00ada es el reflejo de la luz que lo alumbra todo: reflejo muy fiel, pero reflejo. Adem\u00c3\u00a1s, el poema, por perfecto que sea, muestra siempre un deseo de llegar a la Unidad plena; pero desde el deseo a la Unidad definitiva hay un camino, un largo camino que s\u00c3\u00b3lo podemos recorrer de la mano de Dios. Y al llegar a este punto, la religi\u00c3\u00b3n agradece a la poes\u00c3\u00ada su servicio, pero sigue mostr\u00c3\u00a1ndose tan necesaria e irreemplazable como siempre.<\/p>\n<p>Una &#8220;religi\u00c3\u00b3n de la poes\u00c3\u00ada&#8221; ser\u00c3\u00ada tan atractiva y tan \u00c3\u00batil como una &#8220;religi\u00c3\u00b3n de la m\u00c3\u00basica&#8221;, pero no dejar\u00c3\u00ada de ser insuficiente. La luz de la poes\u00c3\u00ada enciende o aviva nuestro deseo de una luz total.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><strong>Carlos Javier Morales<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><strong>Poesiadigital<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><strong>N\u00c3\u00bamero de Enero de 2009<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cada poema que escribimos o leemos nos introduce en una estancia secreta del mundo. 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