PECADO DE SILENCIO – José NAVEIRAS
Título: PECADO DE SILENCIO
Autor: José NAVEIRAS GARCIA (2008)
Prólogo: Elia Maqueda
http://pecadodesilencio.librodepoesia.com
ISBN-13: 978-84-936587-8-6
Editorial: Poesía eres tú
PVP:12 Euros (IVA Incluido). 8,62 Euros (Sin IVA)
Puedes adquirirlo aquí
Después de su primer libro Poemas para berberechos de la Editorial Diedycul, José Naveiras nos muestra unas imágenes casi mágicas que se plasman en sus metáforas como fogonazos disparados desde una cámara de fotos y es ese fuego, el que ilumina los poemas de este “Pecado de silencio” que rompe ese silencio mostrándonos el mundo interior del autor.
El libro esta dividido en seis secciones Pecado de Silencio, de Ira, de Ausencia, de Soledad, de Olvido, de Dolor, en cada una de ellas el poeta plasma sus emociones de una manera sutil dejándonos un espacio para la reflexión en cada uno de sus indulgentes versos.
EL AUTOR
José NAVEIRAS 1966. Su primer libro “Poemas para berberechos” fue publicado por la Editorial Diedycul en el año 2008. Ha participado en la antología poética “Bukowski Club” (2008) Ediciones Escalera y de las anlogias de relatos “Arena en los zapatos” (2007) Escuela de escritores. “Lugares de paso” (2006) Escuela de escritores.
José NAVEIRAS es fundador de la revista poética “Es hora de embriagarse (con poesía)” y de la revista de relatos “Al otro lado del espejo”, en ambas ejerce de redactor. Sus poemas han sido publicados en Amalgama, Dulce Arsénico, El País Literario, Mar de poesías y Pro-vocación. Como fotógrafo ha realizado varias exposiciones individuales y colectivas. “Pecado de Silencio” confirma a José NAVEIRAS en el panorama literario español.
PRESENTACIÓN

ENLACES
EXTRACTO DE LA OBRA:
Pecado de silencio
Mi voz, pecado de silencio,
trata de romper la barrera
creada por los tulipanes
alrededor de tu cabeza.
Bastardas flores tratando de abordar
lo que sus creadores jamás les concedieron.
Acabaré quemándolas.
Acabaré quemándolas.
Acabaré quemándolas.
Los grillos a su vez
no cesan en sus rezos a la luna
para que no permita el regreso del sol
que los recluiría de nuevo en sus cárceles de tierra.
Las estrellas fugitivas de ciudades
tiemblan porque recuerdan su muerte
a manos de centenares de rayos de luz artificial.
Tus ojos, pecado de ausencia,
se encargan de recordarme
que el amor no es temario
de una asignatura que yo
siempre deba suspender.
Un pirómano
Al pirómano lo ejecutaron
por encender demasiadas llamas
o quizás porque no hablaba;
pero tenía una bonita voz,
aunque nadie lo sabía
porque nunca se habían parado a escucharle.
Al pirómano lo ejecutaron
tras juicio sumarísimo
donde la indiferencia de todos
ya lo había apagado casi del todo.
Al pirómano lo ejecutaron
cuando lo introdujeron en un gran
helado de vainilla
que lo volvió azul
y le arrebató todo el calor.
Al pirómano lo ejecutaron
en una tarde de diciembre
cuando nadie lo esperaba,
o quizás sí, y tan sólo llegaba tarde.
Al pirómano lo ejecutaron
aunque ahora lo veas caminar a tu lado,
y le robaron todos sus fósforos
y sus botes de gasolina.
Al pirómano lo ejecutaron
porque realmente les daba miedo
que todos los veranos se subiera a los tejados
sólo para escuchar a los gatos maullar,
solo, para escuchar a los gatos maullar.
Desde el cariño
Creo recordar
que una vez
te tuve al lado o incluso
tatuada en el motor.
Que te jodan,
de verdad.
Y no es resentimiento,
no.
Es recapacitación
y un poco de análisis.
Que te jodan,
de verdad.
Por cada minuto
de desprecio,
por inculcar el miedo,
por crear rencor…
y te juro que nunca fui rencoroso.
Aún así,
que te jodan,
de verdad.
Por cada segundo
que estando a mi lado
me alejaste de ti,
porque tus manos
jamás aprendieron
cómo retenerme,
por alejarme de mí.
Que te jodan,
de verdad,
pero desde el cariño,
que eso nunca lo pierdo.
Matemos al poeta
Matemos al poeta
como gritó aquella vez Óscar Aguado
harto de absenta y de poetas,
que agarrados a los versos
se empeñan en mantenerse vivos.
Pero debe morir,
es cierto.
Porque, francamente,
estoy hasta las pelotas
de que me digan que tú y yo
somos seres por debajo del medio.
Porque, seamos sinceros,
un poeta no puede cerrarme persianas
y creo que sólo cuentan sueños.
Espero un nuevo poema
porque claro,
no, no soy poeta.
Por eso,
matemos al poeta.






